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viernes, 17 de julio de 2026

LA «BUENA SUERTE del JANDO y la MALA de MEXICO: ESPECULAN SI PILOTO que RAPTÓ al MAYO en JULIO y BURLÓ a HARFUCH en FEBRERO,YA ERA INFORMANTE»… y si no, ya lo es.


En México hay talentos que no se reconocen: pilotos que atraviesan fronteras con dos de los capos más pesados del continente… y regresan a casa como si hubieran hecho un vuelo comercial de rutina. Mauro Alberto Núñez Ojeda, alias “El Jando”, no es solo un aviador del narco; es, aparentemente, un imán de buena suerte en un país que parece empeñado en tropezarse solo.

Primer acto: 25 de julio de 2024. “El Jando” despega de Culiacán con un cargamento humano de alto perfil: Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López. No es un vuelo cualquiera, es una pieza central en la geopolítica del narcotráfico. Aterriza en Estados Unidos… y ya hay agentes del FBI esperándolos. Hasta ahí, todo sugiere una operación cantada. Pero el piloto, el hombre clave para reconstruir qué demonios pasó en ese vuelo, simplemente vuelve a México. Sin escándalo, sin proceso ejemplar, sin que nadie lo exprima informativamente como lo que es: una mina de oro.

Segundo acto: febrero de 2025. México detiene a “El Jando” y lo identifica como piloto de “El Chapito”. Uno pensaría que ahora sí: interrogatorios, líneas de investigación, reconstrucción del presunto secuestro de “El Mayo”, ese mismo que el gobierno mexicano denunció como una violación a la soberanía. Pero no. Misteriosamente, nunca lo vinculan con ese episodio. El hombre que literalmente iba en la cabina cuando ocurrió el hecho más delicado, resulta ser irrelevante para ese caso. Una omisión que no es menor: es quirúrgica.

Tercer acto: en nombre de la soberanía —esa que ya había sido “violada”— México decide entregarlo a Estados Unidos por razones de seguridad nacional. Traducción práctica: el testigo incómodo, el posible hilo conductor para entender quién operó el traslado de “El Mayo”, cambia de jurisdicción justo a tiempo. Cuando aquí se dan cuenta de que quizá convenía preguntarle algo más, “El Jando” ya está fuera del alcance.

Cuarto acto: el piloto afortunado se convierte en colaborador de la justicia estadounidense. El mismo hombre que en México parecía no saber gran cosa, ahora tiene suficiente información como para negociar su situación legal. En Estados Unidos, hablar abre puertas; en México, el silencio institucional parece cerrarlas.

Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿de verdad estamos ante un individuo extraordinariamente suertudo o frente a una historia donde la “suerte” es apenas la fachada de algo más estructurado? Porque si “El Jando” fue siempre un colaborador, entonces no estamos ante una cadena de casualidades, sino ante una operación que México nunca controló. Y si no lo fue, entonces el nivel de descoordinación, omisión y torpeza institucional es todavía más preocupante.

Al final, la narrativa oficial mexicana queda atrapada en su propia contradicción: denuncia una violación a la soberanía, pero deja escapar —o entrega— a la pieza que podría explicar cómo ocurrió. Mientras tanto, “El Jando” suma golpes de suerte como quien acumula millas de viajero frecuente.

En esta historia, el único que parece tener un plan claro… no es México.

Con información: ELUNIVERSAL+/BAJO RESERVA

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