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domingo, 27 de noviembre de 2016

CON "DEMOCRACIA PATITO" PARTIDOS se EMBOLSARON 5,700 MILLONES EXTRA en 2 AÑOS...partidos cuestan mas de lo que valen.


Se han embolsado 5,700 mdp extra en dos años. La reforma electoral que aprobaron los congresistas supuestamente serviría para tener una democracia más barata, pero en la realidad los partidos han sido los más beneficiados.

En 2014, los partidos políticos aprobaron una reforma electoral que —dijeron— debía abaratar los comicios. Sin embargo, dos años después ha quedado claro su objetivo real: se aumentaron 5 mil 700 millones de pesos en prerrogativas.
Hace dos años tenían 6 mil 195 millones de pesos, un año después —gracias a la reforma— obtuvieron 9 mil 649 millones (56% más) y en este 2016 recibieron 8 mil 447 millones (30% más).
Los 5 mil 700 millones de pesos son el equivalente al presupuesto anual de todos los programas de la Secretaría de Desarrollo Social para las madres trabajadoras del país.
La trampa para obtener este dinero está en una de las leyes de la reforma política: la Ley General de Partidos Políticos, que les entrega más dinero en los estados con el pretexto de las elecciones locales y de que tienen comités estatales.
Su presupuesto ha aumentado en promedio 88% en los estados.


Un ejemplo: en Baja California aumentó de 15.8 millones en 2014 a 116.4 millones un año después. Para 2016, había aumentado a 126.7 millones (592%, calculando la inflación).
Otros: Oaxaca, en donde de 2014 a este año los partidos obtuvieron 341% más recursos públicos. En Querétaro y Puebla el aumento fue de 255%; en Veracruz de 245% y en Michoacán de 113%.
Gracias a los cambios y según el presupuesto que recibieron este año, se prevé que en 2017 tan solo en los tres estados que elegirán gobernador —Estado de México, Coahuila y Nayarit— los partidos políticos obtengan mil millones de pesos para gastos de campaña, y todavía más para otras actividades.
¿Cómo se gestó la trampa?
La Reforma Política fue uno de los acuerdos del Pacto por México que firmó el gobierno federal con los partidos de oposición. El compromiso de esta reforma era que las elecciones fueran más baratas y transparentes.
Para lograrlo, dijeron, aprobarían una Ley General de Partidos Políticos que daría un “marco jurídico estable y claro” a la actuación de los partidos en tiempos electorales y no electorales.
En la discusión de esa ley —que duró apenas un día en cada Cámara— se modificó el artículo que contiene la fórmula para repartir recursos a los partidos políticos en los estados. Ningún partido se opuso o argumentó en contra de esta modificación.
Con los cambios, cada ciudadano en edad para votar paga dos veces por los partidos políticos —una vez por los nacionales y otra por los estatales— y así estos reciben más dinero.
La ley se aprobó sin que en el Congreso se discutiera públicamente cómo con ella los recursos para los partidos políticos aumentarían 53% en sólo un año.

Una misma fórmula, más gasto
La fórmula para repartir gasto en los estados indica que se debe multiplicar el 65% del salario mínimo por el número de ciudadanos inscritos en el padrón electoral estatal. Es la misma que se utiliza con los partidos nacionales, pero con el padrón de todo el país.
Si hay elecciones presidenciales o de gobernador y además se renueva el Congreso, se suma el 50% de ese total para gastos de campaña. Si sólo hay elecciones legislativas, el 30%.
Al respecto, el consejero del Instituto Nacional Electoral (INE), Ciro Murayama, señaló en entrevista: “Le estamos dando después de la reforma política mucho más a los partidos políticos. En toda la preparación de la reforma, en la exposición de motivos, nunca se habló de subir financiamiento público a los partidos en los estados. Eso lo metieron con nocturnidad a la Ley General de Partidos Políticos. Ahora se usa una fórmula espejo y por cada ciudadano cuestan dos veces los partidos”.
La forma de entregar recursos a los partidos políticos no había cambiado desde la reforma política de 2007. Pero con las modificaciones de la reforma política los partidos pasaron de repartirse en los estados una bolsa de 2 mil 346 millones de pesos en 2014, a 3 mil 813 millones sólo de gasto ordinario. A eso hay que sumar los gastos para campañas políticas, que fueron 795 millones sólo en 2016.
Murayama consideró un acierto que exista una fórmula para definir cuánto dinero se entregará a los partidos políticos en los estados. Antes de la Ley General de Partidos Políticos, cada estado tenía su propio cálculo para repartir recursos. Sin embargo, dijo que aplicar el mismo criterio para partidos nacionales y estatales hace que los partidos cuesten el doble y reciban más a costa del erario.
Su propuesta es: “Si por cada ciudadano vamos a dar a los partidos un peso a nivel federal, que se de un 50% de eso a nivel local. Que sea un criterio similar pero atendiendo a presupuestos reducidos en las entidades”.
El experto electoral Eduardo Huchim dijo en entrevista que los recursos entregados a los partidos políticos deberían estar directamente vinculados con la participación ciudadana: “Sí debemos tener una fórmula unánime para evitar abusos en los estados, pero evitando que los partidos nos cuesten el doble”.
El exconsejero del Instituto Electoral del Distrito Federal explicó que si se calcula una bolsa para financiamiento de los partidos, ésta debería repartirse según la participación electoral: “Si participó el 100% del electorado, entonces se reparte toda la bolsa. Si participa el 60% se reparte el 60%. Hay un control presupuestal y se tiene un incentivo para que, a su vez, los partidos políticos incentiven la participación y el involucramiento ciudadano, porque a ellos les importa poco mientras tengan más y más recursos”.
Para que se deje de aplicar la fórmula que desde 2015 le entrega más a los partidos políticos se necesita reformar la Ley General de Partidos Políticos y que todos ellos acepten aprobar las modificaciones que hicieron para obtener más del dinero de los mexicanos.
Gasto ordinario para partidos políticos en los estados


