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domingo, 4 de octubre de 2026

LAS “BARRAS CHISMOSAS”: MATAN A ADULTA MAYOR en CULIACÁN y las CIFRAS HABLAN de la MONTAÑA de SANGRE"… no de éxito MILITAR, ni de la estrategia de HARFUCH.


Ayer sábado ua adulta mayor fue asesinada dentro de una vivienda en Culiacán. No era el objetivo anunciado de una guerra ni una baja en un parte oficial: era una mujer que estaba en su casa cuando las ráfagas de fusil de asalto atravesaron la colonia 10 de Mayo y convirtieron una calle habitada en campo de tiro.

La barbarie administrada

Culiacán vuelve a ofrecer la postal que el discurso oficial pretende normalizar: casquillos regados en la calle, fachadas reventadas, familias huyendo de sus propias casas, militares acordonando después de que los disparos ya hicieron su trabajo y una adulta mayor muerta. 

La víctima ni siquiera ha sido identificada públicamente; por ahora, en el registro disponible publicado por NOROESTE, es “una adulta mayor”. Otra vida reducida a una categoría, otro cadáver integrado a la estadística que el poder administra con maquillaje como si fuese parte del mobiliario de la crisis. 

La agresión ocurrió alrededor de las 18:50 horas del sábado, en la calle Girasol, entre el callejón Nardo y la calle 19 de Septiembre, en la colonia 10 de Mayo. Hombres armados dispararon contra una vivienda con fusiles de alto poder; la casa atacada quedó severamente dañada y otra residencia enfrente también recibió impactos. Los familiares que estaban dentro corrieron a refugiarse. La mujer no tuvo esa oportunidad. 

No fue un daño colateral en abstracto. Fue el resultado concreto de un modelo de seguridad incapaz de impedir que un comando descargue armas largas contra una casa en una zona urbana. Cuando la respuesta llega después, con cinta amarilla, patrullas, peritos y el ritual burocrático de siempre, no hay control: hay administración de las consecuencias.

Las barras no hablan de éxito

Las gráficas que publica oportunamente NOROESTE no describen una contención; describen un sistema de violencia que cambia de intensidad, pero no de lógica. De enero de 2024 a septiembre de 2026, los homicidios dolosos de mujeres muestran picos y descensos, sí, pero también una persistencia que desmiente cualquier presunción de triunfo. 

En septiembre de 2026, la propia gráfica marca 26 feminicidios y cero homicidios dolosos de mujeres; en agosto aparecen 23 feminicidios y 3 homicidios dolosos. No es una buena noticia que la clasificación se mueva: es una señal de que la violencia contra las mujeres sigue escalando y exige esclarecer cómo se están integrando e investigando los casos.

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Las barras de muertes violentas son todavía más brutales porque no necesitan adjetivos. Después de que septiembre de 2024 cerró con 144 homicidios, octubre registró 187; mayo de 2025 llegó a 186 y junio de 2025 alcanzó 241. 

Luego de meses con cifras entre 121 y 164 durante 2026, septiembre cerró en 153 y la proyección para octubre era de 171, con corte al día 2. Es decir: no se observa una reducción sostenida, sino una montaña rusa de sangre cuya normalidad es mantenerse por arriba de cien muertes violentas mensuales.

Llamar a eso “contención” exige una elasticidad moral considerable. Llamarlo “éxito” es peor: es pedirle a la sociedad que compare el desastre de hoy con un desastre mayor y aplauda porque el incendio cambió de cuarto.

Un parte de guerra sin cierre

Desde el 9 de septiembre de 2024 y hasta el 2 de octubre de 2026, el saldo consignado en la gráfica es devastador:

  • 3,943 homicidios dolosos: 5.2 asesinatos diarios.
  • 4,433 personas privadas de la libertad: 5.9 al día.
  • 12,621 vehículos robados: 16.8 diarios.
  • 4,016 personas detenidas: 5.3 al día.
  • 212 personas abatidas.

El dato de las detenciones no borra los homicidios; las personas abatidas no devuelven a quienes fueron asesinados; los vehículos recuperados o las capturas anunciadas no resuelven el terror cotidiano de quien ya no sabe si volverá a casa o si una ráfaga ajena le alcanzará dentro de ella. Una estrategia no se mide sólo por cuántos detenidos exhibe, sino por cuántas vidas logra proteger. Y en este balance, la vida civil sigue siendo la variable sacrificable.

Cada número encubre una pregunta que la propaganda evita: ¿cuántas de esas 3,943 víctimas tenían nombre, familia, trabajo, rutina, una silla en la mesa? La adulta mayor asesinada en la 10 de Mayo obliga a devolver esa pregunta al centro. No murió “en un hecho violento”; fue asesinada en un ataque armado contra una vivienda. El lenguaje importa porque la asepsia verbal también encubre responsabilidades.

Vigilar al poder

Manuel Clouthier Carrillo puso el punto que incomoda: una ciudadanía que sólo vota y luego entrega el control completo a los gobernantes renuncia a su papel de dueña de lo público. Su llamado es a recuperar la vigilancia del poder mediante congresos que funcionen como contrapeso, medios capaces de investigar, sociedad organizada y un Poder Judicial al que se le planteen y defiendan causas. “Los ciudadanos somos los dueños del País, los gobernantes son empleados”, resumió. 

En Sinaloa, vigilar al poder no es una consigna decorativa para auditorios ni una tarea que se agota el día de la elección. Es exigir datos completos, verificables y comparables; preguntar por qué las cifras suben o bajan; reclamar investigaciones con nombre y resultado, no boletines de saldo; revisar quién decide la política de seguridad y con qué indicadores se evalúa; y negarse a que una mujer asesinada dentro de una casa quede enterrada bajo el eufemismo de la “incidencia”.

Porque el poder que no es vigilado aprende rápido a administrar la tragedia: cambia el relato, presume operativos, ordena conferencias, multiplica cifras de detenidos y espera que el siguiente tiroteo borre al anterior. La tarea ciudadana es impedir que eso ocurra.

No se trata de exigir milagros. Se trata de exigir lo mínimo que un Estado debe garantizar y hoy no garantiza: que una adulta mayor pueda estar en su propia casa sin que una guerra sin reglas la convierta en otra cifra.

Con información: NOROESTE/ NOROESTE/

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