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Saturday, April 4, 2026

EL «ELEFANTE REUMATICO y BURROCRATICO»: «REPORTE de EE.UU EXHIBE las FALLAS de las ADUANAS MORENAS MEXICANAS»…en el país donde todo se traba o se retrasa.


Washington volvió a hacer lo que mejor sabe cuando se trata de México: poner por escrito, con tono de acta administrativa y aroma de regaño diplomático, que el gobierno mexicano sigue convirtiendo la política pública en un laberinto de permisos, suspensiones, discrecionalidad y excusas. El nuevo reporte de la USTR no es precisamente una postal amistosa: es, más bien, un expediente de las fallas que Estados Unidos dice ver en aduanas, energía, telecomunicaciones, patentes, sanidad y medio ambiente.

Lo que el documento retrata es un país donde el Estado quiere mandarlo todo, pero no puede con casi nada. Según la USTR, México pone obstáculos al comercio de maíz transgénico, herbicidas y otros productos biotecnológicos; además, castiga la inversión privada con reglas movedizas, trámites eternos y una burocracia que parece diseñada por alguien que odia la eficiencia y el libre flujo de mercancías.

El santo oficio del retraso

En aduanas, la historia suena a clásico mexicano: sobran discursos de modernización, faltan agentes, puertos, coordinación y resultados. La USTR señala que un número “significativo” de agentes aduaneros fue suspendido en el último año, mientras desde 2023 permanece cerrado el proceso para aprobar nuevos agentes, como si el país pudiera comerciar con el piloto automático y un poco de fe.

La joya burocrática es la Cofepris, donde Estados Unidos reporta demoras de un año o más para autorizar productos que ya fueron aprobados por la FDA. Traducido al idioma de la realidad: si en Washington ya dijeron “sí”, en México toca sentarse a esperar a que la maquinaria regulatoria despierte, revise el expediente, lo archive, lo vuelva a revisar y, con suerte, lo deje morir en una gaveta.

Energía: el club de la puerta cerrada

En energía, el reporte no se anda con sutilezas: habla de retrasos frecuentes, rechazos sin explicación, inacción en permisos y obstáculos para que las empresas estadounidenses operen en México. Es decir, un ambiente ideal para espantar inversión y luego fingir sorpresa cuando los capitales prefieren irse a otro lado.

Y por si faltaba el toque de tragicomedia institucional, el documento también reprocha debilidad en la aplicación de leyes ambientales, controles ineficaces y corrupción generalizada. No es una crítica menor: es el tipo de frase que deja a cualquier gobierno con el maquillaje corrido y la coartada hecha polvo.

Sheinbaum y el mito del gobierno técnico

La parte más incómoda del reporte no es que Estados Unidos se queje —eso siempre pasa—, sino que el señalamiento cae justo sobre un gobierno que llegó presumiendo que ahora sí habría ciencia, orden, capacidad técnica y menos improvisación. Pero el USTR describe un aparato público con retrasos, falta de personal, burocratismo y discrecionalidad, o sea, exactamente lo contrario del cuento de eficiencia que se vendió en campaña.

A estas alturas, Claudia Sheinbaum ya no puede culpar al pasado indefinidamente. El periodo de gracia se agotó, y el problema es que el gobierno que prometía corregir las distorsiones heredadas terminó atrapado en sus propias manías: más centralización, más control político y menos capacidad real para destrabar inversiones o hacer que el Estado funcione como algo más sofisticado que una fila infinita.

El elefante sigue, pero más artrítico

La metáfora ya no es el elefante reumático: es un elefante con presión baja, burocracia terminal y una alergia profunda a la rendición de cuentas. La USTR, sin proponérselo, le hizo al gobierno mexicano un favor involuntario: lo retrató con la crudeza que en Palacio Nacional prefieren maquillar con conferencias, anuncios y juramentos de transformación.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/SALVADOR CAMARENA

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