 Fuente.-

ENCUESTA: "7 de CADA 10 REPRUEBAN a PEÑA NIETO"...de "peña" ajena.


La popularidad del presidente Enrique Peña Nieto se encuentra en el peor nivel de su sexenio con 24% de aprobación ciudadana y 69% de rechazo, según la última encuesta de Consulta Mitofsky.

La medición de carácter trimestral muestra que entre agosto y noviembre de 2016 la popularidad del primer mandatario cayó 5 puntos, ya que en el primer mes se ubicaba en 29% y descendió hasta 24%.

El descenso coincide con el triunfo del republicano Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos el martes 8 de noviembre, hecho que ha generado turbulencia económica a nivel internacional y depreciación del peso.

Mayo de 2013 fue el mejor momento del presidente Peña al contar con 57% de aprobación, pero fue en noviembre del mismo año cuando el rechazo se ubicó en 51%, por encima del 48% que opinó entonces estar de acuerdo con su administración.


En cuanto a la aprobación de autoridades, el Presidente de la República recibe la peor aprobación en la medición realizada desde 2007. Entre 2013 y 2016, la aprobación del mandatario cayó 25 puntos para ubicarse en 30%. El mayor porcentaje de aprobación a lo largo de todo el tiempo es de 62%. En 2015 su aprobación estaba en 39%.

Derivado de los diversos escándalos de gobernadores por corrupción y fraudes, éstos tienen una aprobación promedio de 40% en 2016, una caída de 23 puntos desde 2013. No obstante, la aprobación de los gobernadores es en promedio mayor que la del Presidente de la República. El mayor nivel de aprobación de los gobernadores fue de 73% en 2008.

Los presidentes municipales reciben un promedio de aprobación de 41% en 2016 desde 54% de 2013. Su mayor nivel de aprobación a ojos de los encuestados fue también en 2008 con 63%.
fuente.-LaSillaRota/

¿ GOBERNADORES o VIRREYES ?...de los excesos las consecuencias.


Una de las aparentes novedades que arrojó la alternancia del año 2000 fue el poderío de los gobernadores. Es una reaparición aparente porque se inscribe dentro de una de las constantes de la historia política del país que es la tensión entre federalistas y centralistas, o caciques y caudillos, en la disputa por el poder. 
Las formas de operación de los gobernadores de hoy guardan cierta semejanza con la mecánica porfirista de finales del siglo XIX, cuando los gobernadores, dice Luis Medina, eran dueños políticos “de su territorio a cambio de algunas prestaciones…”.1 
La diferencia básica es que esa constelación de hombres y mujeres fuertes se mueve sin tener como referencia fundamental al presidente en turno ni estar sometidos a su guillotina. A escala local, sus hábitos suenan más a hegemonía que a democracia. La observación apresurada suele ver en el activismo de los gobernadores una fuerza sobresaliente que está cambiando la forma de hacer política en el país. No está tan claro.
Ciertamente, tienen mayor presencia mediática, alta movilidad, amplios espacios de maniobra y manejo de los intereses locales, control de sus formaciones partidistas y una gigantesca bolsa presupuestal. Pero, al mismo tiempo, carecen de lo que pudiera llamarse una agenda nacional, sus relaciones con el gobierno federal son heterogéneas y con frecuencia responden a demandas individuales, deciden en función del corto plazo y, lo más sobresaliente, su noción de éxito tiene que ver básicamente con objetivos políticos y no con variables de desarrollo y bienestar.
Es decir, en una perspectiva nacional, el poder de los gobernadores no está generando un alto valor agregado en la producción de bienes como el crecimiento, la competitividad, la eficiencia de la gestión pública o la transparencia. Está creando, en cambio, incentivos para políticas públicas de bajo impacto y prácticas políticas que no contribuyen a mejorar la calidad de la democracia.
De la anemia a la obesidad
Si gobernar es presupuestar (Michel Rocard) la primera cuestión a revisar es el inédito volumen de recursos financieros de que disponen los gobernadores de hoy, eficiencia de gasto y gestión pública. Todos los gobernantes locales reclaman más dinero a la federación. Negocian, día con día, recursos y obras con la presidencia y el gabinete. Cabildean ante los diputados, muchos de los cuales, como en tiempos de don Porfirio, han sido impulsados por ellos, el aumento de fondos y transferencias. Emiten bonos para allegarse más recursos o contratan deuda con muy variados intermediarios financieros.

