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domingo, 10 de julio de 2016

"MISS MEXICO",la ""AUTOVIUDA que MATO a GENERAL de 6 BALAZOS."...por "despecho se lo "despacho".


En el verano de 1929, María Teresa Landa parecía tenerlo todo. Joven moderna, el año anterior había ganado el título de "Miss México" y competido en el certamen "Miss Universo". No ganó, pero la experiencia le dio una interesante notoriedad, que le consiguió marido: un galante general revolucionario que juraba adorarla. 

Pero una mañana, la muchacha leyó el periódico… el universo de María Teresa Landa estalló en mil pedazos: allí, ante sus ojos, un periódico aseguraba, en primera plana, que tanto ella como su esposo, el general Moisés Vidal, eran culpables del delito de bigamia, pues el militar tenía otra esposa, una mujer llamada María Teresa Herrejón, con quien había contraído matrimonio seis años atrás.

De repente, María Teresa comprendió por qué Moisés no le permitía leer los periódicos; por qué una parte de los ingresos de su esposo iban a dar a Veracruz. En el proceso, contará el torbellino de sentimientos que la envolvió: airada, le reclama al general esa primera plana en La Prensa, que le revela de golpe un engaño. “No te fijes de esas cosas”, responde su esposo. La mujer afirma que entonces quiso suicidarse con una de las armas de su marido. Después, la confusión, el desastre. Ella intenta dispararse a sí misma, el general la sujeta. María Teresa no recuerda lo ocurrido. Como si volviera de un sueño, de repente ve el cadáver baleado de Moisés Vidal. La madre de la muchacha irrumpe en la pequeña sala de la casita de “plato y taza” de Correo Mayor 119, y la encuentra llorando junto al cuerpo. La vida no volverá a ser igual.

EL SONADO JUICIO DE “MISS MÉXICO”. “La Señorita México mató a su esposo de seis balazos”, cabecea La Prensa el lunes 26 de agosto de 1929. María Teresa Landa es llevada a la vieja y temible cárcel de Belén. Allí se llevará a cabo su juicio.


Se echa a andar el mecanismo judicial de la época: se toma declaración a los parientes de la autoviuda y es  el 1 de septiembre cuando se lleva a cabo la reconstrucción de los hechos en la casa de Correo Mayor 119, que los periódicos describen como de extrema modestia, rayana en la pobreza y el deterioro: allí vivían el general, María Teresa, sus padres y un hermano.

Una multitud de curiosos inunda Correo Mayor: la autoridad envía un grupo de policías para contenerla. María Teresa llega en auto, custodiada por el mismísmo director de la cárcel de Belén. El tránsito se interrumpe; los autos ya no pueden circular, pues los preguntones y entrometidos aumentan que es una barbaridad; los balcones de las casas vecinas se atiborran de vivillos que, como si estuvieran en el teatro, se han conseguido un sitio inmejorable para vigilar las diligencias. No será menos el juicio, en el cual participaba un jurado popular.

Es tal la curiosidad y la expectación que despierta el caso de la “Miss México” autoviuda, que se pone en práctica un recurso de la modernidad, del que ya se había echado mano durante el juicio del asesino de Álvaro Obregón: se transmitirá por radio, y los capitalinos de a pie, esos que en los sucesos de sangre, pasión y emociones al límite hallan una más de esas “ocasiones de contento”, escucharán sin perder detalle, el proceso donde participa un fiscal que se revelará como implacable y que se siente defensor de la moral pública: Agustín Corona. Actúa como defensor de la reina de belleza, un abogado de fama: José María Lozano, que tiene en sus antecedentes, además de ser litigante de éxito, el haber ocupado alguna vez la cartera de Comunicaciones y Transportes.

Inicia el proceso: en el salón de la cárcel no cabe un alfiler. En la primera fila, atrás de María Teresa, su madre llora y se pasa todo el tiempo rezando. La joven se presenta vestida con elegancia moderna, pero sobria: viste de oscuro, lleva medias de seda negra y su arreglo es impecable: una flapper de luto, llorosa, ojerosa, que de inmediato empieza a conquistar a la concurrencia. Indignado, el fiscal Corona reprocha al defensor Lozano el recurso que busca convertir a la acusada, ante los ojos del pueblo, en una muchacha desamparada, y exhorta al jurado a no dejarse conmover “por la seda negra y el rímel de las pestañas” de la señora Landa. Quizá, desde ese momento, el fiscal ya ha perdido un primer round.

