Estados Unidos le puso candado a más de 65 millones de dólares ligados al círculo del gobernador de Morena con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y aseguró dos departamentos en Texas, mientras en México la presidenta Claudia Sheinbaum sigue fingiendo y pide pruebas sobre las pruebas con un estándar tan alto, que nunca le seran suficientes.
Autoridades estadounidenses congelaron más de 65 millones de dólares en cuentas de familiares y empresas vinculadas al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, como parte de una investigación financiera por presuntos nexos con el narcotráfico.
El paquete incluye el aseguramiento de dos departamentos en McAllen, Texas, propiedad del entorno cercano del mandatario sinaloense, que habrían funcionado como parte de esa estructura patrimonial en dólares contantes y sonantes.
Las medidas derivan de una ofensiva legal del Departamento del Tesoro y el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa acusados de proteger al Cártel de Sinaloa y a “Los Chapitos”.
El expediente gringo
En el Distrito Sur de Nueva York se presentó una acusación formal contra Rocha Moya y al menos nueve altos funcionarios y exfuncionarios por asociación delictuosa para la importación de narcóticos, incluyendo fentanilo, cocaína y metanfetaminas hacia Estados Unidos.
El gran jurado ordenó que todos los implicados entreguen cualquier bien derivado directa o indirectamente de ganancias ilícitas, lo que se traduce en decomisos, congelamientos y notificaciones de forfeiture sobre propiedades y cuentas en territorio estadounidense.
La lógica es brutalmente simple: si tu carrera política se sostiene sobre dinero sucio, ese dinero deja de ser tuyo y pasa a manos del gobierno estadounidense, con o sin cooperación del Estado mexicano.
La narcoeconomía del entorno de Rocha
Mientras el gobernador con licencia presume una vida relativamente austera en su declaración patrimonial, su gente cercana se especializa en multiplicar inmuebles, cuentas y empresas a billetazos de contado.
Casos como el de Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas, que terminó su paso por el gobierno con 45 inmuebles, nueve vehículos, varias empresas y millones en ingresos por arrendamientos, son piezas clave para entender la arquitectura financiera que hoy observan los fiscales estadounidenses.
En paralelo, reportes periodísticos detallan cómo se expandieron propiedades de este círculo en fraccionamientos exclusivos de Sinaloa y otros estados, mientras se mantenían relaciones señaladas con el Cártel de Sinaloa.
Red de poder y dinero
| Elemento | Rocha Moya y círculo cercano |
|---|---|
| Bienes congelados en EE.UU. | Más de 65 millones de dólares en cuentas y activos financieros. |
| Propiedades aseguradas | Dos departamentos en McAllen, Texas, ligados a familias y empresas del entorno. |
| Cargo principal | Gobernador con licencia de Sinaloa, acusado en EE.UU. por vínculos con narcotráfico. |
| Funcionarios clave | Enrique Díaz Vega, Enrique Inzunza, Dámaso Castro, entre otros bajo lupa judicial. |
| Origen de recursos | Ganancias ilícitas por protección a “Los Chapitos”, según acusación formal. |
Que dijo Melesio Cuen antes de morir ejecutado
Lo que dijo Melesio Cuén, es básicamente esto: Rocha y sus hijos pasaron de la hambre política a la dieta VIP de casas de 13 y 23 millones en cuestión de una campaña, y el origen de esos fondos huele más a gobierno y crimen que a sueldo de maestro de secundaria.
Del “nadie pelaba al maestro Rocha” al millonario exprés
Cuén recuerda en su podcast, antes de ser brutalmente ejecutado y de que las investigaciones del crimen quedaran empantanadas por el propio gobierno de Morena y de Rocha Moya, que cuando pactó apoyarlo, éste estaba políticamente arrinconado y económicamente seco: “nadie pelaba al maestro Rocha” y “no tenía dinero el maestro Rocha”.
Describe a José Rocha Ruiz, hijo del gobernador, como el tipo que cargaba el maletín de Mayra Peñuelas en Ciudad de México, viviendo de favores y sin capital propio, y a Ricardo Rocha Ruiz en una casa de interés social en la Conquista, pagándola poco a poco.