La lógica económica diría que ese volumen de recursos se traduce en inversión pública y ésta, a su vez, en un factor de crecimiento económico. Pero en la práctica no ocurre así.
Por ejemplo, entre 1990 y 2010 las participaciones fiscales federales a los estados pasaron de 20 mil 326 millones de pesos a 437 mil 300 millones de pesos. Las transferencias de recursos a los estados y municipios, bajo la forma de fondos etiquetados a gasto social, educación o salud, se elevaron de 24 mil 800 millones en 1993 a 579 mil 700 en 2010. Y los ingresos propios (impuestos locales, derechos, productos, aprovechamientos y contribución de mejoras) aumentaron de 48 mil 700 millones en 2000 a 115 mil 900 en 2009 (último año completo disponible).2
En suma, los recursos fiscales de origen federal que ahora ejercen los gobiernos subnacionales, llegan a un billón 17 mil millones de pesos, cifra inédita en la historia mexicana. A dicha bolsa hay que añadir las inversiones que ejecuta directamente la federación en los estados, las que éstos captan del sector privado bajo diversas modalidades de asociación o concesiones, y, desde luego, los recursos procedentes de la contratación estatal de deuda.
Gracias a este maná —cuyos defensores justifican diciendo que se trata de recursos generados en los estados que la federación simplemente devuelve, lo cual es sólo parcialmente cierto— el gasto público de estados y municipios creció, de 1990 a la fecha, 150% y 147%, respectivamente.3
Hay que señalar, por supuesto, que esta evolución deriva de un sistema fiscal que en sus orígenes castigaba en exceso a los estados o les daba manga ancha, dependiendo de las simpatías o antipatías del presidente y del gobierno federal. Se diría que con esa avalancha de recursos la economía de los estados crece a todo galope y aumenta a pasos acelerados su competitividad. Pero no es ésta la regla general.
Parte de la explicación está en la pérdida general de competitividad del país por falta de innovación, rigidez del mercado laboral, problemas institucionales y de inseguridad. Pero también es verdad que el gasto estatal no se tradujo en inversión productiva porque fue a parar a proyectos ineficientes, ejecutados sin planeación estratégica, en coyunturas electorales determinadas, bajo presión clientelar o simplemente por decisión personal de los gobernadores.
Los excesos y sus consecuencias
La abundancia de recursos ha creado incentivos negativos. Uno es que gobernadores y alcaldes se acostumbraron a no cobrar impuestos locales ni a mejorar su recaudación local, pues para eso tienen a la federación. La proporción de ingresos propios de los estados es en promedio de apenas el 9.4% de sus ingresos totales y de 20.3% en el caso de los municipios. Hay 21 estados cuyos ingresos propios representan aún menos: tan sólo entre 2% y 7% de sus ingresos totales.4 Esa anemia fiscal les facilita una cómoda situación pues no se ven obligadas a mejorar sus finanzas públicas, no irritan a las clientelas locales y trasladan los costos políticos a la federación.

