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viernes, 24 de julio de 2026

«USTEDES PAGARON su ENTRENAMIENTO: VERDUGOS de ALTO RANGO se EDUCARON en la POLICIA o el EJERCITO pero en el CRIMEN se GRADUARON»…hay hasta gobernadores.

“Proteger y servir” es el lema correcto, pero más de una vez lo han confundido con “servil”… porque en México, las fuerzas de seguridad y los propios gobiernos parecen haberse convertido en una especie de escuelita del crimen: se capacitan con dinero público, aprenden el oficio con cargo a los impuestos, pero se gradúan en el crimen organizado.

La ironía es de manual: el Estado invierte en formar guardianes y luego termina financiando a sus propios verdugos.

Muchos de los encargados de “proteger y servir con honor, valor,lealtad y sacrificio” y no solo en Tamaulipas ,se han torcido con una frecuencia ya difícil de llamar accidente. En las fuerzas de seguridad se preparan con cargo a los impuestos; en el crimen organizado, en cambio, se gradúan con honores, porque allá sí saben aprovechar el talento que aquí se desperdicia entre sobornos, colusiones y lealtades de plastilina.

Si la realidad no fuera tan grave, daría risa: el país entrena a policías y militares para combatir al narco, pero al servicio de gobernadores o presidentes narcos, mientras una parte de ese personal acaba alimentándolo. Un negocio redondo, solo que pagado por los contribuyentes y cobrado en sangre.

Que dice NOROESTE:

El jueves 25 de junio el Ejército arrestó a Misael Guerrero Pérez, “El Güero Pin”, jefe regional de Los Chapitos en el sur de Sinaloa, pero lo relevante es que con él se encontraba Hilario Martínez, ex director de Seguridad de Escuinapa. Podría parecer un caso aislado de ex policías que cambian de bando, pero lamentablemente es bastante recurrente.

El Ejército y las policías se han convertido en semillero de operadores para el crimen organizado. Ya que estas instituciones tienen personal formado en el uso de las armas y con conocimiento del terreno, que puede ser valioso para las organizaciones, los reclutan ofreciéndoles salarios más altos que los oficiales.

Lo peor es que la relación entre narcos y agentes del orden no comienza cuando estos son reclutados, sino desde que son parte del Ejército o las corporaciones de seguridad, ya que muchos reciben sobornos a cambio de información o de favores, como es armar operativos en contra de los cárteles rivales.

Se trata de una tendencia preocupante porque significa que el Estado mexicano entrena a quienes más adelante se van a convertir en capos, operadores o sicarios del crimen organizado, lo que nos obliga a desentrañar las razones que hay detrás del fenómeno para buscar disminuirlo en el futuro.

Ejemplos de policías y militares que fueron reclutados por el narco

Miguel Ángel Félix Gallardo fue el capo más poderoso en los años 80 y el único que logró cohesionar a todas las bandas regionales en un megacártel de alcance casi nacional: el Cártel de Guadalajara. Pero lo que pocos saben es que comenzó su carrera como oficial de la Policía Judicial y como escolta del Gobernador de Sinaloa.

Desde esas posiciones, Félix Gallardo tejió la red de alianzas criminales que le permitió construir el Cártel de Guadalajara y también reclutó a otras figuras clave de dicho cártel, como es el caso de Juan José Esparragoza, “El Azul”, y Rafael Aguilar Guajardo, quienes trabajaban en la Dirección Federal de Seguridad.

Aguilar Guajardo fue enviado por Félix Gallardo a Ciudad Juárez para hacerse cargo de la plaza y más tarde fundó el Cártel de Juárez, además de ser mentor de Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”.

Por su parte, Esparragoza fue jefe de seguridad de Félix Gallardo por varios años y, después, una figura clave en la formación del Cártel de Sinaloa, en donde compartió el liderazgo con “El Chapo” Guzmán, “El Mayo” Zambada y Nacho Coronel.

También Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación, formó parte en los años 90 de la Policía de dos municipios en Jalisco, Tomatlán y Cabo Corrientes; lo grave es que lo hizo después de haber sido arrestado en California por tráfico de drogas y ser deportado a México, lo que demuestra los nulos controles en el reclutamiento de los policías.

Pero quizá el caso más paradigmático es el de Los Zetas, que surgió de una unidad de élite de las Fuerzas Armadas, el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), que desertó completa para incorporarse al Cártel del Golfo y convertirse en guardaespaldas de Osiel Cárdenas Guillén.

Para ello, Osiel se acercó primero a Arturo Guzmán Decena para que convenciera a sus compañeros de unirse al Cártel del Golfo. Por eso, 31 militares fueron reclutados, los cuales conformaron el núcleo inicial de Los Zetas, que incluyó a Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, quien fue por años el líder de la organización a la muerte de Arturo Guzmán.

Las policías comunitarias tampoco se salvan, en especial las de Guerrero y Michoacán; por ejemplo, de sus filas surgieron los fundadores de Los Ardillos, Celso Ortega Rosas, “El Ardillo”, y el de Los Tlacos, Onésimo Marquina Chapa, “El Nencho”.

Mientras que, en el caso de Michoacán, en 2013, cuando Alfredo Castillo, enviado por Peña Nieto, uniformó a las autodefensas como policías comunitarios, incluyó en este cuerpo a Juan José Farías, “El Abuelo”, fundador de Cárteles Unidos; a Nicolás Sierra Santana, “El Gordo”, líder de Los Viagras, y a Miguel Ángel Gallegos, “El Migueladas”, que fundó el Cártel de Zicuirán.

Y uno de los ejemplos más recientes es el de Hernán Bermúdez Requena, que además de ser el Secretario de Seguridad de Tabasco, por designación de Adán Augusto López, también creó La Barredora, organización dedicada al robo de combustible y narcomenudeo, de la que fungió como líder hasta su arresto.

Con información: NOROESTE/ VICTOR MANUEL SANCHEZ VALDES/

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