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viernes, 27 de febrero de 2026

«TE VOY a METER…un PLOMAZO ?»: «EX-CANDIDATO del VERDE-PT ALIADO de MORENA se ENCABRONA por EXHIBIRLO HOMENAJEANDO al MENCHO y AMENAZA a LORET»…y dice que el gobierno le gustan los corridos.


Pedro Segura Valladares no organizó un velorio: montó una kermés narca en honor al Mencho, con banda en vivo, narcofiesta, chela y apología del delito al 2×1, mientras los alegres del barranco tenían que recordarle que la multa por andar glorificando capos no se paga con “corridos” sino con código penal. Ahí estaba el excandidato del Verde y el PT a la gubernatura de Guerrero, aliado del oficialismo de la Presidenta Claudia Sheinbaum, rogando casi de rodillas que le tocaran el corrido-homenaje al Mencho, emperrado como niño berrinchudo al que le niegan el juguete… pero el juguete, en este caso, es el soundtrack del crimen organizado.

Cuando el periodista Carlos Loret lo exhibe, el señor empresario de la 4T decide que la mejor defensa no es un desmentido ni una aclaración, sino un videito donde se le sale el barrio, el rancho y las ganas de meterle un balazo. 

Entre insulto e insulto, se siente padrino de bautizo del régimen: presume “trabajo limpio”, confiesa que le encantan los corridos de capos “igual que al gobierno” y suelta una retahíla de amenazas y humillaciones dignas de cantina a las tres de la mañana.​

El cuadro es brutal: un aliado de Morena y sus satélites Verde y PT, que ya fue detenido por la Fiscalía General de la República en agosto por presuntos vínculos con delincuencia organizada y que salió rapidito porque la justicia a la «Morena» es selectiva y tramposa, ahora se pone frente a la cámara a vociferar contra un periodista, como si fuera vocero extraoficial del miedo. 

Lo que para Presidencia, Segob y la Fiscalía es “libertad de expresión”, en la pantalla se ve clarito como lo que es: un hombre del régimen, exhibido en su fiesta al Mencho, respondiendo con amenazas en vez de argumentos… y dejando en video el retrato hablado de la clase de personajes que el poder y Morena,la organizacion criminal mas grande del pais,deciden apapachar.

Con información: CARLOS LORET/LATINUS/

jueves, 26 de febrero de 2026

«NUREMBERG»: EL «JUICIO del SIGLO PONE al MAL en el BANQUILLO con TRAVESURA ETICA de PELICULA»…el tipo que aprobó los campos de exterminio donde murieron seis millones de judíos


James Vanderbilt no filmó Nuremberg: El Juicio del Siglo para que el público aplauda el fin del nazismo; la hizo para incomodarlo. Su travesura ética consiste en lograr que, a mitad de la función, empieces a sentir simpatía —sí, simpatía— por Hermann Göring, el arquitecto de la Solución Final, interpretado por un Russell Crowe más encantador que arrepentido.

La premisa es peligrosa, y Vanderbilt lo sabe. “La gente llegará creyendo que Göring es horrible, y luego Russell empezará a conquistarla”, confiesa con una sonrisa de quien disfruta el escándalo moral. El director construye un thriller judicial que huele más a El silencio de los inocentes que a documental de guerra: el criminal ilustrado frente al psiquiatra que intenta descifrarlo (Rami Malek, el otro ganador del Óscar, reencarnando a Douglas Kelley, el médico con curiosidad existencial).

Göring, según Vanderbilt, no solo fue el segundo de Hitler, sino el tipo que aprobó los campos de exterminio donde murieron seis millones de judíos. Y aun así, en pantalla aparece como un hombre culto, educado, buen padre de familia. El filme convierte al monstruo en interlocutor fascinante, mientras reconstruye ese tribunal de 1945-46 donde EE.UU., Francia, el Reino Unido y la URSS inventaron el concepto de “crímenes contra la humanidad”.