Otro mal hábito es que, como pasa con los comedores compulsivos, para saciar el apetito de dinero no bastan los venidos de la federación, sino que se recurre al crédito. En 1994 los gobiernos de los estados tenían contratada deuda por 28 mil 300 millones de pesos. Para junio de 2011 la cantidad se había elevado a 316 mil 700 millones, 11 veces más, aunque, como sugiere el caso de Coahuila, es muy probable que exista un subregistro y el monto real sea mayor. En marzo de este año la Secretaría de Hacienda estimaba que era de 363 mil 400 millones.5
Esto provocó que la deuda estatal por habitante creciera en promedio nueve veces en ese periodo, pero hubo casos donde la compulsión crediticia llegó a niveles de verdadera adicción: entre 1994 y 2011 la deuda por habitante de San Luis creció 11 veces, la de Guanajuato 15, la de Tamaulipas 17, la del Distrito Federal 36, la de Michoacán 45, la de Veracruz 48 y la de Hidalgo 145. Otros estados tuvieron un comportamiento prudente y solo dos, Campeche y Tlaxcala, se desendeudaron.6
No están claros los indicadores de mejora obtenidos con esos créditos directos, adicionales a las participaciones y transferencias. La opacidad es la regla. Un ejemplo: en 2009, de los 373 municipios más grandes del país sólo 97 publicaban su presupuesto en internet y 135 más no tenían página o no funcionaba,7 de suerte que es casi imposible ver a detalle el ejercicio del gasto.
Un tercer incentivo negativo del gasto estatal es que como hay sectores que no lucen políticamente y que además paga la federación —educación, innovación, desarrollo tecnológico, investigación, entre otros— entonces los estados gastan sobre todo en rubros política y electoralmente lucrativos pero de baja rentabilidad social y productividad económica. Por ejemplo, a gasto corriente y salarios, con los cuales se pagan favores políticos y se ensanchan las clientelas corporativas, se destinaba en 2010, en promedio, 68% del gasto público estatal.
¿Y los resultados?
Suele aceptarse que en política lo único que cuenta son los resultados. De acuerdo, pero ¿cuáles? Veamos tres: el crecimiento económico, la competitividad en los estados y las cifras de pobreza.

Los informes más recientes sobre competitividad del Sistema de Cuentas Nacionales del INEGI ofrecen una radiografía del crecimiento y el desarrollo regionales. Los hallazgos son varios.
El primero es que en general las economías estatales de mayor peso siguen siendo las mismas que hace 15 o 20 años: Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León y Jalisco, en ese orden, que representan el 40% de la economía nacional. De éstas, sólo Nuevo León y el Estado de México crecieron ligeramente en el periodo 2003-2009. En cambio, la aportación a la economía nacional del Distrito Federal bajó un punto: de 18.50% a 17.47%, y la de Jalisco de 6.5 a 6.3%. Otros 14 estados redujeron también su aportación al producto nacional, seis más no muestran variaciones relevantes y sólo ocho estados muestran crecimientos significativos.8
El segundo hallazgo es que, de acuerdo con los índices más trabajados,9 ninguno de los estados mexicanos es competitivo internacionalmente. Los que mejor aparecen —el Distrito Federal, Nuevo León o Querétaro— no alcanzan el nivel de algunos de los países menos competitivos de Europa Occidental como Grecia, Portugal e Irlanda, antes de sus respectivas crisis, desde luego. Y los menos competitivos, como Tabasco, Chiapas, Guerrero y Oaxaca andan en el nivel de El Salvador o Nicaragua.
De los seis estados mejor posicionados en los rankings de competitividad y que concentran el 65% de la inversión extranjera directa, 53% de las patentes, 49% de los investigadores, 31% de las grandes empresas y 30% del PIB, dos tienen una prolongada tradición competitiva (Distrito Federal y Nuevo León) y cuatro son relativamente más recientes (Querétaro, Coahuila, Aguascalientes o Colima). Pero ¿por qué los 26 estados restantes no registran variaciones significativas en competitividad a pesar de las enormes transferencias presupuestales, los flujos de inversión, los procesos de descentralización y la mayor autonomía política y capacidad de decisión que han adquirido?
El tercer hallazgo tiene que ver con los problemas de pobreza. El último informe de Coneval es revelador. La población en pobreza pasó, a nivel nacional, de 44.5% a 46.2%, un incremento de 48.8 a 52.0 millones de personas. Pero la revisión de las cifras por estado es sugerente.

