Ya no cabe la menor duda,la actual estrategia de seguridad nos remite a la profecía de Felipe Calderon cuando este dijo palabras mas, palabras menos ,que su «guerra sería larga, costosa, y que él no vería el final». Y asi esta ocurriendo como si el ex-presidente nos hubiera heredado el guion junto con la borrachera moral de su sexenio.
Que ocurrió
En la carretera Palmillas-Huichapan,en Hidalgo,ayer se cumplio escena por escena: un comando intercepta una patrulla de la Guardia Nacional, levanta a cuatro agentes y deja un cuerpo tirado como rúbrica de lo inevitable.
Era el cuerpo del Teniente Gustavo Ramírez Roque,quien cayó en San Juan del Río, lejos de su Guerrero natal, víctima de una “represalia” por un operativo contra huachicoleros. Tres de sus hombres sobrevivieron, golpeados, maniatados y con la mirada perdida. El mensaje de los criminales fue brutalmente claro: la guerra que dicen “del pueblo bueno contra el crimen” no la está peleando el pueblo, y mucho menos la están ganando.
Las autoridades, fieles a su inercia, activaron el clásico teatro del despliegue: helicópteros, retenes, comunicados coordinados, y la siempre decorosa esquela institucional prometiendo “honor y legado”. Lo que nunca activan, claro, es el protocolo para revisar por qué los mismos errores de hace veinte años siguen pariendo los mismos muertos.
La “profecía de Calderón” no era mística, era burocrática. Es el ciclo eterno de la seguridad mexicana: autoridad declara guerra, crimen responde con fuego, gobierno les responde con mas fuego, jura que no hay guerra y que no dará marcha atrás, refuerza en todos lodos y asi queda débil en todas partes.
Todo mientras las comunidades se acostumbran a guardar silencio entre cada ráfaga. El resultado, como siempre, es una estadística nueva y una promesa vieja.
En las carreteras del país, los muertos cambian de uniforme, pero la historia sigue manejando en círculos.
Con informacion: ELNORTE/

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