Zenyazen Escobar García, diputado federal de Morena por el distrito 16 de Córdoba y exsecretario de Educación de Veracruz, fue localizado sin vida el 4 de septiembre dentro de su vehículo, en La Gloria, municipio de Puente Nacional. Tenía al menos una lesión por arma de fuego; la FGR atrajo la investigación y, hasta ahora, no existe una conclusión oficial sobre las circunstancias ni sobre responsables.
Del “Tarzán Boy” al poder —y al expediente federal
Pero Zenyazen Escobar García pasó de los reflectores de los bares a los reflectores, mucho menos amables, de la política veracruzana. El diputado federal de Morena, exsecretario de Educación de Veracruz y protagonista de varias polémicas públicas, fue encontrado muerto dentro de su vehículo el viernes 4 de septiembre, en la comunidad de La Gloria, municipio de Puente Nacional.
El dato confirmado es brutal y escueto: el legislador presentaba al menos una herida de bala. El resto está en zona de niebla. El gobierno de Veracruz evitó clasificar el hecho como atentado y sostuvo, con base en información preliminar, que no había señales de una agresión mayor al automóvil.
La Fiscalía General de la República atrajo el caso por tratarse de un diputado federal. Es decir: por ahora no hay versión definitiva, no hay móvil acreditado y tampoco hay responsables identificados públicamente.
Escobar no era precisamente un personaje que hubiera pasado inadvertido. Antes de entrar de lleno a la política, circularon imágenes y referencias de su etapa como bailarín exótico, bajo el mote de “Tarzán Boy”. El propio exfuncionario explicó en su momento que practicaba fisicoculturismo y fitness, y que las fotografías difundidas correspondían a esa época. Pero en la política mexicana —donde la memoria selectiva suele ser deporte olímpico— aquella historia volvió una y otra vez para perseguirlo entre campañas, cargos y pleitos.
Después llegó el ascenso: docente, secretario de Educación de Veracruz durante el gobierno de Cuitláhuac García y, posteriormente, diputado federal por Morena. Una trayectoria de escalones rápidos, respaldos políticos y controversias que jamás terminaron de bajarse del escenario.
La última de esas escenas ocurrió en mayo, en San Lázaro. Escobar protagonizó un altercado con el diputado priista Carlos Gutiérrez Mancilla. Hubo empujones, insultos y el consabido espectáculo de adultos investidos como legisladores comportándose como si el Congreso fuera ring de barrio.
La oposición exigió incluso pruebas toxicológicas ante sospechas sobre su estado; ese señalamiento fue político y no equivale a una acreditación oficial de consumo de alcohol o sustancias. La entonces presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán, tuvo que pedirles algo que, en teoría, debería venir incluido con el cargo: comportarse a la altura de su responsabilidad pública.
Ahora, el personaje que una vez fue convertido en arma de burla por sus adversarios y defendido como cuadro político por los suyos queda en el centro de una investigación federal.
Con información : @JorgeGodl/medios

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