Hay un eco escalofriante cuando Göring le dice al psiquiatra que “Hitler nos hizo sentir alemanes de nuevo”. La frase, escrita hace más de una década, resuena de forma obscena en estos tiempos donde los discursos del orgullo nacional vuelven a levantar fronteras.

La película usa material documental verdadero de los campos, esa evidencia imposible de reproducir “a lo Hollywood”. Vanderbilt quería que el espectador experimentara la misma sacudida visual que los jueces de Núremberg al ver, por primera vez, las imágenes del horror industrializado.

Y sin embargo, el juego está ahí: Göring niega saber algo, intenta manipular a su analista, se defiende con brillantez retórica. El resultado no es un relato sobre justicia, sino sobre seducción: cómo el mal se disfraza de inteligencia, cómo el poder habla bien, explica mejor, y casi siempre logra que lo escuchen.

El filme se inspira en El nazi y el psiquiatra de Jack El-Hai, libro que ya anticipaba la conclusión incómoda del verdadero Kelley: los nazis no eran demonios ni locos, sino mediocres con uniforme y autoestima. Lo que luego Hannah Arendt bautizó, con precisión quirúrgica, como “la banalidad del mal”.

Rami Malek, por su parte, parece seguir en rehabilitación emocional tras Bohemian Rhapsody. Dice que elige papeles que preguntan, no que moralizan. Y aquí la pregunta muerde: ¿qué hacemos cuando la injusticia nos parece razonable, o incluso carismática?

Nuremberg: El Juicio del Siglo no ofrece consuelo ni redención. Solo un espejo —uno con el rostro de Russell Crowe— en el que conviene no mirarse demasiado rato.

Con información: ELNORTE/

EL «AMOR MATA ?»: EL «CHAPO y el MENCHO COMPARTIERÓN el MISMO PUNTO DÉBIL con NOMBRE y PERFUME»…la hormona toma control y convierte verdugos en victimas de su propio deseo.


Era capaz de enterrar vivos a sus enemigos sin despeinarse, pero se derretía si pasaba más de un par de días lejos de sus diez (o más) hijos y su zoológico sentimental de mujeres. El famoso informe psicológico sobre El Chapo, elaborado cuando pisó cárcel por primera vez hace más de una década, lo retrataba como un ser implacable, vengativo, con una “ambición desmedida por el poder” y una necesidad enfermiza de mando. Detrás del rostro endurecido del capo, el documento diagnosticaba lo que podría resumirse en una frase: un complejo de inferioridad con botas de pitón. Lo empujaba a matar sin culpa, aunque con algo de poesía enferma. Era casi un psicópata, sí, pero con dos talones de Aquiles sorprendentemente domésticos: el miedo a perder la libertad y el pánico a quedarse solo.

Y ahí está la ironía. El hombre que construyó túneles kilométricos bajo las narices del Estado cayó no por balas ni delaciones, sino por amor (o lo que él entendía por eso). En 2014, cuando los marinos lo cazaron, no lo encontraron en un búnker blindado, sino en un departamento cualquiera, modesto y tierno en su patetismo: su esposa y sus gemelas de tres años jugando mientras el capo del Cartel de Sinaloa veía el mundo cerrarse a su alrededor.

Su detención final, la definitiva, también olía a telenovela. La pista la dio Kate del Castillo, la actriz que lo fascinó y con la que planeaba una visita clandestina en la sierra. En los mensajes interceptados por el Ejército le prometía: “Te cuidaré más que a mis ojos.” Y así fue: su lado romántico terminó siendo la bala que no pudo esquivar.

La escena tuvo secuela. Años después, la historia se repitió como una tragicomedia de narcos con espejo retrovisor. 

