En medio de 14 mil pares de botas militares, la barbarie sigue haciendo lo suyo: matar inocentes, sembrar pánico y exhibir la impotencia del Estado. En El Habal, Mazatlán, una mujer murió y tres personas quedaron heridas tras un ataque armado dentro de un restaurante; la víctima fue una trabajadora del lugar, alcanzada en medio del fuego cruzado.
Desde el 9 de septiembre de 2024, la llamada “guerra de bandos de la misma banda” en Sinaloa ha dejado un saldo que desmiente cualquier discurso de control.
Si contamos los días de esta carnicería desde el 9 de septiembre de 2024 hasta hoy, 23 de julio de 2026, han transcurrido 683 días de violencia abierta e intermitente. En ese lapso, el costo humano ya dejó de ser “colateral” para convertirse en rutina política y policial: un entorno donde la presencia militar no ha impedido que sigan cayendo civiles, negocios y familias enteras.
Catorce mil botas, cero paz. Y mientras el aparato uniformado posa para la foto, en El Habal la realidad volvió a dar una bofetada: una mujer muerta, tres heridos y otra jornada en la que los inocentes pagaron la factura de la impunidad. La violencia en Sinaloa ya no “está fuera de control”: lleva meses dejando en evidencia que el control, si existe, es apenas un espejismo con escoltas y patrullas.
Desde el 9 de septiembre de 2024 han pasado 683 días de guerra informal en Sinaloa, y las cifras retratan mejor que cualquier discurso la ineficacia del Estado: miles de muertos,de levantados y autos despojados desde el arranque que se acumulan en medio de una militarización que no ha impedido que la barbarie siga cobrando vidas.
Con información: NOROESTE/

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