Un menor de edad perdió la vida ayer viernes en un hospital de Mazatlán tras ser herido de bala en un ataque armado presuntamente registrado en a las 19:15 hrs en el Ejido El Castillo.
Tras el reporte, policía municipales comandados por el Secretario de Seguridad Pública Municipal llegaron al lugar que indicaba el aviso y mas tarde emitieron un boletín oficial descartando que se hubiera registrado un ataque armado en dicho lugar.
La línea oficial es clara: “no hubo ataque, no hay casquillos, no pasó nada”, hasta que el cadáver les arruina el comunicado y les echa a perder la narrativa de playa segura y patrullas relucientes. La ciudad turística que venden en los spots luce mar, sol y estadio, pero debajo del dron promocional hay bombas caseras contra patrullas, artefactos explotando en el estacionamiento de Seguridad Pública y un conteo de muertos que ya convirtió la franja costera en campo de tiro del narco.
“Confunden guerra con seguridad ?»
La verdad es más simple y más cínica: no es que confundan, es que les da igual quién caiga mientras puedan seguir midiendo eficacia en armas aseguradas y detenciones “relevantes”, aunque los niños llenen el renglón de daño colateral.
Sinaloa aparece en los rankings del crimen organizado como potencia mundial y, aun así, la clase política se aplaude sola, como si cada menor ejecutado fuera un gaje inevitable del oficio de gobernar entre abrazos de conferencia y balazos de callejón.
Al final, el menor muerto en Mazatlán y el conteo de 78 menores ejecutados en el estado son la misma fotografía tomada con distinta lente: una donde el sistema maquilla el hoyo con boletines, y otra donde la sangre se escurre fuera de cuadro para no arruinar la estadística. Es el mismo fracaso reciclado: gobiernos que hablan de “pacificación” mientras la niñez se convierte en dato duro, y un país que normaliza que a los 16 años te toque rifa de plomo en vez de fiesta de graduación.
El por qué de nuestro título ?
- “CAE OTRO MENOR MUERTO…”
- “Otro menor” subraya que ya es rutina, no excepción: viene de un conteo real de adolescentes ejecutados en Sinaloa, decenas de menores asesinados mientras la nota oficial sigue hablando de operativos “exitosos”.
- “…en MEDIO de ESTRATEGIA que ERRÓNEAMENTE MIDE EFICACIA con DECOMISO de ARMAS y CAPTURAS”
- Busca describir con precisión el marco Harfuch–Gabinete: la métrica oficial son personas detenidas, armas incautadas, laboratorios destruidos, toneladas de droga asegurada, etcétera, pero no la tranquilidad conseguida.
- “Erróneamente” marca la crítica de fondo: una estrategia que mide lo que quita (armas, narcos, droga) y no lo que protege (vidas, especialmente de niñas, niños y adolescentes), justo como se ha denunciado en otros casos de menores ejecutados y familias acribilladas.
- “…en el país que normaliza que a los 16 años te toque rifa de plomo en vez de fiesta de graduación”
- Es el golpe al estómago: la escena concreta (Francisco, 16 años, baleado y muerto en hospital en Mazatlán) en símbolo de época.
- “Rifa de plomo” vs “fiesta de graduación” resume la distopía: la adolescencia ya no está marcada por rituales escolares, sino por la probabilidad estadística de morir en un ataque, una confusión o un fuego cruzado.
- La frase cruza del dato duro al reproche moral: no solo falla la estrategia, falla la sociedad que siguió adelante hasta que ver menores asesinados se volvió paisaje de nota roja.
En conjunto,tres cosas al mismo tiempo:
- Señalamos al responsable (la estrategia que presume decomisos y capturas).
- Visibilizamos a la víctima (otro menor muerto, uno más en una larga lista).
- Denunciamos la cultura de la normalización (un país donde la adolescencia se juega “a rifa de plomo”).
No es solo un encabezado informativo, es acusación, epitafio y editorial en una sola línea.
Con informacion: NOROESTE/

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