Circular a exceso de velocidad -cercana a los 160 kilómetros por hora– llevó a cuatro jóvenes a morir tras impactar el camellón central de la Carretera Nacional, invadir los carriles contrarios y chocar de frente contra una camioneta, en Santiago.
Las víctimas mortales fueron identificadas ayer ante las autoridades como Mauricio Muñoz, de 19 años; Kelly Escobedo, Patricia Arizpe y Ana Carreón, todas de 20.
El grupo de jóvenes viajaba en un auto Toyota Camry, que terminó partido en dos tras el fuerte impacto.
El vehículo contra el que chocaron, un Audi Q3, era conducido por Ángela Lizeth, de 21 años, quien fue trasladada a un hospital particular.
El accidente se registró alrededor de las 22:50 horas del viernes en el kilómetro 260 de la Carretera Nacional, a la altura de El Cerrito, en Santiago.
Esto no fue solo “exceso de velocidad”. Es física básica aplicada sin margen de error… y la física no negocia.
El dato clave: 160 km/h
A 160km/h≈44.4m/s.
La energía cinética depende del cuadrado de la velocidad:
Ek=21mv2
Si duplicas la velocidad, cuadruplicas la energía. A ese ritmo, un sedán promedio (unos 1,400 kg) lleva una energía brutal, equivalente a caer desde varios pisos de altura. No es metáfora: es literalmente la misma física.
Primer acto: pérdida de control
El video describe que “derrapa con las llantas traseras”. Traducción física:
- Las llantas pierden adherencia: la fricción estática (la buena) se convierte en fricción cinética (la mala).
- A 160 km/h, cualquier corrección del volante genera sobreviraje: la parte trasera se adelanta.
- El conductor ya no “maneja”, negocia con la inercia… y pierde.
Aquí entra la primera ley de Newton: el auto quiere seguir en línea recta, aunque el conductor quiera otra cosa.
Segundo acto: el camellón no es decoración
El coche cruza carriles y sube al camellón. Ahí ocurre el primer golpe serio:
- Impacto contra el árbol: desaceleración brutal en milisegundos.
- El árbol no “cede”; el auto sí. La estructura absorbe energía deformándose.
Ese impacto probablemente inicia la ruptura estructural. A esas velocidades, el vehículo empieza a comportarse más como lata que como “cápsula de seguridad”.
Tercer acto: invasión y choque frontal
Luego viene lo peor: invade carriles contrarios y choca de frente con la Audi.
Aquí la física se vuelve despiadada:
- Si ambos vehículos se aproximan, las velocidades se suman en términos de impacto relativo.
- La desaceleración es extrema: de 44 m/s a 0 en una fracción de segundo.
Fuerza aproximada:
F=ΔtΔp
Momento (p=mv) altísimo, tiempo de impacto diminuto → fuerzas gigantes.
Eso explica el dato más crudo: el Camry “partido en dos”. No es exageración mediática; es fallo estructural por energía excedida.
Cuarto acto: el cuerpo humano vs la física
El cuerpo no está diseñado para esto:
- Los órganos siguen moviéndose dentro del cuerpo (inercia interna).
- El cerebro golpea el cráneo.
- La desaceleración supera lo que cinturones y bolsas de aire pueden mitigar.
A partir de cierto umbral de energía, los sistemas de seguridad dejan de ser suficientes. No es falta de tecnología: es límite físico.
La lectura incómoda
No fue “un accidente” en el sentido de algo imprevisible. Fue una cadena:
- Velocidad extrema
- Pérdida de adherencia
- Obstáculo rígido (árbol)
- Trayectoria descontrolada
- Impacto frontal
Cada paso está perfectamente descrito por leyes físicas conocidas desde hace siglos.
Un ejemplo simple para dimensionarlo:
Chocar a 160 km/h no es “el doble de grave” que a 80 km/h. Es aproximadamente cuatro veces más violento en energía. Y en la práctica, muchas veces pasa de sobrevivible a letal.
Con información: REFORMA/

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