Entre 2008 y 2010, por ejemplo, las entidades federativas que mostraron los mayores aumentos en el número de personas en situación de pobreza fueron Veracruz (de 3.9 a 4.5 millones de personas pobres), Guanajuato (2.4 a 2.7 millones); Oaxaca (2.3 a 2.6 millones); Chihuahua y Tamaulipas, cada una con un incremento de 1.1 a 1.3 millones de personas pobres, y Baja California, donde aumentó de 800 mil a un millón el número de personas pobres.10
El ejemplo de Veracruz es ilustrativo. En lo que va de la actual administración federal, el gasto federal total transferido al estado se fue de 47 mil 500 millones de pesos en 2006 a 64 mil 400 en 2011. Su endeudamiento pasó en el mismo lapso de cinco mil 500 millones a 21 mil 300 millones. Pero sus indicadores más importantes no mejoraron.
Todo esto sugiere que, en muchos casos, los gobiernos estatales y municipales recibieron y gastaron más que nunca en su historia, eso no se tradujo en crecimiento económico relevante, en disminución de pobreza o en aumento de la competitividad. Llegamos al aspecto central de la discusión: no está claro cuál es el valor agregado del enorme poderío político y presupuestal que los gobernadores han alcanzado en el México de la alternancia democrática.
deuda
Una explicación es estrictamente política: en muchas entidades los gobernadores mantienen un fuerte control político, tienen buenas maquinarias partidistas y electorales y los usan con eficacia electoral, pero no necesariamente son gobiernos efectivos en términos de bienestar y desarrollo social. Puede ocurrir que como las buenas políticas suelen ser impopulares y las malas son muy seductoras para la galería, entonces la gestión local se empantana en ese círculo vicioso en el que no es fácil conciliar efectividad en la gestión con efectividad política y electoral, lo cual acaba teniendo efectos sobre la calidad de la democracia.
Los nuevos reinos y la calidad de la democracia
¿Qué tiene que ver la buena o mala gestión pública con la calidad de la democracia? Mucho, sin duda.

Una de las paradojas que trajo la alternancia fue que mientras la normalidad democrática se asentó en los procesos electorales, muchas prácticas políticas regresaron a los hábitos del siglo pasado.
La primera característica ha sido el debilitamiento de la institución presidencial. El desembarco del PAN en la presidencia inició una era en la que una combinación de ánimo federalista, ingenuidad e ineficacia gubernativa, profundizaron de tal suerte la fragmentación del poder que el presidente acabó por no ser ya un mandatario genuinamente nacional sino una especie de jefe de gobierno, con verdadera autoridad sólo sobre una parte del gobierno, lo cual generó un cierto vacío que, naturalmente, fue llenado por otros actores.
Esa tendencia benefició directamente a gobernadores y alcaldes que, ante la evaporación del peso presidencial, convirtieron sus territorios en pequeños principados donde ellos mandan casi de cabo a rabo. Administran la educación y la salud públicas; deciden sobre buena parte de las regulaciones que afectan la vida económica; pactan alianzas con las elites del poder nacional sin intermediario federal alguno; manejan sus policías; ordenan casi íntegramente el desarrollo urbano y tripulan las principales fibras del tejido político local.
Este paisaje, a su vez, se ha convertido en un factor de corrosión no de la democracia formal sino de su calidad y efectividad, como lo muestran diversas encuestas.11 ¿Por qué, tras la alternancia, la insatisfacción con la democracia es palpable en México?
La explicación más inmediata es que la generación de expectativas por la alternancia fue tan elevada y los resultados económicos y sociales tan precarios que la sociedad atribuyó a la democracia la falta de logros como el bienestar colectivo, los ingresos crecientes o los empleos bien pagados, por ejemplo, bienes que la democracia no puede proveer sola porque dependen de otros factores, como regulaciones e instituciones eficaces, políticas públicas creativas, reformas de segunda generación o circunstancias internacionales favorables.
Pero este desencanto existe y ha producido una disonancia. Una cosa es que la democracia no provea de todo, y otra, muy diferente, que sea sólo una herramienta para organizar elecciones y formar gobiernos. Dicho de otra forma, no es el paraíso prometido pero tampoco un cascarón vacío. Y aquí surge una seria debilidad asociada a los hábitos políticos actuales. Si los únicos indicadores para medir la eficacia de los gobiernos son las políticas populistas o los controles corporativos de las clientelas y de las instituciones locales o el manejo mediático y las victorias electorales resultantes, entonces la esencia de la democracia empieza a perder sentido, se vacía de sustancia, se reduce a una “democracia mínima”, como afirma Marcel Gauchet,12 y “es presa de una suave autodestrucción, que deja su principio intacto pero que tiende a privarla de eficacia”.
Este fenómeno tiene por supuesto su contraparte en los grados de vigor ciudadano de suerte que nos pone en el imperativo de preguntarnos si lo que está hoy en construcción en México es una democracia de electores, una democracia de ciudadanos o una democracia sin ciudadanos que inhibe la cohesión comunitaria y la formación de capital social, que estimula el debilitamiento institucional y que fomenta no una democracia madura, con patrones representativos y de institucionalización desarrollados, sino una de tipo delegativo, de baja institucionalidad y escasa eficacia gubernamental.13
Por eso hoy hay que hablar de democracia de calidad, porque ya no es suficiente la mera arquitectura electoral que organiza la competencia política bajo reglas democráticas. Es indispensable dotar a la democracia de nuevos contenidos, de políticas públicas efectivas, mayores niveles de consenso y legitimidad, con una ciudadanía de alta intensidad, y una gestión gubernamental moderna, efectiva y responsable. En suma, se trata de una democracia sostenible.
Finalmente, ¿en todo este contexto el poder de los gobernadores es un avance o un retroceso? Por lo pronto es una realidad política. No sabemos si es un regreso para restaurar el viejo sistema o si es una etapa de transición que pasará con los años. Sabemos que para tener gobiernos a la vez profesionales y políticamente exitosos habrá que construir nuevos mecanismos institucionales y normativos que permitan ambos objetivos, hoy por hoy antitéticos.
Fuente.-Otto Granados. Director general del Instituto de Administración Pública del Tecnológico de Monterrey.

