En poco más de dos años de la cruenta guerra desatada entre dos bandos de la misma banda —el Cártel de Sinaloa—, el balance publicado por Noroeste sigue escurriendo sangre y dolor. Del 9 de septiembre de 2024 al 21 de septiembre de 2026, Sinaloa acumula un saldo que no parece un informe de seguridad, sino la contabilidad de una guerra que ningún bando se atreve a dar por terminada: 3,882 ejecuciones, 4,424 levantones y 12,543 vehículos robados.
La guerra en cifras
El desglose revela qué se está disputando en las calles y carreteras:
| Violencia | Saldo acumulado | Promedio diario | Lectura |
|---|---|---|---|
| Ejecuciones | 3,882 homicidios dolosos | 5.2 | Más de cinco personas asesinadas cada día |
| Levantones | 4,424 personas privadas de la libertad | 6.0 | Seis personas diarias tragadas por la incertidumbre |
| Despojo de autos | 12,543 vehículos robados | 16.9 | Casi 17 unidades arrebatadas al día |
No se trata sólo de homicidios. La estadística dibuja una violencia de tres carriles: matar, levantar para después matar y robar por la fuerza, porque la economía criminal también necesita transporte.
El levantón ya rebasa a la ejecución
El dato más brutal es que las privaciones ilegales de la libertad superan a los homicidios: 4,424 levantones frente a 3,882 asesinatos, una diferencia de 542 casos.
Eso significa que el levantón dejó de ser un episodio excepcional o una amenaza de corrido. Es una herramienta cotidiana de control: para castigar, interrogar,desaparecer evidencia, ajustar cuentas o simplemente marcar territorio. Seis personas al día son arrancadas de la calle, de su casa, de su trabajo o de su vehículo; muchas entran a una cifra y salen del radar público en una entidad donde desparecer casi siempre equivale a morir,aunque aun no, a nivel de Tamaulipas.
La ejecución cierra historias. El levantón las deja suspendidas, y esa incertidumbre también es una forma de terror.
El auto como botín de guerra
Los 12,543 vehículos robados son el gran número del saldo: equivalen a 16.9 casos diarios, más de tres veces el promedio de homicidios dolosos.
No son sólo carros perdidos, pólizas activadas cuando las hay y trámites ante el Ministerio Público. Son camionetas para patrullar, automóviles para escapar, unidades para vigilar, moverse, transportar gente armada o borrar rastros. En una guerra territorial, el vehículo no es un accesorio: es logística y combustible que atiza la guerra.
Mientras la discusión pública se concentra —con razón— en los muertos, el robo violento de autos exhibe la infraestructura de la disputa. Una organización no controla zonas únicamente con fusiles; también necesita ruedas, rutas y la capacidad de dejar a la población a pie.
El resto del inventario
El reporte también contabiliza:
- 3,974 personas detenidas, un promedio de 5.4 diarias.
- 211 personas abatidas, una cifra que obliga a preguntar cuántas correspondieron a enfrentamientos, quiénes fueron, bajo qué circunstancias murieron y cuántas investigaciones independientes existen sobre esos hechos.
Hay casi tantos detenidos como homicidios pero no homicidas, pero las cifras por sí solas no dicen cuántas capturas terminaron en judicialización, cuántas en condena, cuántas fueron liberaciones y cuántas realmente tocaron las estructuras que ordenan la violencia. Detener gente no equivale automáticamente a desmontar la maquinaria y es iluso pensar que todos siguen en prisión.
Una contabilidad del desgaste
El balance de la “Ola” describe una normalidad monstruosa: en promedio, cada día hay cinco homicidios, seis levantones y casi 17 robos de vehículo. No son picos aislados; son una rutina criminal con horario extendido.
La cifra más obscena quizá no sea una sola, sino la suma: Sinaloa no está contabilizando únicamente delitos. Está registrando el costo diario de una disputa armada que convierte cuerpos, personas desaparecidas y automóviles en unidades de medida, igual que en los últimos 20 años.
Con información: NOROESTE/

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