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miércoles, 2 de septiembre de 2026

“NO sea ARGUENDERA, PRESIDENTA”: SHEINBAUM ACUSA a la DEA de BUSCAR SEPARAR a HARFUCH, pero es al REVÉS VOLTEADO»…sin ellos,Batman es Robin


Claudia Sheinbaum salió a acusar a Estados Unidos de querer dividir al Gabinete de Seguridad, pero la escena se parece más a otra cosa: a la Presidenta intentando convertir en sospechoso el respaldo de la DEA a Omar García Harfuch. Si alguien anda buscando pleito donde hay coordinación, no parece estar sentado en Washington.

La Presidenta Sheinbaum volvió a sacar el peine de la conspiración y acusó a Estados Unidos de querer sembrar divisiones dentro de su Gobierno, luego de que el director de la DEA, Terry Cole, destacara la comunicación que mantiene con Omar García Harfuch.

Según Sheinbaum, la DEA no estaría hablando de cooperación bilateral, intercambio de información ni combate al CJNG:estaría aplicando una sofisticadísima táctica de “injerencia” para enfrentar a los integrantes del Gabinete. La lectura presidencial, sin embargo, parece decir más de Palacio Nacional que de Washington: cualquier reconocimiento a Harfuch se convierte automáticamente en una intriga extranjera.

“Ellos buscan de una u otra manera debilitar a los Gobiernos”, dijo Sheinbaum, como si la DEA hubiera emitido un boletín para repartir grillas en el Gabinete y no una advertencia sobre presunta corrupción de funcionarios mexicanos vinculados con el Cártel Jalisco Nueva Generación.

La Presidenta insistió en que hablar bien de uno y mal de otros es una maniobra para fracturar al Gobierno federal. Pero Terry Cole no necesitó hablar mal de nadie para incomodar a Palacio: bastó con reconocer que tiene comunicación fluida con Harfuch y que hay intercambio constante de información. En la lógica de la mañanera, elogiar al secretario de Seguridad ya equivale a montar una operación de desestabilización.

Más que una defensa serena de la soberanía, Sheinbaum pareció emprender una campaña para poner distancia entre la DEA y Harfuch. Y eso sí resulta llamativo: mientras el funcionario estadounidense presume coordinación con el titular de Seguridad, la Presidenta se apresura a advertir que ese acercamiento podría esconder un intento de dividirlos.

El asunto de fondo, además, no era menor. El 23 de agosto, Cole advirtió que altos funcionarios mexicanos que habrían protegido al CJNG están en la lista prioritaria de la agencia. También habló de acusaciones desclasificadas que exhiben presunta corrupción gubernamental en México y de funcionarios de alto nivel que trabajan directamente con cárteles.

Pero ante una acusación de ese tamaño, la respuesta presidencial no fue exigir nombres, transparentar investigaciones ni explicar qué se está haciendo para identificar a los posibles protectores del narco. No: el problema, según Sheinbaum, es que Estados Unidos habla demasiado bonito de Harfuch.

La Mandataria aseguró que el Gabinete de Seguridad tiene una “unidad enorme”, una coordinación “extraordinaria” y mucho patriotismo. La defensa fue tan enfática que dejó la impresión contraria: nadie había hablado de una fractura interna hasta que la propia Presidenta decidió instalarla como tema central.

También atribuyó las declaraciones de la DEA a las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos. Es decir, si Washington denuncia nexos de funcionarios con el CJNG, es campaña; si reconoce coordinación con Harfuch, es injerencia; y si insiste en perseguir a quienes protegen al crimen organizado, seguramente también será parte de una estrategia electoral.

Sheinbaum pidió a Estados Unidos que se ocupe de sus propios asuntos y aseguró que México atiende los suyos. El detalle incómodo es que el CJNG no opera como problema doméstico de un solo país, y que la cooperación con la DEA no debería ser tratada como una ofensa cuando conviene, ni como un complot cuando el interlocutor estadounidense tiene mejor relación con un miembro del Gabinete que con el discurso presidencial.

Nada propio de una estadista que enfrenta una acusación delicada con datos, investigaciones y exigencias de rendición de cuentas. Mucho más cercano a la arguendera que, al ver que alguien saluda a una persona de la mesa, concluye que ya le están armando un bando.

Con información: ELNORTE/

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