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domingo, 31 de mayo de 2026

«NO ME EQUIVOQUE dice SEÑOR de las MASACRES: ARRASTRANDO 120 MIL MUERTOS,RECLAMA al SEGUNDO PISO de MAS de 40 MIL,CONTINUIDAD del PRIMERO de 202 MIL CADAVERES»…incendió el país y escogió mal a los bomberos.


Diciembre de 2006: arranca la guerra. Mayo de 2026: el marcador no miente, aunque incomode. Más de 736 mil muertos ,sumados todos los sexenios combatientes al crimen y ya contada la violencia exacerbada durante el gobierno del expresidente Felipe Calderón, e incluso los mas de 202 mil de AMLO y los mas de 40 mil de Claudia Sheinbaum,aunque todos insistan dolosamente en solo constar los suyos.

El preambulo de cifras porque ayer reaparecio Felipe Calderon el señor de las 68 masacres perpetradas por el ejercito y policias, documentadas por Vice (2007-2011), para decir con una serenidad casi quirúrgica, que sí, que todo estuvo bien… bueno, casi todo.

Porque en su versión, el error no fue incendiar el país con militares, sino escoger mal a los bomberos.

En un mitin de apoyo a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos —envuelta también en sus propias historias judiciales capitalizadas politicamente por la estultez de morena y el Gobierno—, Calderón defendió lo que ya es uno de los capítulos más sangrientos de la historia reciente de México. Según él, enfrentar al crimen organizado no era una opción, sino una obligación moral. Y lo sigue siendo. El detalle, dice, fueron los “errores y limitaciones”.

Traducido del calderonés: la estrategia era impecable… salvo por los funcionarios, las ejecuciones, las alianzas tácticas dudosas y ese pequeño detalle de que, en muchos casos, el Estado parecía combatir a unos cárteles mientras otros avanzaban con escolta institucional.

Pero Calderón insiste: no había alternativa. O estabas con los ciudadanos o con los delincuentes. Blanco o negro. Una narrativa cómoda que omite ese amplio espectro gris donde operaron complicidades, omisiones y, según múltiples investigaciones, estructuras infiltradas hasta el tuétano.

Mientras tanto, el país siguió acumulando cadáveres como si fueran estadísticas administrativas. Hoy, con gobiernos posteriores sumando su propia cuota —mas de 40 mil muertos en los primeros meses del nuevo sexenio y un ritmo de 69 homicidios diarios que apunta a otros 151 mil—, el debate ya no es si la estrategia funcionó, sino quién carga con qué parte del desastre.

Y ahí es donde Calderón decide voltear la mesa: acusa al actual gobierno de proteger a criminales, denuncia persecución política contra “funcionarios que cumplen” y advierte que México se encamina a un Estado autoritario.

El problema es que ese discurso llega después de haber inaugurado una lógica donde la militarización se volvió norma, la violencia se disparó y la línea entre autoridad y crimen se volvió, en demasiados casos, peligrosamente difusa.

Así que no, Calderón no se equivocó —según él— en la decisión ni en la estrategia. Se equivocó en los nombres.

Como si cambiar piezas en un tablero donde ya se jugaba con reglas rotas hubiera sido suficiente para evitar que el país terminara convertido en un campo de batalla con saldo de guerra no declarada.

Pero en política mexicana, parece que siempre hay margen para una última pirueta narrativa: convertir una tragedia estructural en un simple error de casting que aun esta castigando a los ciudadanos ,pues su gobierno esta usando su misma estrategia,con el mismo ejercito, para ilusamente esperar un resultado distinto.

Con informción: ELNORTE/ TRESEARCH/

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