El Cartel del Golfo ya no es una organización con un solo jefe que reparte órdenes y subordinados que las cumplen. Es una constelación de facciones que se disputan territorios, rentas criminales y una marca que, aunque perdió su antiguo esplendor, todavía sirve para traficar, extorsionar,levantar,ejecutar y controlar zonas estratégicas de Tamaulipas. La estructura se hizo pedazos; el negocio, no. Así lo describe el perfil de InSight Crime publicado en agosto de 2026.
Los «Escorpiones» y los «Ciclones» concentran la mayor parte del poder. Junto con los Metros, los Rojos y las Panteras, integran un mosaico criminal donde compartir apellido no garantiza compartir intereses.
Desde enclaves fronterizos como Matamoros y Reynosa, estas facciones trafican drogas y migrantes hacia Estados Unidos, trasladan armas y dinero en efectivo hacia México y sostienen complejos esquemas de extorsión. Su influencia territorial se ha reducido, pero confundir fragmentación con desaparición sería una ingenuidad bastante peligrosa.
De transportista a dueño del negocio
El perfil sitúa los orígenes de la organización narcotraficante en 1984, cuando Juan García Ábrego tomó el control del negocio de su tío: una operación relativamente pequeña de marihuana y heroína. El salto de escala llegó con un acuerdo con el Cartel de Cali, cuyos dirigentes, los hermanos Rodríguez Orejuela, buscaban rutas alternativas para llegar a Estados Unidos después de que la ofensiva estadounidense complicara sus corredores por el Caribe.
García Ábrego ofreció hacerse cargo de los cargamentos de cocaína a través de México y asumir los riesgos a cambio de hasta el 50% de las ganancias. No quería quedarse eternamente como el transportista de los colombianos: quería una tajada del negocio grande. Cuando fue extraditado a Estados Unidos, en enero de 1996, el Cartel del Golfo ya generaba miles de millones de dólares anuales y había construido una red de distribución que iba de Houston a Atlanta y de Nueva York a Los Ángeles. El efectivo regresaba a sus propietarios en maletas, aviones privados y túneles subterráneos.
Otros capos siguieron el ejemplo, entre ellos Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, jefe del Cartel de Juárez. Los mexicanos comenzaron a exigir mayor control sobre la distribución, en lugar de conformarse con cobrar por transportar mercancía ajena. A finales de los noventa, sus redes de cocaína, metanfetamina y heroína competían con el Cartel de Cali en tamaño, sofisticación e ingresos.
También disputaban influencia política mediante sobornos a colaboradores del gobierno, ministros, policías federales y miembros de la entonces Procuraduría General de la República, hoy Fiscalía General de la República. El crecimiento no fue únicamente logístico: también se compraron puertas abiertas dentro del Estado.
Con Osiel Cárdenas Guillén, sucesor de García Ábrego, llegó la militarización. Reclutó al menos a 31 antiguos soldados de las Fuerzas Especiales mexicanas, con salarios de hasta tres veces lo que recibían en servicio.
Eran francotiradores, dominaban armamento entonces poco accesible para sus rivales y podían desplegar operaciones rápidamente en distintos entornos. Para el estilo confrontativo y brutal de Cárdenas, el equipo era a la medida.
Cárdenas fue capturado en 2003, después de que el Departamento de Estado estadounidense ofreciera una recompensa de US$2 millones. Su unidad de protección terminó operando de manera independiente como Los Zetas: los guardaespaldas se convirtieron en una organización propia y en el legado más sanguinario del Cartel del Golfo, según el perfil. La seguridad privada del capo acabó siendo un problema público de dimensiones nacionales.
La cúpula: captura, muerte y vacío
La sucesión de dirigentes fue menos una transición ordenada que una cadena de capturas, asesinatos y mandos fugaces. Cada caída abrió otro hueco; los grupos locales fueron ganando autonomía hasta dejar al cartel sin una dirección única reconocible.