Incluso apunta que el senador Ricardo Monreal tuvo que prestarle 500 mil pesos para moverse, una radiografía de precariedad que contrasta brutalmente con lo que vino después del apoyo a Morena y a Rocha.
Cuando llegó Morena, llegó el dinero
El quiebre narrativo de Cuén es claro: “cuando nosotros tomamos la decisión de apoyar a Morena y al maestro Rocha, el dinero sobró”.
A partir de ese momento, dice, vio “dinerales” caer sobre la familia Rocha, tanto que al terminar la elección “se quedaron con mucho dinero y empezaron a comprar casas por todos lados”.
Lo que se sugiere aquí, con nombres y direcciones, es que la campaña no fue sólo la puerta al poder, sino la tubería por donde circuló dinero que después terminó convertido en ladrillos de lujo bajo la mirada y complicidad del entonces Delegado de Morena en Sinaloa,Americo Villarreal Anaya,hoy gobernador de Tamaulipas.
La ruta de las casas y las facturas
Cuén detalla una coreografía patrimonial muy concreta: Ricardo Rocha, que vivía en La Conquista, pasa a comprar una casa en un fraccionamiento privado detrás de la Chevrolet, en San Ángel, por un valor de 13 millones de pesos.
Según su relato, la casa se facturó por un monto menor —habla de unos 4.5 millones— cargados a la cuenta con la que se cerró la campaña, lo que implica usar la estructura financiera electoral para justificar una parte de una compra de alto valor.
El patrón se repite: menciona otra casa en Los Álamos, de 23 millones de pesos, y otra en La Primavera, donde ya vivían la hija y el hijo, pero que luego se “actualiza” a una casa de mucha mejor calidad, todo con fechas clave: 2020–2021, justo al cierre del ciclo electoral.
Del hambre al depredador: origen de los fondos
El contraste que subraya Cuén es casi pedagógico: mientras a él lo acusaban de facturar 400, 500, 600 mil pesos ben 5–6 años, a la familia Rocha la describe como “depredadora”, comprando propiedades de ocho cifras como si fueran electrodomésticos en oferta.
Remata con un gesto de reto: “yo no hablo por hablar. Si quieren les enseño todo. Les voy a demostrar es más todo”, sugiriendo que tenia documentos, facturas y fechas para sostener la narrativa de enriquecimiento acelerado, enseguida vino la ejecución.
En su lógica, el verdadero ladrón no es el aliado incómodo, sino el clan que pasa de la austeridad de interés social a un festival de fraccionamientos privados financiados, en buena medida, por dinero que se mezcla entre recursos de campaña, gobierno y, según los expedientes estadounidenses, estructuras ligadas al crimen organizado.
México mirando para otro lado
Mientras en Estados Unidos ya congelaron millones, propiedades y cuentas, en México la UIF apenas confirmó bloqueos internos y el gobierno federal acumula días de silencio y evasivas frente a las solicitudes de detención y extradición.
La narrativa oficial se resume en dos líneas: “no hay pruebas” y “todo es guerra sucia”, pese a que los documentos judiciales y financieros ya circulan en despachos, redacciones y embajadas.
En el discurso público, Rocha Moya insiste en negar vínculos con grupos criminales, pero la foto real es la de un gobernador con licencia cercado por fiscales extranjeros y protegido por la inercia política doméstica.
Lo que falta contar
El decomiso de 65 millones de dólares y dos departamentos no es un capítulo aislado, sino el avance visible de una investigación que apunta a desmontar la narcoestructura financiera de un gobierno estatal mexicano exportada a Estados Unidos.
Lo verdaderamente explosivo será cuando se detallen los nombres de beneficiarios finales, los circuitos de empresas fachada y la ruta del efectivo que salió de Sinaloa para terminar congelado en bancos norteamericanos.
Ahí se sabrá si estamos ante otro caso de corrupción local con ambición internacional o frente a una narcopolítica que ya se siente cómoda operando a escala transfronteriza.
Con información: INFOBAE/ ELSOLYUCATAN/

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