1 Luis Medina Peña, Invención del sistema político mexicano. Formas de gobierno y gobernabilidad en el siglo XIX, Fondo de Cultura Económica, México, 2004, p. 290.
2 Presidencia de la República, 5º Informe de Gobierno. Anexo estadístico, 1 de septiembre de 2011, pp. 123 y ss; 488 y ss. 
3 Juan E. Pardinas Carpizo y Emilio Granados Franco, El Municipio: ¿la institución de la opacidad?, CIDE (Cuadernos de debate, 5), México, octubre de 2010, p. 2.
4 El dato corresponde a 2009, último año con cifras completas. Ver: 5º Informe de Gobierno. Anexo Estadístico, p. 429.
5 http://www.shcp.gob.mx/Estados/Deuda_Publica_EFM/2011/Paginas/1erTrimestre.aspx. Consultada el 3 de septiembre de 2011.
6 5º Informe de Gobierno. Anexo Estadístico, p. 494.
7 Juan E. Pardinas Carpizo y Emilio Granados Franco, op. cit., p. 8.
8 INEGI, Sistema de Cuentas Nacionales de México. Producto Interno Bruto por Entidad Federativa, varios años.
9 Ver, por ejemplo, los del Tecnológico de Monterrey (www.itesm.edu/competitividad); del Instituto Mexicano para la Competitividad (www.imco.org.mx) y de El Colegio de la Frontera Norte (www.colef.mx). 
10 Informe completo en www.coneval.gob.mx
11 Ver Democracy Index 2010. Democracy in Retreat de The Economist Intelligence Unit, así como Corporación Latinobarómetro, Informe 2010.
12 Marcel Gauchet, “La democracia. De una crisis a otra”, en Victoria Camps (ed.), Democracia sin ciudadanos. La construcción de la ciudadanía en las democracias liberales, Trotta, Madrid, 2010, p. 194.
13 Guillermo O’Donnell, “Delegative Democracy”, Journal of Democracy, vol. 5, núm. 1, enero 1994, p.57.

En TAMAULIPAS "GOBIERNA el NARCO" y NO SOLO por CORRUPCION POLITICA,el EJERCITO les HA VENDIDO "ARMAS ",dice EX-de la DEA.


Desde su óptica no es el crimen organizado el mayor peligro para ambos países divididos por la línea fronteriza, sino la dependencia de ingresos económicos que éste ha generado con una gran diversidad de negocios.

El narcotráfico ha minado las instituciones en Tamaulipas. O así lo sostiene Celerino Castillo, un ex agente de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas inglés), quien ha visto cómo los capos del país vecino han acrecentado su influencia en la frontera.
“Por ejemplo, hay un residencial entre Mission y McAllen [ciudades de Texas], que se llama Cimarron Country Club, donde habían puros gringos y ahora los cárteles compraron todas las casas. Los que estaban antes se están saliendo, porque ya llegó la violencia a Estados Unidos”, explicó el agente.

De acuerdo con una solicitud de información vía transparencia a la Procuraduría General de la República (PGR), en Tamaulipas operan ocho células del narcotráfico.
Para el Cártel del Golfo trabajan los Metros en Reynosa, los Rojos en Matamoros, el Grupo Dragones en Tampico, los Fresitas y los Ciclones; mientras que para Los Zetas, operan otras tres células: el Grupo Operativo Los Zetas, Grupo Operativo Zetas y las Fuerzas Especiales Zetas.
Castillo afirmó que una amplia serie de negocios se han desarrollado en la frontera, desde ventas de armas hasta bancos.
“El problema que tienen los Estados Unidos no es tanto el tráfico de drogas, sino su adicción al dinero del tráfico”, dijo.
Del 2010 al 2012 ingresaron al país por la frontera norte 253 mil armas que se utilizaron para el mercado ilícito.