| Nombre | Papel y trayectoria |
|---|---|
| Jorge Eduardo Costilla Sánchez, “El Coss” | Asumió las operaciones rutinarias después de la extradición de Osiel Cárdenas a Estados Unidos en 2007. Fue capturado en septiembre de 2012. |
| Antonio Cárdenas Guillén, “Tony Tormenta” | Hermano de Osiel, dirigió el negocio del narcotráfico hasta que fue abatido en noviembre de 2010. |
| David Salgado, “Metro 4” | Figuraba entre los candidatos a suceder a El Coss. Fue asesinado por desconocidos muy conocidos en enero de 2013. |
| Mario Ramírez Treviño, “X20” | Sicario y rival interno de Salgado, asumió brevemente el control después de su asesinato. Fue detenido en Tamaulipas en agosto de 2013 y permaneció en una prisión mexicana hasta su muerte en 2025,luego de ponerle el dedo al «Menchito». |
| Julián Manuel Loisa Salinas, “El Comandante Toro” | «Comandó sicarios en Reynosa y. Fue abatido por fuerzas federales en abril de 2017 tras la llegada de Cabeza de Vaca a la gubernatura. |
| José Antonio Romo López, “La Hamburguesa” | Otro de los cabecillas, fue capturado por el Ejército en mayo de 2017. |
| José Alfredo Cárdenas Martínez, “El Contador” | Sobrino de Osiel, fue capturado a comienzos de 2018 y nuevamente en 2019, luego la Marina lo detuvo por tercera vez en 2022; posteriormente, un juez revocó su prisión preventiva y ordenó liberarlo. El Departamento de Justicia estadounidense lo imputó por narcotráfico y solicitó su extradición, pero no ha sido cumplimentada. |
| José Alberto García Vilano, “La Kena” | Uno de los principales líderes que mantuvo el poder en ausencia de Alfredo Cardenas. Fue detenido en en Monterrey en de 2024 y en febrero de 2025 fue trasladado a custodia estadounidense para enfrentar cargos por narcotráfico y lavado de dinero. |
| Armando López Garcés, “El Pajarito” | Autoridades mexicanas y estadounidenses lo identifican muy cercano al actual mando Alredo Cardenas . |
Osiel Cárdenas, por su parte, fue liberado en Estados Unidos el 30 de agosto de 2024. En diciembre de ese año lo deportaron a México y quedó recluido en el penal de máxima seguridad del Altiplano para enfrentar procesos pendientes por delincuencia organizada y otros delitos. Su regreso no recompuso la organización: el antiguo jefe volvió, pero el mando único no.
La fragmentación tampoco se explica solo por la caída de los capos. Para extender su influencia y cubrir territorio, el Cartel del Golfo recurrió a alianzas con grupos locales. Entre la presión de las autoridades, la violencia constante y los vacíos de mando, esos aliados ganaron independencia y conservaron el control de las economías ilícitas. La familia Cárdenas mantiene influencia en algunas estructuras, pero influencia familiar no equivale a control general.
La frontera sigue pagando
Tamaulipas continúa siendo el centro histórico de operaciones, con Matamoros y Reynosa como sus bastiones principales. Controlar esas ciudades significa intervenir en los flujos de drogas, armas y migrantes, de ahí su importancia operativa y financiera. El cartel perdió alcance, no el interés por los puntos donde se cobra y se cruza.
Las facciones se concentran principalmente en Tamaulipas, aunque algunos de estos grupos tienen presencia en partes de San Luis Potosí, Nuevo León, Campeche y Quintana Roo. Fuera de esos espacios, el perfil describe una presencia muy limitada en el resto del país.
Para InSight Crime, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha expandido su presencia en Tamaulipas y el CDG lo ve como una amenaza, aunque, en los hechos, hay una alianza con César Morfín Morfín, alias «Primito», que controla de Reynosa hasta Miguel Alemán.
A ese mapa se suma el combustible. Una investigación de El País, reseñada por InSight Crime el 13 de julio de 2026, vinculó a los Metros con una extensa red binacional de contrabando en la que también participaría el CJNG. El esquema habría movido millones de litros mediante puertos y aduanas de Tamaulipas, con la presunta colaboración de empresarios, funcionarios aduaneros y miembros de las fuerzas de seguridad.
Según esa investigación, más del 95% del combustible contrabandeado por las diez empresas examinadas habría ingresado por Tamaulipas. El dato se refiere a esas compañías, no a todo el contrabando nacional. El caso apunta al creciente peso del huachicol fiscal en las economías criminales: la frontera no solo sirve para pasar drogas; también puede servir para convertir el combustible y la evasión fiscal en una caja multimillonaria.
Alianzas con fecha de ruptura
En el historial del Cartel del Golfo, las alianzas han demostrado ser bastante menos duraderas que sus consecuencias violentas. Una pactada en prisión entre Osiel Cárdenas y Benjamín Arellano Félix, dirigente del Cartel de Tijuana, se sostuvo aproximadamente un año y se disolvió en 2005, seguida de otra explosión de asesinatos en la frontera. Un acuerdo temporal de reparto territorial con el Cartel de Sinaloa también se rompió en 2007.
En abril de 2010, la Policía Federal confirmó una alianza entre el Golfo y la Familia Michoacana contra Los Zetas, que incursionaban agresivamente en el bastión tamaulipeco de su antigua organización matriz. Los exguardaespaldas ya no cuidaban la casa: disputaban su control.
Actualmente, facciones del Golfo y de Los Zetas se enfrentan con frecuencia en Tamaulipas, mientras los distintos grupos arman alianzas cambiantes y estrenan rivalidades.
La presión estadounidense también aumentó. En febrero de 2025, el Departamento de Estado designó al Cartel del Golfo como organización terrorista extranjera, ampliando las herramientas legales y financieras contra sus integrantes y redes de apoyo. Su ubicación fronteriza y su participación en el tráfico de drogas y migrantes lo mantienen bajo escrutinio.
El retrato que ofrece InSight Crime no es el de un cartel intacto ni el de una organización liquidada. Es el de una estructura sin jefe único, con menos territorio e influencia que en su época dorada, pero con facciones autónomas que todavía conservan poder y control sobre negocios estratégicos. Se acabó la unidad; no la capacidad de hacer daño ni de cobrar por hacerlo.
Con información: INSIGHT CRIME

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