Esta vez el protagonista fue El Mencho, el heredero del mito, el “bandido incorregible y astuto” del Cartel Jalisco Nueva Generación. De él no había informe psicológico, pero el libreto era el mismo: inteligencia de hielo, cálculo milimétrico, una crueldad que daba para manual de anatomía. Y, por supuesto, un punto débil con nombre y perfume. Lo localizaron gracias a una de sus parejas, que fue a visitarlo a unas cabañas perdidas en la sierra jalisciense. Así lo encontró el Ejército: desarmado, rodeado de montañas y sentimientos.

El porque de nuestro titulo:

Hay argumentos que se sostienen detrás del juego de palabras y el título busca condensar esa contradicción: de verdugos a víctimas de su propio deseo. 

La interrogante El «amor mata» ,invierte el sentido clásico del término “mata por amor”. No evoca un acto romántico ni trágico, sino una ironía brutal: en el mundo del narco, hombres que matan con facilidad terminan cayendo por algo tan primario como la atracción. El enemigo no fue el gobierno, ni los rivales, ni la DEA: fue la hormona.

«Con nombre y perfume»: personalización del declive

Este guiño literario (“nombre y perfume”) humaniza el talón de Aquiles del capo. No estamos hablando de amor en abstracto, sino de una mujer concreta, símbolo de deseo y vulnerabilidad. En ambos casos —El Chapo con Kate del Castillo; El Mencho con su pareja rastreada— la relación sentimental fue el hilo invisible que los delató ,y de como el deseo deja huellas más fáciles de seguir que las balas.

Un frase: 

“La hormona toma el control y la neurona se va de vacaciones»,resume con ironía despiadada; la tesis de la inteligencia criminal y el cálculo frío sucumben ante la biología básica. 

Poder y debilidad

Nuestro título evidencia una paradoja central: los hombres más temidos del país terminan dominados no por el Estado, sino por sus emociones. La hormona como metáfora del instinto sobre el control racional funciona también como radiografía de poder: quien se cree invencible no imagina que su propia humanidad será la grieta.

La filósofa Simone Weil decía que hay en la violencia una ebriedad devastadora —“la fuerza”, le llamaba— que convierte a los hombres en cosas y los arrastra a todos por igual, víctima o verdugo. Ni El Chapo ni El Mencho lograron escapar de esa resaca. Buscaron redención a su modo, en los baños calientes de la ternura, pero la temperatura del crimen termina por apagar cualquier afecto: el poder no se deja abrazar.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/DAVID MARCIAL PEREZ/

«ESCAPO el CONTADOR ?…ERAN sus ESCOLTAS»:»OPERATIVO de MATAMOROS TERMINÓ con PURA MORRALLA pero del CONTADOR MORENO-CDG NADA»…si atoran al alcalde Beto Granados, atoran al capo.


En Matamoros amaneció con helicópteros encima y el “Ejido Sandoval” convertido, otra vez, en set de película de guerra: esta vez el protagonista fue Antonio Guadalupe N., alias “El Lexus” o “El Toño”, jefe de la Operativa Ranger y parte de la escolta personal de Alfredo Cardenas Martinez,alias El Contador,mero jefe del Cartel de la facción de «Escorpiones» de Matamoros afiliado a Morena y el alcalde Alberto «Beto» Granados.

La fiesta empezó desde las 7 de la mañana, con vecinos reportando sobrevuelo, convoyes y el clásico aviso de “no salgan, no se acerquen”, mientras Sedena, Guardia Nacional y Fuerza Aérea cerraban el perímetro.

El menú del operativo: lanzagranadas, fusiles calibre 50, granadas, poncha llantas, equipo táctico, vehículos y nueve detenidos en total, encabezados por el famoso “Lexus” del Golfo, más ocho hombres de confianza que daban blindaje al Contador.

Según la ficha oficial, no hubo civiles muertos ni heridos, tampoco “bajas de civiles armados”, una forma elegante de decir que hoy, milagrosamente, nadie terminó tirado en la calle para decorar el parte de guerra. 

