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domingo, 30 de agosto de 2026

“GOBERNADOR RESPONDE a ACUSACIONES de NARCO y HUACHICOL con CABALLOS ACARREADOS para CABALGATA de la UNIDAD”… pidió cerrar filas, pero antes hay que abrir expedientes.


En medio de versiones que es investigado en Estados Unidos por huachicol y otros delitos, junto con otros morenistas de Tamaulipas,entre ellos el Secretario General del Gobierno,Hector Joel Villegas,alias El Calabazo,el aun Gobernador de morena, Américo Villarreal ,encabezó ayer una cabalgata por la unidad.

La respuesta política ante los señalamientos no fue una comparecencia ante la FGR,ni una conferencia con preguntas abiertas, ni una exigencia de transparencia: fue una cabalgata. Porque, al parecer, cuando el expediente huele a huachicol, lavado y financiamiento criminal, en Tamaulipas la estrategia oficial consiste en echarle perfume de sombrero, espuelas y birria.

En cualquier democracia medianamente seria, un gobernador mencionado en innumerables indicios que exhiben su conducta criminal —además de reportes sobre investigaciones estadounidenses por lavado de dinero, financiamiento de cárteles y huachicol— estaría rindiendo cuentas ante la justicia de ambos países.

Pero Tamaulipas no decepciona: Américo Villarreal eligió responder con una cabalgata de “unidad”.

Más de 2 mil 100 jinetes, funcionarios, alcaldes, legisladores, operadores políticos y la habitual fauna de la nómina pública recorrieron Ciudad Victoria durante horas para demostrar que, cuando las preguntas cruzan la frontera y llegan hasta agencias de Estados Unidos, Morena tiene una receta infalible: montar a caballo, repetir “unidad” y rifar premios.

No hubo explicación sobre los señalamientos. No hubo conferencia de prensa de verdad. No hubo deslinde serio. No hubo siquiera el intento de responder a los reportes que hablan de expedientes abiertos en cortes estadounidenses y pesquisas atribuidas a la CIA, la DEA y el DHS sobre presuntos nexos criminales y dinero ilegal en campañas. En lugar de eso, hubo herraduras, discursos patrióticos y fotografía de contingente. 

La escena tiene algo de realismo mágico con presupuesto público: un gobernador bajo el reflector por acusaciones graves cabalgando al frente de una procesión política, como si el galope sirviera para dejar atrás el olor del huachicol. Pero no. Las preguntas no se espantan con sombreros. Los expedientes no se archivan con aplausos. Y la justicia —mexicana o estadounidense— no se sustituye con una comida en el Polyforum.

La cabalgata ocurrió además a las puertas del proceso electoral rumbo a 2027 y con la gubernatura de 2028 ya en el horizonte. Así que el mensaje no era precisamente ecuestre: era una demostración de músculo, disciplina y lealtades. Alcaldes, senadores, diputados, gabinete y operadores fueron convocados a posar en la postal de la “unidad”, esa palabra que en Morena suele significar “nadie pregunta, nadie se mueve y todos aplauden”. La versión oficial reportó participación de autoridades de los 43 municipios, legisladores y miembros del gabinete estatal. 

Mientras tanto, dentro de Morena Tamaulipas la supuesta unidad parece más bien una pelea de corral por las candidaturas: unos se acusan de huachicol, otros de desvíos, otros de corrupción y otros de vínculos criminales. Es decir, la familia guinda no está unida: está sentada sobre un barril de gasolina, discutiendo quién se queda con los cerillos.

Y entre los nombres que acompañaron la cabalgata aparecen figuras políticas a las que distintas versiones periodísticas han relacionado políticamente con Sergio Carmona, el empresario asesinado en 2021 y señalado en reportes públicos por presuntas operaciones de financiamiento irregular. La pregunta no es si podían montar: la pregunta es por qué nadie parece dispuesto a desmontar del discurso y responder ante la ley.

Américo Villarreal pidió cerrar filas en torno a Claudia Sheinbaum. Pero antes de cerrar filas, quizá tendría que abrir expedientes, abrir cuentas, abrir contratos y abrir la puerta a una investigación independiente. Porque un gobernador no se limpia con una cabalgata. Mucho menos cuando los señalamientos ya no son chismes de plaza, sino versiones periodísticas sobre indagatorias al otro lado del Río Bravo. 

Al final, la “Cabalgata de la Unidad” dejó una imagen perfecta del régimen: funcionarios montados, acarreados alineados, premios rifados y preguntas sin responder.

En Tamaulipas, al parecer, cuando la justicia se aproxima, el poder no da la cara.

Se sube al caballo.

Con información: ELNORTE/

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