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jueves, 27 de agosto de 2026

“¿DOÑA CHIMOLTRUFIA con CHALECO GUINDA: SHEINBAUM DEFIENDE los VUELOS PRIVADOS de GOBERNADORA y que ANTES CRITICABA… en vez de aterrizar,ahora despega indignada y pide pruebas.”


La presidenta Sheinbaum de «chaleco guinda» en modo permanente, convirtió vuelos de aviónes privados en una prueba de pureza. En 2021, a Paola Félix le aplicó la máxima sin derecho de réplica: “aquí nadie puede subirse a aviones privados”. Hoy, frente a los vuelos de Mara Lezama, gobernadora de Morena en Quintana Roo, la consigna parece haber mutado a: “primero veamos si la nota tiene fundamento”. 

Aqui la congruencia de Sheinbaum cabe en un avión privado: despega indignada cuando lo aborda un subordinado y aterriza comprensiva cuando la pasajera es de Morena.

Doble rasero, misma pista

En noviembre de 2021, Claudia Sheinbaum no necesitó una auditoría aeronáutica, una mesa técnica ni un peritaje sobre el origen del combustible para castigar a Paola Félix Díaz. Bastó saber que la entonces secretaria de Turismo de la CDMX había abordado un avión privado rumbo a Guatemala para asistir a una boda. La sentencia fue inmediata: fuera del Gobierno.

La explicación fue de una claridad franciscana: no hay privilegios; si quería ir, debía hacerlo en vuelo comercial. “Aquí nadie puede subirse a aviones privados”, dijo Sheinbaum. No había letra chiquita, no había “depende”, no había presunción de inocencia VIP. 

Pero el catecismo cambia cuando el caso lleva matrícula morenista.

Ahora, la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, está bajo cuestionamiento por al menos 43 viajes al extranjero en aeronaves privadas administradas por una firma vinculada corporativamente con Grupo Seguritech, proveedor de su propio Gobierno. La estimación difundida por Reforma ronda casi 20 millones de pesos; una cifra que no constituye por sí misma prueba de pago ilegal ni de uso de recursos públicos, pero que sí exige explicaciones documentadas, no incienso retórico. 

Y ante ello, la Presidenta no sacó la guillotina de 2021: sacó el paraguas. “Tiene que comprobarse”, dijo. Y, como si el problema fuera la existencia del periodismo y no la existencia de los vuelos, añadió que no hay que irse “nada más con notas”. 

La austeridad con membresía

El problema no es que Sheinbaum pida pruebas. Pedir pruebas es lo mínimo exigible en un Estado de derecho. El problema es que en 2021 la sola conducta de usar un avión privado fue presentada como una falta moral y política suficiente para remover a una funcionaria; en 2026, ante una gobernadora de su partido, el estándar se vuelve flexible, investigable, nebuloso y, sobre todo, convenientemente aplazable.

La contradicción es todavía más incómoda porque en mayo de 2025 Sheinbaum envió a Morena una carta de comportamiento ético en la que fue tajante: no es propio del movimiento viajar en aviones o helicópteros privados. El mensaje no decía “salvo que se paguen con recursos personales”, ni “excepto cuando se trate de una necesidad familiar”, ni “a reserva de que la gobernadora ofrezca una explicación en conferencia”. 

La austeridad, pues, parece tener dos terminales:

  • Para los subordinados incómodos: avión privado equivale a renuncia.
  • Para los aliados en aprietos: avión privado equivale a “habría que revisar”.

Sheinbaum tiene razón en una cosa: hay que comprobar los hechos. Pero tendría que empezar por comprobar si su propia frase de 2021 sigue vigente o ya fue cancelada por razones de militancia. Porque “nadie puede subirse a aviones privados” resultó ser, al parecer, una norma con excepciones de altura.

Con información : ELNORTE/

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