Un monto que se tradujo en ganancias de 127 millones de dólares (unos 2 mil 400 millones de pesos) para la industria estadounidense de las armas, de acuerdo con un estudio de la Universidad de San Diego.
Sin embargo, muchas de estas armas que llegan de Estados Unidos al Ejército mexicano terminan en manos del crimen organizado, alertó Castillo.
“El Ejército está trabajando con los narcos desde hace tiempo. Conozco mucha gente del otro lado metidos en el tráfico, y se la pasan comprando ‘juguetes’ a los generales. Es muy simple. Cuando hay detenciones en ocasiones [se encuentran] granadas [calibre] 40 mm, que sirven para lanzadores de granadas. Esas nomás el Ejército las tiene, tú no puedes ir a una tienda a comprar eso”, detalló.

Sin el visto bueno de las autoridades, estos negocios no podrían ser posibles, coinciden especialistas.
fuente.-

En REYNOSA,MILITARES PROTEGIAN al C.D.G.,le VENDIAN ARMAS y DROGAS...


En la ciudad de Reynosa en la frontera de Tamaulipas,una situación semejante se vivió en 2013 que puso al descubierto una "red de militares" que brindaban protección a miembros del Crimen Organizado ,estos  fueron detenidos entonces por el mismo personal castrense adscrito a la Policia Militar en la 8a Zona y bajo total hermetismo fueron presuntamente trasladados a la ciudad de mexico.

La detención de 32 militares entre ellos mandos,ocasiono una protesta en el exterior de la Zona Militar en Reynosa ,los familiares del personal retenido solicitaban información sobre los motivos y reclamaban el maltrato de que habían sido objeto. 

Una de las manifestantes,entonces identificada como Alejandra Cuevas reclamaba que su esposo Jose Ulises Gonzalez Madera había sido "obligado" a firmar documentos con el "rostro cubierto",situación semejante en el caso del Cabo Angel Lopez que decía vía su esposa "Juana Vargas" que había sido golpeado.

En igualdad de circunstancias estaban entonces el Sargento Milton Rene Gonzalez Lopez y el Teniente de Caballeria  Cesar Flores Guzman,de cuyos casos no volvió a saberse mas,salvo un "trascendido" entre los mismos familiares que ventilaba habían sido acusados de "proteger" al Narco CDG en Reynosa  "venderles" armas y drogas  que previamente les decomisaban...sin embargo  un REPORTAJE de los hechos publicado por  ZETA TIJUANA.... bajo el titulo "MILITARES ENCUBRIAN al NARCO" da detalles al respecto.

...." Después de una encarnizada guerra con Los Zetas y ser desplazados de la región que conforman los estados de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León, los miembros del Cártel del Golfo han recuperado espacios y territorios, contando para ello con la complicidad de algunos mandos policiales y hasta militares.

Así queda de manifiesto después de la detención de un grupo de soldados que conformaban una de las llamadas Base de Operación Mixta (BOM) en Reynosa, coordinando acciones con otras corporaciones. A pesar de ello, brindaban protección a narcotraficantes. 

El 19 de marzo de 2013, un comunicado de la BOM informó a la sociedad de la detención de siete presuntos delincuentes, el aseguramiento de ocho kilos de marihuana, una granada de humo, tres vehículos -entre éstos una Jeep Cherokee blanca-, armas de fuego y municiones de diferentes calibres, así como equipo táctico. 

En la acción, registrada dos días antes de la fecha señalada, participaron las fuerzas de Seguridad Pública Estatal, Policía Federal, SEDENA, SEMAR, así como agentes del Ministerio Público del Fuero Común y Federal. 

Lo que nunca expresó el boletín es que minutos antes de esa detención, ocurrida a las 14:10 horas en la calle Celeste 382, de la colonia Arco Iris, el Teniente de Caballería César Guzmán Flores, quien iba al mando del personal del 10/o. Regimiento de Caballería Motorizado de Reynosa, dejó escapar a una octava persona, al parecer líder de la célula delictiva capturada. 

Este hecho trascendió hasta que habitantes de la ciudad fronteriza enviaron una carta anónima a la SEDENA, denunciando reuniones entre presuntos miembros del Cártel del Golfo y militares (algunos identificados por nombres o apodos) para traficar con armas y drogas. “Esperamos que investiguen a estos soldados que con sus actos desprestigian a los que sí protegen a la ciudadanía de la delincuencia organizada”, señalaba el mensaje. 

El mismo 19 de marzo del año pasado se conoció de una “buena acción” por parte de los soldados del BOM, “Tango G”, liderados por el Teniente de Caballería César Guzmán Flores. En una zona despoblada localizaron dentro de una fosa 145 paquetes rectangulares que en su interior contenían 146 kilogramos de cocaína, mismos que fueron puestos a disposición del Ministerio Público Federal en Reynosa. No hubo detenidos. 

El hecho no trascendió mediáticamente, como tampoco se conoció de la sustracción de paquetes de droga que habrían realizado los militares antes de hacer la entrega a las autoridades competentes. Fue hasta que los mandos de la Octava Zona Militar investigaron el reparto de dinero que Guzmán Flores hizo entre la tropa a cambio de guardar silencio. 

