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viernes, 25 de septiembre de 2026

SE “TRAGÓ sus PALABRAS”: HARFUCH RECULA TRAS MEGADECOMISO HISTRIÓNICO y DEBERÍA MEDIR sus TRIUNFOS antes de SERVÍRSELOS al PAÍS en BANDEJA de PROPAGANDA»… corrieron cuando la carpeta aún ni caminaba.


El estratega sesudo de la Seguridad Federal , Omar Garcia Harfuch debería empezar a medir sus triunfos antes de servírselos al país en bandeja de propaganda. Porque si el “megadecomiso” de 59 millones de litros en Guanajuato se anunció como el hallazgo de la cueva de Alí Babá del huachicol, la propia FGR ya comenzó a describirlo como algo mucho menos heroico: un operativo con anomalías, sin verificaciones completas y realizado por una delegación que ni siquiera era la instancia especializada encargada de esos asuntos.

Del “golpe histórico” al expediente bajo lupa

Primero vino el espectáculo: 10 tanques, vehículos, documentos, fotografías de instalaciones monumentales y 59 millones de litros de presunto hidrocarburo. La palabra clave era “presunto”, aunque el despliegue oficial pareció olvidar el matiz y vendió la historia como si hubieran desmontado, en una tarde, el corazón financiero del huachicol.

Pero el relato traía fugas por todos lados:

  • El cateo habría ocurrido el 4 de septiembre, mientras que el anuncio público llegó casi dos semanas después.
  • No hubo detenidos en el predio.
  • La terminal de Grupo SIMSA no habría quedado clausurada ni sellada y, según la información publicada, siguió operando.
  • La Fiscalía no había acreditado públicamente que el combustible fuera ilícito.
  • SIMSA sostuvo que almacena producto de terceros y que no necesariamente le corresponden los permisos de importación exigibles a quienes introducen combustible al país. 

Y ahora García Harfuch reconoce que hubo “ciertas anomalías”, que el aseguramiento se divulgó dos semanas después sin que se hubiera verificado “todo absolutamente” y que la FEMDO tuvo que atraer el expediente y que tampoco es garantía, para revisar desde el origen qué demonios se aseguró, bajo qué criterios y con qué sustento documental.

Traducido del dialecto institucional: primero inflaron el operativo; luego se enteraron de que quizá había que investigar antes de ponerle moño de decomiso histórico.

La contradicción que no cabe en la conferencia

En la versión estenográfica del audio del 25 de septiembre, Harfuch defendía la ausencia de detenidos con una promesa tan tajante como conveniente: “en todos los casos donde ha habido aseguramientos grandes o pequeños, hay detenidos” y, por tanto, “en este caso no va a ser la excepción”. Incluso afirmó que las capturas vendrían después y serían reportadas públicamente. 

Ahora el mismo caso ya no aparece como ejemplo de eficacia operativa, sino como una actuación bajo revisión: un expediente abierto por una delegación de la FGR, no por FEMDO; un aseguramiento anunciado tarde; una investigación atraída por la Fiscalía General tras el comunicado defensivo de la empresa; y un delegado, Juan Francisco Vera, separado del cargo.

Entonces conviene preguntar: ¿Harfuch se va a tragar sus palabras?

Porque si el criterio era que “no ha habido un solo caso” de aseguramientos relevantes sin detenidos, algo que es totalmente falso, tendría que explicarnos cuál es exactamente el estatus de Guanajuato. 

¿Fue un golpe contra una red de huachicol? ¿Fue un cateo preventivo? ¿Fue una diligencia mal armada? ¿Fue un aseguramiento que se anunció antes de confirmar si había delito? ¿O fue, sencillamente, una rueda de prensa buscando aplausos mientras la carpeta todavía estaba aprendiendo a caminar ?

No es un detalle: es el método

El problema no es que una autoridad revise una investigación. Al contrario: verificar origen, permisos, propiedad, trazabilidad y legalidad del combustible es justamente lo que debía ocurrir antes de convertir 59 millones de litros en un trofeo mediático.

El problema es el orden de los factores:

  1. Catear.
  2. Retener o asegurar.
  3. Difundir fotos.
  4. Proclamar un golpe mayúsculo.
  5. Descubrir que falta revisar documentación.
  6. Separar al delegado.
  7. Pedirle a FEMDO que determine si el caso tenía realmente el tamaño criminal que ya le habían vendido al público.

Eso no es una operación impecable; es una conferencia de prensa con carpeta de investigación incluida, pero sin manual de ensamblaje.

La Presidencia reconoce que “supusieron” que todo estaba dentro de la ley y que era regular. “Supusieron”. Una palabra que debería incomodar cuando se habla de una intervención federal a una terminal de hidrocarburos, de decenas de millones de litros y de una empresa expuesta públicamente como parte de un supuesto entramado criminal. En materia penal, “suponer” no sustituye verificar; y mucho menos sustituye probar.

El riesgo de fabricar culpables

Hay una diferencia elemental entre asegurar hidrocarburo y demostrar que ese hidrocarburo es ilegal; entre catear una terminal y acreditar que la empresa operaba para una organización criminal; entre la ausencia de personal en un predio durante un despliegue masivo y una fuga de información; entre una sospecha razonable y una sentencia dictada desde el atril.

Harfuch, el 25 de septiembre, se negó a afirmar que el predio fuera operado por el Cártel de Santa Rosa de Lima porque hacerlo sin datos sería “una irresponsabilidad”. Correcto. Pero esa prudencia llegó después de que la narrativa oficial ya había permitido que el caso circulara como si el vínculo criminal estuviera prácticamente resuelto. 

La ironía es feroz: para no especular sobre el cártel había que esperar a la Fiscalía; pero para bautizar el operativo como gran combate al huachicol, al parecer no hacía falta esperar a nadie.

La pregunta inevitable

Si éste era un caso “como los otros” donde habla de miles de capturas, según Harfuch, ¿dónde están los detenidos? Y si no era como los otros, ¿por qué se promovió como si fuera una operación concluyente, extraordinaria y moralmente liquidada desde el primer boletín ?

Porque si cada decomiso grande sin detenidos termina bajo revisión, con anomalías, con papeles por verificar, con fiscales removidos y con empresas defendiendo públicamente la legalidad de sus operaciones, Harfuch ya no estaría dirigiendo una estrategia de seguridad: estaría coleccionando recalentados de propaganda.

Y sí: si de verdad se tragara todas las palabras que ha soltado sobre aseguramientos “sin excepción” ,con muchas ausencias en capturas, para estas alturas ya estaría bastante gordo. Pero el problema no es su dieta verbal. El problema es que cada frase inflada erosiona algo mucho más importante: la obligación del Estado de probar primero y celebrar después.

Con información: ELNORTE/

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