La ocurrencia del aun gobernador de Morena en Tamaulipas,Americo Villarreal Anaya, salió el 1 de septiembre, camino al Segundo Informe, a la salida de un restaurante del Centro Histórico. No fue un discurso. Fue una frase de pasillo, de esas que se sueltan cuando el periodista ya tiene el micrófono a cinco centímetros y el gobernador de un estado fronterizo necesita convertir una sospecha en virtud.
Américo Villarreal Anaya lo formuló así: “Yo creo que ahorita le quitan tantas visas a tanta gente, que va a ser en un momento dado meritorio que no tengas visa”. Y, por si acaso, el apéndice obligatorio: él sí la tiene. Ya la mostró. Veinte veces, según su propio recuento. No será testigo protegido. Se ajusta a las leyes mexicanas. Fin del número.
El truco es antiguo y no por eso menos audaz: si te quitan el documento, no es un problema de seguridad de Washington; es un diploma de soberanía. Tener visa empieza a oler a complicidad con el Imperio. No tenerla, a medalla. El gobernador de Tamaulipas —estado con tres de los cruces más gordos del planeta— acaba de sugerir que el mérito fronterizo consiste en no poder cruzar.
La red no lo tomó como epopeya. Lo tomó como maroma.
El video de Reforma (Natalia Vitela) fue el que más corrió: 87 mil vistas, 253 likes, 58 retuits, 15 citas, 42 respuestas. No es un incendio nacional, pero sí el clip oficial de la ocurrencia.
El que más mordió, con menos audiencia y más veneno, fue Luis Cárdenas: casi 20 mil vistas, 490 likes, 148 retuits, 27 citas y 119 respuestas. El texto no disimuló: “los morenistas ya no saben qué maroma hacer ante las presiones de EU”. Ahí está el termómetro real. No el volumen de Reforma; el sarcasmo que se multiplica.
Mónica Garza subió el mismo video a 7 mil vistas. Manuel López San Martín lo despachó con la misma tesis de la maroma (4.6 mil vistas). Karla Iberia Sánchez fue más quirúrgica: recordó que el hombre que convierte en mérito no tener visa gobierna el estado de los puertos, y remató con el “Yo SÍ TENGO” en mayúsculas, como si el aclaratorio fuera la parte más elocuente del chiste.
Sandra Romandía metió el dedo en la llaga que Villarreal quiere tapar con la frase: ZETA y otras pesquisas sostienen que el plástico puede seguir en la cartera precisamente porque no ha intentado cruzar desde noviembre de 2024, cuando fue a SpaceX en Brownsville. En el sistema, según esas fuentes, el visado ya no vive. El mérito, entonces, no sería ideológico. Sería administrativo.
Eso es lo puntilloso del episodio. No que un gobernador se ponga altivo con Washington. Es que, después de meses mostrando la mica como reliquia, ahora ensaya el plan B: si un día el plástico no sirve, el relato ya está escrito. No lo echaron. Se gradúa.
Tamaulipas no es un estado simbólico para este juego. Es aduana, puente, huachicol, carga y frontera dura. Convertir la revocación en honor es una operación de lenguaje para no tener que responder la única pregunta que importa: no si la visa es meritoria, sino por qué un mandatario de esa geografía lleva casi dos años sin poner un pie del otro lado y aun así insiste en que el documento late.
La ocurrencia no lo salvó. Lo exhibió. El tuit que más se comparte no es el de la soberanía; es el de la maroma. Y las métricas, modestas para el tamaño del cargo, dicen lo mismo: la frase no encendió una causa. Encendió una sonrisa torcida. En política fronteriza, esa sonrisa suele ser más cara que una visa cancelada.
Con información: «X»/@redes/

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