Los nombres del resto del elenco suenan a lista de llamada en secundaria: José Carlos, Luis Ángel, Pedro Azael, Pedro, César Arnold, Ángel Marcelo y Kevin Alejandro N., todos ahora en manos de la Fiscalía Especializada en Delincuencia Organizada, en Reynosa,porque los de Matamoros estan en la nomina y los de Reynosa al «revés volteado».

El gobierno presume que El Lexus tiene pendiente una acusación en Estados Unidos y deja sobre la mesa la carta de siempre: extradición exprés si conviene, como ya han hecho tres veces en los últimos dos años.

Mientras tanto, Matamoros sigue bajo alerta de seguridad, con la ruta Matamoros–Brownsville igual de caliente que siempre, solo que hoy el mensaje es doble: cayó el jefe de seguridad del sobrino del patrón Osiel, pero el “líder absoluto” del Cártel del Golfo en Matamoros, José Alfredo Cárdenas Martínez, sigue libre… y tomando nota de quién entregó a quién.

Con información: MILENIO/

«FUE TOPON de SIMULADORES»:»PAR de ENGAÑABOBOS AZUL y GUINDO se LLENAN la BOCA de SURRAZON en ENTREVISTA con AZUCENA»…el fugitivo, amo de las narcomantas es ducho en el pleito.


La periodista de Grupo Formula,Azucena Uresti, abrió la línea y lo que se escuchó no fue un exgobernador: fue el personaje que Francisco García Cabeza de Vaca construyó de sí mismo desde que se asumió como mártir, sheriff texano y perseguido político, todo al mismo tiempo. Del otro lado, el Diputado y Vocero de Morena, Arturo Ávila no encarnó precisamente a la república virtuosa: más bien al vocero indignado que se aferra a la “mayoría parlamentaria” como certificado moral, mientras encadena adjetivos jurídicos como si fueran rosario de oficina de ministerio público.

El show de Cabeza de Vaca

Cabeza entra agradeciendo al “cero votos”, como llaman también al Diputado Avila, por haberlo aludido: arranca en modo stand up de derecho de réplica, no en modo imputado con carpeta abierta. Su guion está bien ensayado:

  • Paso 1: “cuando recibí Tamaulipas era de los tres más inseguros, cuando me fui ya era de los cinco más seguros, lo dice el Secretariado Ejecutivo” – manual clásico del político que se esconde detrás de una estadística aislada para tapar las fosas, los desplazados y la violencia que siguió respirando en la calle.
  • Paso 2: presumir que su gobierno “trabajó con siete agencias de Estados Unidos”, como si el número de acrónimos gringos fuera sinónimo de limpieza y no de dependencia; el exgobernador se vende como el único que sí sabe cómo se combate al crimen organizado… mientras habla desde Estados Unidos, donde se refugia de los expedientes que lo persiguen en México.

Luego vino su acto favorito: el narcocabaret discursivo. Todo lo adorna con “narcopresidente”, “narcogobernadores”, “narcoterroristas”, “morenarcos”, hasta convertir el debate en un corrido tumbado donde él es el héroe incomprendido que entregó listas de capos en Palacio Nacional y descubrió el huachicol fiscal antes que Aduanas, SAT, Hacienda, Guardia Nacional y hasta las agencias de Estados Unidos juntas. El mensaje implícito: si alguien en este país supo todo, hizo todo y denunció todo, fue él… justo el mismo al que hoy le hablan de órdenes de aprehensión, amparos caídos y posible ficha roja.

La jugada más clara de simulación aparece cuando reta a Arturo Ávila a debatir “en Washington o Nueva York” sobre narcoterrorismo, llevándose de paso a Rocha Moya y Américo Villarreal. El exgobernador no quiere un debate: quiere un set gringo como escenografía para su narrativa de perseguido político, con sello de “corte del norte” que legitime lo que en México se le está cayendo. El hombre que dice defender la soberanía presume la colaboración de siete agencias estadounidenses y quiere dirimir la política mexicana en territorio extranjero; la doble nacionalidad no es solo pasaporte, es método de escape y coartada discursiva.

