“Hola profe, le andamos esperando en la cancha para que puedas volver a entrenarnos cómo lo hacías antes, todos lo extrañamos, todos sabemos que usted es inocente”. “Hola profe, sé que estás pasando por unos días difíciles, lo he extrañado mucho, le pido a Dios que pronto regrese, yo quiero jugar y que esté usted con nosotros porque ahora sí ganaremos profe”. “Hola profe, quiero que sepa que aquí lo esperamos con los brazos abiertos y que no se tome este problema muy estresante, aquí afuera, con nosotros o con su familia, le espera algo mejor. Lo queremos y lo quiero mucho. Atentamente, Mateo”. Son las cartas de tres niños —Dámaso, Chinito y Mateo— a Dagoberto Tejada, entrenador de fútbol detenido en marzo en Mazatlán (Sinaloa) junto al también monitor Cuauhtémoc Peña. Ambos hombres, de 31 y 36 años, fueron arrestados por patrullas de la Secretaría de Seguridad federal en lo que sus familias han calificado de una detención arbitraria. Más de 400 niños, alumnos de sus escuelas de fútbol, protestan ahora por su arresto.
Antes de la medianoche del 29 de marzo, Tejada y Peña recibieron un alto por parte de hombres vestidos de civil que habían salido de una camioneta color blanco, sin logotipos.

Los dos entrenadores se bajaron. Minutos después se acercaron otras patrullas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, a quienes en Sinaloa los conocen como “los Harfuch”. “En una primera instancia me dijeron que los habían levantado, porque lo primero que vieron fue una camioneta blanca, algo que llama mucho la atención y más por toda la ola de violencia que hemos vivido aquí en Sinaloa. Algo tristemente muy recurrente”, contó Leslie, esposa de Dagoberto Tejada, quien pelea por sacarlo de prisión: “Fue una revisión de 38 minutos y se los llevan arrestados sin decirles por qué. Ellos no sabían de qué los estaban acusando hasta que después de muchísimas horas nosotros pudimos entrar a decirles”.
El parte policial recoge las 23.12 como la hora de detención. Los agentes los arrestaron por presuntamente haber encontrado droga y cartuchos. Los policían afirman haber visto desde lejos cómo los echaban a los asientos traseros del coche. No hay evidencia de esos hechos, solo los dichos que constan en la carpeta de investigación con número FED/FEMDO/FEIDMS-SIN/0000402/2026.
En esa misma carpeta no hay fotografías de la droga dentro del vehículo, tampoco de los cartuchos. Lo que sí hay es el reconocimiento de que un agente se subió al automóvil Hyundai en el que viajaban Dagoberto y Cuauhtémoc.
El Estado está envuelto desde hace casi dos años en una pelea salvaje entre las dos facciones del Cartel de Sinaloa, que ha dejado ya más de 2.800 personas asesinadas y 1.700 desaparecidas, según las cifras oficiales, en la que es ya la crisis de seguridad más grave del Gobierno de Claudia Sheinbaum y de su zar de Seguridad, Omar García Harfuch.
La detención
El arresto de Tejada y Peña fue mientras se desarrollaba un operativo en el fraccionamiento Cibeles, donde había un cateo por la Secretaría de Marina, y ello se llevó al expediente de casi 700 páginas. Los agentes afirman que los marinos reportaron un vehículo sospechoso haciendo rondines, pero a la fecha no existe un documento oficial que sustente ese dicho.
“No hay nada en C4 y tampoco reportes oficiales de la Secretaría de Marina”, afirmó Leslie, quien al mismo tiempo señalaba que durante ese operativo hubo periodistas haciendo transmisiones en vivo, con imágenes panorámicas que para lo que han servido es para desacreditar la versión de los agentes.
Dagoberto y Cuauhtémoc estaban juntos esa noche porque convivían entre amigos que comparten la ciudad, el trabajo y la fisión. Dagoberto es maestro en primarias y preescolares, y es estudiante de doctorado; hace una década fundó la academia Dragones, donde entrena a unos 200 niños. Cuauhtémoc trabajó en fuerzas básicas del extinto equipo de Primera División Mazatlán FC y luego creó la academia Muralla, también con 200 niños en sus filas. Las academias de futbol han adoptado la frase #ProfeYoCreoEnTi, una campaña permanente que sostiene la esperanza contra una detención que consideran arbitraria.
“Por lo que ha ocurrido, soy yo quien se encarga ahora de la academia de futbol de mi esposo. Por lo que pasó se fueron algunos niños, pero han entrado muchos más. Todos creemos en que lo que se hizo está mal”, dijo Leslie, quien está encargada de maternar a su bebé de siete meses, trabajar como oficinista, hacer de investigadora y administrar la escuelita de futbol. La mujer contó que desde la detención no se ha hecho una acusación formal, que incluso el Ministerio Público Federal no cuenta con las pruebas suficientes para poder enjuiciar a los profesores de futbol.
A ambos hombres los llevaron al Centro Federal de Readaptación Social Número 8, en Guasave, desde donde se comunican por teléfono en llamadas breves. Es así que Leslie y los abogados que le acompañan se han enterado que agentes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana los visitan constantemente para preguntarles sobre aquella noche.
“Van a preguntarles qué pasó para ver si llegan a caer en alguna contradicción. Pero si las 100 veces que los han ido a ver, las 100 veces la misma versión. No hay manera de que ellos cambien una versión porque no hay nada fuera de la realidad”, aseguró. La esperanza ahora corre sobre que los agentes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana se rindan por no contar con pruebas suficientes, que el Ministerio Público Federal se desista ante el juez y que Dagoberto y Cuauhtémoc vuelvan a casa.
“Hola Mateo. Primero quiero darte las gracias por escribirme y por creer en mí, en tu profe de futbol desde bien pequeño. Hijo, quiero que sepas que estoy tranquilo porque quiero que sepas que pronto voy a tener mi libertad y así podré estar con ustedes de regreso en las canchas, primero Dios así será”, escribió Dagoberto desde la prisión en Guasave, a la espera de que este año se resuelva su caso.
Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ MARCOS VIZCARRA





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