La Fiscalía de Morelos anda tras la pista del hombre que habría asesinado a Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que estaba de intercambio académico en la UAEM y fue atacada con arma blanca en Cuautla.
La misma Fiscalía difundió imágenes : vestido de blanco, mochila negra y todavía en libertad, como si el Estado estuviera jugando a “encuéntralo tú mismo”.
La ficha de búsqueda describe a un sujeto vestido de blanco y con mochila negra. Es decir, la gran estrategia institucional consiste ahora en pedirle a la ciudadanía que reconozca, entre miles de personas, al sospechoso que logró escapar después de atacar a una joven que buscó refugio en la Casa de la Cultura.
Claudia había acudido a un encuentro sobre plantas medicinales. Al salir, según las primeras versiones, fue interceptada durante un presunto asalto. Corrió para ponerse a salvo, entró al recinto cultural, pero el agresor la siguió y la apuñaló. Ni siquiera un espacio destinado a la cultura sirvió de refugio frente a la violencia que ya se pasea sin pedir permiso por Cuautla.
La Fiscalía abrió la investigación bajo protocolo de feminicidio, mientras revisa cámaras y recaba testimonios para identificar al responsable. Hasta ahora no hay detenidos, tampoco certeza oficial sobre el móvil, aunque la hipótesis del robo sigue sobre la mesa.
El asesinato de Claudia no ocurrió en el vacío: es la cuarta estudiante asesinada en Morelos en apenas siete meses. Pero, como suele ocurrir cuando la violencia se vuelve estadística, la indignación llega después, las condolencias se publican rápido y la justicia, si aparece, se toma su tiempo.
La contradicción, sin maquillaje
Mientras el Gobierno mide el flujo de violencia, no necesariamente la eficacia judicial caso por caso. Puede bajar el promedio diario de homicidios y, al mismo tiempo, seguir sin saber —o sin transparentar— cuántos responsables de esos asesinatos fueron identificados, detenidos, vinculados a proceso y sentenciados.
El balance de la estrategia de Omar García Harfuch presume que el promedio diario de homicidios dolosos cayó de 86.9 en septiembre de 2024 a 40.8 en agosto de 2026: una reducción de 53%. Pero el dato acumulado no desaparece por decreto ni por gráfica: TResearch contabiliza 45 mil 641 asesinatos durante el periodo referido, una montaña de cadaveres que crece cada 22 minutos.
Bajaron los homicidios, pero la cuenta sigue incompleta: TResearch registra 45 mil 641 asesinatos mientras la estrategia de Omar García Harfuch exhibe la caída porcentual y una montaña de detenciones, pero no dice cuántos homicidas están realmente detenidos, procesados o sentenciados. Porque contar cadáveres es una estadística; contar responsables tras las rejas sería justicia.
Dicho de otro modo: una detención no equivale automáticamente a un homicida preso, y mucho menos a un homicidio esclarecido. La pregunta relevante no es sólo cuántos arrestos se anuncian, sino cuántas carpetas de homicidio logran identificar al agresor, judicializarlo y obtener una sentencia. EL diario español ,El PAÍS ha señalado justamente esa opacidad: se desconoce el destino de la mayoría de las decenas de miles de detenidos reportados por el Gobierno federal.
Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

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