Cuando la plática se acerca al punto incómodo –que en México lo esperan jueces, carpetas y sentencias–, Cabeza se atrinchera en el disfraz de víctima: la Corte del “acordeón”, ministros que “no saben ni qué votaron”, un amparo que “ya estaba ganado” y un caso que se reduce, según él, a la venta de un departamento. Todo es complot, todo es fabricación, todo es AMLO operando desde la Suprema Corte… salvo el detalle de que, si estuviera tan limpio, no estaría calculando su calendario mediático desde el otro lado del río Bravo.

El papel de Arturo Ávila

Del lado guinda, Arturo Ávila entra a cuadro con un discurso correcto en la superficie, pero igual de cargado de pose. Arranca diciendo que podría llamarle “criminal, fascineroso, operador ilícito, transgresor del orden jurídico, infractor de la ley, imputado”, pero que no lo hace porque “esta es una mesa de debate serio”. Lo dice después de recitar el catálogo completo de insultos; la seriedad consiste en lanzar la pedrada y luego ponerse la toga.

Su refugio es la legitimidad numérica: “soy vocero de un grupo parlamentario mayoritario, votado por la mayoría de las y los mexicanos”. Traducido: tengo mayoría en la Cámara, luego entonces tengo la razón. Esa es la coartada favorita del oficialismo Moreno: confundir el número de curules con la calidad de los argumentos, como si la aritmética electoral lavara la biografía de todos los que cobijan.

Cuando le toca responder al reto de Washington, Ávila intenta ponerse el traje de patriota: no va a foros “de ultraderecha a hablar mal de México”, no busca legitimidad fuera porque la tiene dentro, y repite que si Cabeza pisa territorio mexicano lo meten a la cárcel. Tiene razón en el fondo –sí, el exgobernador huye del sistema de justicia al que debería enfrentar–, pero se nota que disfruta más el remate de talk show que la discusión de fondo sobre por qué su propio gobierno federal ha hecho tan poco por transparentar y depurar las acusaciones cruzadas de narcopolítica.

Cuando CDV lo acusa de ser vocero pagado por “narcogobernadores”, Ávila hace lo único jurídicamente sensato: lo reta a presentar una sola prueba y ofrece renunciar a su curul si se acredita el pago. Pero se queda ahí. No va más lejos: no desmonta el expediente gringo que Federico Döring presume (el affidavit de Jocelin Hernández, las maletas de dinero del Chapo Isidro, la presencia de Américo en Sinaloa), no cuestiona la doble vara de su propio partido frente a esos gobernadores, no toca el tema estructural del financiamiento ilícito en campañas. Se defiende a sí mismo, pero esquiva la bala cuando se trata de revisar críticamente a los suyos.

El cierre de Ávila es puro gol de cámara: “Acá nos vemos, pero en la cárcel”. Es la frase que quiere que se quede en el clip viral, aunque detrás haya muy poca disposición a empujar que la Fiscalía General y los jueces hagan su trabajo sin línea, caiga quien caiga, incluidos los que hoy le dan línea a él.

Dos simuladores, distinto guion

En realidad, el “topón” no fue entre el bien y el mal, sino entre dos simulaciones que se necesitan para seguir respirando políticamente.

  • Cabeza de Vaca se vende como héroe anticrimen y perseguido político, pero lleva años orbitando entre carpetas, desafueros y amparos, mientras convierte su exilio voluntario en show de “narcoEstado” morenista.
  • Arturo Ávila se presenta como defensor institucional de la mayoría y víctima de calumnias, pero esquiva cualquier autocrítica sobre el pantano donde navegan varios de sus gobernadores y reduce todo a un pleito personal con un prófugo.

