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Wednesday, April 1, 2026

«CRIMINALES NO TIENEN PALABRA»:»AUN y con PAGO de RESCATE MATAN RECONOCIDO MEDICO PLAGIADO en VERACRUZ»…los “levantones” son el nuevo sistema de salud.


Se llamaba José Antolín Montero Alpírez, y no necesitó ser político, narco, ni funcionario para morir como ellos permiten: maniatado, torturado, abandonado en un baldío de la Colonia Revolución de Poza Rica. Le bastó ser médico. Le bastó salvar vidas en un país donde eso, hoy, puede ser una sentencia de muerte.

A José Antolín lo levantaron el lunes y lo devolvieron sin vida, a cambio de nada. Su familia, dicen, pagó el rescate, como tantas otras que creen —todavía— que el dinero puede comprar misericordia. Pero la miseria humana suele cobrar más caro: la vida.

Hablamos de un hombre reconocido, dos veces director del Hospital Regional de Poza Rica, un cirujano que todavía a su edad seguía operando por vocación, no por nómina. Que curaba gratis a quien no tenía con qué pagar, porque le creía a Dios más que a Hacienda. Y esa virtud —la de no negar auxilio— fue la que le negó la patria.

Los médicos que lo conocieron le decían “el doctor con sonrisa”. Qué ironía cruel la de este país que asesina a quien representa lo mejor que aún le quedaba: empatía, servicio, humanidad. A alguien que aunque nació pobre, usó el bisturí para sanar, no para abrir caminos de impunidad.

En su tierra, los cárteles dictan horarios, las patrullas hacen guardia muda y la justicia únicamente aparece en misa, disfrazada de plegaria. En Veracruz matar a un médico ya no es “noticia”, es rutina. Como si el Estado se hubiera rendido sin avisar, dejando que los “levantones” sean el nuevo sistema de salud.

Los amigos lo llaman “ejemplar”, “incansable”, “blando de corazón”. El doctor Dávila Ledezma escribió que fue una blasfemia su asesinato, y tiene razón: en México ya no hay infierno que alcance para tanto pecado.

Pero la pregunta que queda suspendida, pudriéndose junto al miedo, es otra: ¿Quién decide qué vidas valen rescatar? Porque a José Antolín lo mataron después del pago, y eso lo dice todo: no hay pacto posible con quien gobierna desde la crueldad.

Y mientras sus colegas lo despiden con palabras nobles, los sicarios volverán a dormir tranquilos, cobijados por las mismas sombras que hoy llaman “autoridades” y en medio de una pacificación cínica e hipócrita que presume que menos cadaveres es victoria.

El país perdió a un cirujano. Pero lo que se desangra, en realidad, es la esperanza de que alguna vez la vida vuelva a tener valor aquí.

Con informacion: ELNORTE/

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