En los dormitorios del regimiento se aseguraron mil 325 dólares americanos y 32 mil 500 pesos. Aproximadamente 28 elementos castrenses que participaban en acciones de seguridad bajo el mando de César Guzmán fueron investigados. La gravedad del caso los hizo confesar que la noche del 18 de marzo, para amanecer el 19, salieron de patrullaje a bordo de tres camionetas Chevrolet Cheyenne y un vehículo Sand Cat. 

El Teniente de Caballería ordenó al personal dirigirse por una brecha hasta una finca abandonada. En el sitio, el mando militar integró equipos para que realizaran un reconocimiento de los terrenos donde supuestamente se había reportado la presencia de personas sospechosas. 
Luego de varias horas de búsqueda, uno de los equipos de soldados encontró una fosa donde había ocho maletas de color negro que contenían paquetes con polvo blanco. 
Algunos de los indiciados aseguraron  que el Teniente Guzmán, en contubernio con un capitán segundo de Caballería, separaron dos de las maletas con droga para llevarlas hasta una de las unidades militares. Después sus jefes hicieron algunas llamadas telefónicas y, tras otro lapso de tiempo, en el lugar aparecieron dos taxis, entregándole su superior una maleta a cada uno de los conductores. 

Diversos soldados coincidieron en sus declaraciones al señalar que Guzmán Flores les comentó que la delincuencia organizada le había prometido una recompensa sí encontraban una droga que tenían extraviada. “Hay algo de feria para mandar a cambiar, para alivianarlos y darles un enganche”, les dijo el Teniente de Caballería en alusión a una cantidad de dólares que le habían entregado los taxistas. Los declarantes, ahora procesados en la causa penal 57/2013 del Juzgado Primero Militar de la Primera Región Militar, recibieron 5 mil pesos cada uno. 

A otro le entregaron 15 mil pesos. Con relación a los hechos del 17 de marzo, los soldados que formaban parte del operativo en el que se detuvo a siete presuntos delincuentes, confesaron que ese día formaban parte del convoy de coordinación policial, pero que se salieron de la ruta para perseguir al ocupante de una camioneta Jeep Cherokee blanca, la cual interceptaron más adelante para realizarle una revisión de rutina a su conductor. 

Los militares se dedicaron a dar cobertura de seguridad en la zona, mientras el Teniente de Caballería César Guzmán Flores dirigía la revisión al sujeto, al cual le aseguraron un arma de fuego cromada en cuyas cachas tenía las leyendas “Cártel del Golfo” y “Flaco”. De repente, coinciden, escucharon que su jefe gritaba “vete a la verga” y vieron que el sospechoso se echó a correr, sin que Guzmán hiciera nada, ni les ordenara detenerlo. 

Enseguida se realizó la acción de captura de los presuntos narcotraficantes que estaban en una casa cerca de la zona, y al operativo se incorporó el resto de las corporaciones que conformaban la base de operaciones móvil “Tango Urbano G”. Los mandos castrenses determinaron enjuiciar a los militares implicados en la fuga de un presunto miembro del Cártel del Golfo, en el robo y tráfico de droga, por lo que fueron consignados por los delitos de traición a la patria y contra la salud en la modalidad de colaboración de cualquier manera para posibilitar el tráfico de narcóticos. 

Algunos de los soldados alcanzados por las investigaciones son: Emmanuel Mayorga Cabrera, Rubén Sandoval, Milton González, Iván Sotelo, Jonás Torres y Ángel López, entre otros. En su mayoría, los procesados fueron trasladados de la prisión militar de la Ciudad de México, al Centro Federal de Readaptación Social Número 5, en Villa Aldama, Veracruz. Una ficha informativa de la Octava Zona Militar expuso al Ministerio Público Militar que “en el Estado de Tamaulipas tienen presencia las organizaciones delictivas denominadas ‘Cártel del Golfo’ y ‘Los Zetas’, quienes se disputan el control de las ciudades y municipios más importantes del estado para la venta y tráfico de armas y drogas, ver anexo a área de influencia de organizaciones delictivas, siendo las siguientes actividades que llevan a cabo los integrantes de la delincuencia organizada como sigue: a. trasiego de drogas; b. tráfico de armamento; c. secuestros; d. extorsiones; e. venta de piratería; f. robo de vehículos; g. robos y asaltos en carreteras; h. retenes clandestinos; i. trata de blancas; j. taxis piratas; k. liberación de reos; l. casas de seguridad; m. actividades de halconeo; n. colocación de antenas clandestinas; o. robo de combustible, entre otROS..."