Ambos comparten una obsesión: hablar del crimen organizado como arma retórica, nunca como tema que exija autoinmolación política. CDV lanza “narcogobernadores” como granadas mientras oculta su propio historial; Ávila responde con la palabra “delincuente” envuelta en juridiqués, pero guarda prudente silencio sobre los expedientes incómodos de su casa.​

Azucena intenta que se aterrice en pruebas, documentos, affidavits, resoluciones, pero el formato no da para más: es ring de radio, no audiencia constitucional. Y tanto Cabeza como Ávila lo saben: el objetivo no es aclarar nada, es dejar frases que sobrevivan en redes, reforzar a los ya convencidos y seguir usando el narcotema como arma política, nunca como obligación de rendir cuentas propia.

Ahí está la verdadera irreverencia: no es que se hayan “dicho de todo”, es que entre los dos dijeron lo suficiente para exhibir lo que son, sin darse cuenta,un par de engañabobos en diferente color.

Con información: AZUCENA URESTI/GRUPO FORMULA

«DIGAN RANA y el FBI le SALTA»: «EE.UU CATALOGA de NARCOTERRORISTA a RENE ARZATE ALIADO de la MAYIZA y OFRECE 5 MILLONES de DOLARES de RECOMPENSA»…el que administra el terror por metro cuadrado en la frontera de Tijuana.


René Arzate García ,alias La Rana,el hombre al que el Departamento de Justicia de Estados Unidos considera jefe de plaza en Tijuana para la facción del Mayo Zambada ahora brincó de charco —jurídicamente hablando— hacia la categoría de “narcoterrorista”. Así lo anunció este jueves Adam Gordon, fiscal federal del Distrito Sur de California, quien presentó una acusación actualizada contra el lugarteniente, operador y, según Washington, especialista en administrar terror por metro cuadrado desde la frontera

Gordon no escatimó dramatismo. “Un lugarteniente de alto rango y ultra violento del Cártel de Sinaloa que ha controlado el corredor de drogas de Tijuana durante quince años mediante la fuerza y el miedo”, soltó ante cámaras en San Diego, como si leyera el tráiler de una serie de Netflix que aún no se filma. Junto al anuncio, el Departamento de Estado subió a cinco millones de dólares la recompensa por información que lleve a la captura de René o de su hermano Alfonso —otra rana del mismo estanque, dicen los expedientes.

La biografía anfibia

De buró en buró, el nombre de “La Rana” lleva rebotando al menos desde 2014, cuando fue acusado en Estados Unidos por narcotráfico. Originario de Sinaloa, Arzate García operó con bajo perfil durante los primeros años de la guerra entre los hijos del Mayo y los restos del clan de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Aunque no figura en corridos ni en listas de Forbes, su control del corredor Tijuana–California lo convirtió en uno de los hombres más útiles —y temidos— dentro del ecosistema criminal que respira entre Ensenada y San Ysidro.

Ahora, el salto mortal: el Departamento de Justicia actualiza su caso e incluye el nuevo delito de narcoterrorismo y provisión de apoyo material al narcoterrorismo. Esta categoría era impensable hace unos años, pero se volvió posible tras la etiqueta que la Administración Trump colgó en 2025 al Cártel de Sinaloa como “Organización Terrorista Extranjera”. Un movimiento más simbólico que operativo, aunque legalmente suficiente para rearmar toda una ofensiva judicial contra sus operadores.

Entre el mito y la lista de recompensas

Dicen en Tijuana que “La Rana” fue durante años un fantasma de cantina: aparecía solo cuando algo explotaba. Otros aseguran que nunca dejó la región, solo cambió de madriguera cada tres semanas. Lo cierto es que su nombre ya carga una década de investigación binacional y un precio creciente por su cabeza.

Mientras tanto, el gobierno estadounidense lo pinta como el arquetipo del “narco global”: violento, invisible y con sentido empresarial. En lenguaje más llano, un veterano de la frontera que logró convertir las caletas en zonas industriales de exportación hasta que la etiqueta de “terrorista” le cayó encima como una piedra desde Washington.

Con información: ELNORTE/