A escasos metros del domicilio de Rubén Rocha Moya, gobernador de Morena con licencia y señalado por sus vínculos con el Cartel de Sinaloa, aparecieron municiones, equipo táctico y dos viviendas bajo sospecha en el exclusivo complejo Banús 360, en el sector Isla Musala de Culiacán. La cercanía no es una metáfora política: es geográfica, concreta y difícil de disimular.
El crimen organizado ya no ronda al poder en Sinaloa: le renta la casa de enfrente.
Una denuncia anónima bastó para que fuerzas estatales y federales descubrieran que, en el complejo residencial Banús 360 —donde tiene domicilio el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya— había algo más que vecinos discretos, vigilancia privada y casas de lujo: municiones, equipo táctico y dos inmuebles bajo resguardo oficial.
El operativo se desplegó aye domingo en la residencial Coruña, en Isla Musala, luego de que agentes del Grupo de Operaciones Especiales de Sinaloa y del Grupo Interinstitucional acudieran a investigar el reporte sobre civiles armados. En una casa de la calle Tiburón encontraron equipo táctico y municiones; al extender la búsqueda, localizaron enfrente otro domicilio con más material ilícito.
Es decir: no se trató de un hallazgo en una sierra remota ni de una guarida perdida entre brechas. El arsenal estaba instalado en el vecindario del gobernador, en uno de los espacios residenciales más blindados y exclusivos de Culiacán. El mensaje es brutal: mientras el discurso oficial promete control territorial, el crimen organizado parece operar con una familiaridad inmobiliaria que no necesita pedir permiso para tocar la puerta del poder.
Y, como suele ocurrir cuando la realidad incomoda, el parte oficial llegó cuidadosamente recortado. La Secretaría de Seguridad Pública presumió el despliegue, el resguardo de los inmuebles y la solicitud de una Orden Técnica de Investigación ante la Fiscalía General de la República. Pero no informó cuántas armas había, qué tipo de municiones fueron encontradas, a quién pertenecían las viviendas ni, sobre todo, por qué no hubo detenidos.
La respuesta, en otras palabras, fue llegar cuando ya no había nadie a quien capturar y presentar como éxito el aseguramiento de objetos. Un operativo de exhibición: patrullas, uniformes, cintas de seguridad y comunicados, pero ningún detenido. Mucho despliegue para confirmar que el armamento estaba ahí; poca eficacia para explicar quién lo puso, quién lo custodiaba y por qué podía operar tan cerca de la residencia de Rocha Moya.
El episodio ocurrió alrededor de las 13:30 horas, después de la marcha por la paz convocada en Culiacán y en medio de otro fin de semana de violencia que volvió a desnudar la fragilidad del Estado en Sinaloa. Mientras la ciudadanía sale a exigir paz, las autoridades celebran haber encontrado indicios del crimen organizado en la misma zona donde vive el gobernador.
En Sinaloa, al parecer, el crimen organizado no necesita esconderse demasiado. Le basta con instalarse cerca del poder, esperar a que llegue un operativo tardío y confiar en que, una vez más, no haya nadie detenido para contar la historia completa.
Con información: ELNORTE/
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