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sábado, 4 de julio de 2026

«NI UNA PINCHE BOTELLA de AGUA TRAIGO: PASAJEROS NARRAN la ÚLTIMA ODISEA en el TREN FALLA que TRAGA SUBSIDIOS a lo BESTIA»… y no genera un centavo partido por la mitad.


El Tren Maya —ese emblema de modernidad tropical con vocación de maqueta que engulle miles de millones de pesos en subsidios sin generar ganancias— decidió ensayar su versión más honesta: la del tren detenido. Pasajeros en la ruta Mérida-Cancún, que compraron un boleto para trasladarse y no para hacer un retiro espiritual forzado, terminaron varados más de cinco horas en el tramo entre Leona Vicario y Cancún, cortesía de una “presunta falla eléctrica”. Presunta, porque en este país todo falla, pero nada es responsable.

A bordo, el paquete premium incluyó calor caribeño sin aire acondicionado, ayuno involuntario y racionamiento de agua. Una experiencia inmersiva en la austeridad, pero sin narrativa épica, sin logística y sin explicación convincente. Los usuarios reclamaron lo básico: comida, ventilación, información. Recibieron silencio administrativo y un vagón convertido en cápsula de sudor colectivo.

El tren debía llegar a las 20:00 horas del 1 de julio. Llegó a las 02:50 de la madrugada del 2. Seis horas de diferencia que en cualquier país se llaman retraso; aquí, al parecer, se llaman “ajustes operativos”. Y por si quedaba duda, la historia se repite —literalmente— como si el sistema también se hubiera quedado en loop: que si el tren Mérida-Cancún llegaba a las 8 de la noche del 1 de julio, que si no llegó hasta las 2:50, que si llegaba a las 8 de la noche, que si no llegó, que si llegaba, que si no llegó. Un copy-paste institucional que describe mejor que cualquier reporte técnico el estado del proyecto: redundante, cansado y sin destino claro.

Entre Leona Vicario y Cancún no solo se detuvo un convoy; se descarriló la narrativa de eficiencia. Porque una cosa es vender futuro y otra muy distinta es entregar presente. Y en este episodio, el Tren Maya no fue transporte: fue espera, calor y una lección básica de física política —cuando falla la electricidad, también se apaga el discurso.

Con información: REFORMA/

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