El “plan” federal para Sinaloa del estratega sesudo Omar García Harfuch, ya no parece estrategia,es una pachorra con uniforme táctico que huele a derrota militar disfrazada de conferencia mañanera optimista.
Ayer,el subdirector operativo de Seguridad Pública en Escuinapa, Esteban Gutiérrez Mazariegos, murió acribillado junto con tres elementos de la corporación tras un ataque armado registrado presuntamente bajo la modalidad de emboscada. En el mismo hecho, un quinto agente resultó con lesiones que no ponen en riesgo su vida y la cifra se acerca al centenar de policías ejecutados desde el inicio de la guerra,ningun detenido, todos impunes.
Tiempo de guerra que Omar no ve
De acuerdo con cifras que si le preocupan y contabiliza Noroeste,del 9 de septiembre de 2024 al 30 de marzo de 2026 en que dio el inicio formal de las hostilidades de dos bandos de la misma banda,gracias a los malos oficios del gobierno de Morena y Ruben Rocha Moya,han pasado 1 año, 6 meses y 21 días.
Eso son 82 semanas y 6 días, es decir 603 días de guerra continua.
- Horas: 603 × 24 = 14,472 horas de “operativos permanentes” que detienen intermitentemente, pero no detienen la guerra.
- Minutos: 14,472 × 60 = 868,320 minutos en los que la federación prometió “contener” la violencia y la presencia permanente de Harfuch en la entidad, pero la violencia siguió avanzando y el estratega engañabobos hace visitas de doctor.
En términos bélicos, ningún general serio llamaría “éxito” a una campaña que después de casi año y medio sigue sumando muertos, levantados y despojos a ritmos de frente de guerra estabilizado, no de conflicto controlado.
Levantón: ejército de desaparecidos
Las “privaciones de la libertad” son la forma burocrática de decir que en Sinaloa se recluta un ejército de desaparecidos.
Son 3,542 personas privadas de la libertad desde que arrancó la disputa entre los Guzmán y Zambada, un promedio de 6.3 levantones diarios.
- Cada semana se esfuman unas 44 personas, sin que la estrategia federal se inmute.
- En 603 días, esa cifra equivale a más de cinco batallones de infantería evaporados del mapa, sin que Harfuch pueda exhibir una sola “batalla decisiva” ganada.
Cuando el mando federal presume “diálogo con la población”, la realidad es que medio estado habla en clave: “no lo han encontrado”, “se lo llevaron”.
Si esto es “contener la violencia”, entonces el diccionario de la SSPC lo redactó un capo.
Muerte: partes de guerra maquillados
Los homicidios dolosos suman 3,027 en este periodo, 5.4 asesinatos diarios según el propio conteo de Noroeste.
Eso significa que, desde que arrancó la ola, Sinaloa entierra en promedio a más de trescientos cincuenta ciudadanos cada bimestre mientras en Ciudad de México la narrativa oficial habla de “disminución sostenida”.
- En 18 meses de crisis, otros reportes hablan de más de 2,500 homicidios, confirmando que los partes de guerra oficiales van siempre detrás del cementerio.
- El 30 de marzo, por ejemplo, hubo tres homicidios pero la Fiscalía solo reportó uno al Secretariado: ni en el conteo de cadáveres puede la autoridad ser honesta.
Cuando asesinan a un menor de 13 años en Mazatlán y el dato se diluye en el promedio, queda claro que la prioridad de la estrategia no es salvar vidas, es salvar la conferencia de prensa.
En campaña militar, ocultar bajas se llama propaganda; en democracia, se llama engañar a la población.
Despojo de autos: logística del narco, cortesía del Estado
El robo de vehículos es el músculo logístico de la guerra.
Son 10,451 unidades robadas en 603 días: 18.4 vehículos diarios que desaparecen del patrimonio civil para convertirse en blindaje artesanal, carro-patrulla clandestino o simple botín.
- Son más de 290 autos robados al mes, como si cada treinta días se vaciara un mega-lote automotriz completo.
- En 2025 solo, se registraron casi 7 mil robos de vehículo en Sinaloa, y en 2026 el ritmo sigue superando a la recuperación que presume la Fiscalía.
En clave militar, eso significa que el enemigo controla la movilidad táctica de amplias zonas del estado, mientras la federación controla… la narrativa de que “los delitos van a la baja”.
Una guerra donde la flota motorizada la pone el ciudadano despojado y la autoridad llega siempre después del parte médico, no es una guerra ganando terreno: es una retirada administrada.
De la “paciencia estratégica” al fracaso operativo
Harfuch lleva desde finales de 2024 vendiendo la idea de que su estrategia “está funcionando”, pero que “los resultados no se verán de la noche a la mañana”.
Ya pasaron más de 868 mil noches y mañanas en minutos contados, y los indicadores clave de guerra —levanton, muerte y despojo— siguen en niveles de conflicto activo, no de pacificación.
En doctrina militar, cuando tras año y medio de despliegue reforzado no dominas el territorio, no controlas las rutas, no rompes la logística del enemigo y tampoco reduces de forma clara sus bajas infligidas, eso se llama fracaso de campaña.
En el lenguaje terso de la SSPC lo rebautizan “proceso gradual de estabilización”, pero en el lenguaje de las fosas, las viudas y los autos robados, el nombre es otro: derrota.
Con informacion: NOROESTE/