MORALINA MODELO 1929. 
El fiscal Corona no sólo pretende enjuiciar a María Teresa Landa por el asesinato del general Moisés Vidal. 

También quiere juzgar la nueva moral de los locos años veinte, donde las mujeres fuman, conducen automóviles, usan escandalosas faldas cortas ¡a la rodilla! Han tirado a la basura los corsés de sus madres, y más aún: se atreven a participar en concursos de belleza, donde la parte más escandalosa es que las chicas se exhiben ¡en traje de baño! Atavíos que nada dejan a la imaginación… o al menos eso creían muchos en 1929.


La argumentación de Corona se encamina a demostrar que María Teresa Landa no es la muchacha recatada y preparada que estudió primero en la Escuela Normal, que luego pasó a la Escuela Odontológica y que se inscribió al certamen “Miss México” alentada, casi empujada por sus condiscípulas. El fiscal está seguro de que toda aquella mujer que se inscriba a un concurso de esos, tiene que ser de “moral ligera”, y está dispuesto a probarlo. En el camino, le acomoda un fuerte raspón a la revista Jueves, del periódico Excélsior, pues la publicación fue la promotora del concurso.

Una parte de la prensa está del lado de Agustín Corona: llegan a calificar el romance entre la reina de belleza y el general Vidal como un enamoramiento superficial, un “amorío de traje de baño”, escribe alguno, destilando veneno. Las versiones de los hechos se enfrentan: la defensa asegura que Vidal murió en el forcejeo por el arma. La fiscalía asegura que el militar dormía cuando María Teresa vació sobre él el cargador entero del revólver.

ALGUNAS VERDADES DEL GENERAL VIDAL. 
Un examen del acta matrimonial de Landa y Vidal deja al descubierto el engaño: nunca existió tal matrimonio. El documento es apócrifo, lleno de inexactitudes. Poco a poco, se revelan los pecados de Moisés Vidal. Cortejó a María Teresa y con la ayuda de algunos amigos, fingió el matrimonio, mientras su otra María Teresa, madre de dos hijas pequeñas, vive en Cosamaloapan, Veracruz.


Agustín Corona piensa que María Teresa sabía del falso matrimonio; la acusa de haber participado en el ardid para tener tranquilos a sus padres. Una vez más, se pone en duda la honorabilidad de la muchacha. Decidido a ganar el caso, muestra tres fotografías de la muchacha en ropa íntima, a un paso de la desnudez. Ella, indignada protesta. Las imágenes las tomó su marido. “Son fotos” –clama– “de un enamorado con una cámara fotográfica”

Lozano, el defensor, no tiene las manos atadas. Trabaja y pone sus dotes de orador al servicio de una mujer engañada por un militar brutal. El público y el jurado se conmueven con el testimonio de la esposa legítima de Vidal: María Teresa Herrejón: ella aspiraba a reconciliarse con el general, quien le pidió aguardar un tiempo, pues si en esos momentos, dejaba a la Miss México, “te llevarían mi cadáver”. Por eso ni siquiera ratificó la denuncia por bigamia que un concuño suyo interpuso en su nombre y que se convirtió en la nota de primera plana que le costó la vida al general Vidal.

MISS MÉXICO, LIBERADA. Haya sido por las medias de seda negra, por el notable adelgazamiento que experimentó en los meses del juicio, por las revelaciones de los engaños del general Vidal, María Teresa Landa fue absuelta. José María Lozano logró convencer al jurado de que la muchacha había actuado en defensa de su honor mancillado, y ese factor fue decisivo para que a las 3 de la mañana del 1 de diciembre de 1929, se le declarara absuelta.


La joven salió de la cárcel de Belén entre ovaciones. Nunca se casó. Hubo quienes la conocieron dando clases en la Escuela Nacional Preparatoria, siempre sola, siempre melancólica. La hermosa flapper se quedó de luto para el resto de su vida.

Fuente.-historiaenvivomx@gmail.com

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