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miércoles, 10 de junio de 2026

LA «IMPUDEMIA del DOCTOR: PRESUMEN DECOMISO de 293 NARCOCAMARAS en 5 MESES a la VISTA de TODOS y SIN TOCAR uno SOLO de los que las PUSIERON»…la única cámara que no falla es la que capta la farsa oficial.

En Tamaulipas,bajo el gobierno de Americo Villarreal,investigado por sus ligas con el crimen en EE.UU,nos acaban de vender otra “victoria” de utilería: 293 cámaras de videovigilancia incautadas… y ni un solo detenido. Cero. Nada. El crimen organizado instala, opera y pierde casi 300 ojos en la calle sin que aparezca un responsable. Pero, según la narrativa oficial, esto “fortalece el estado de derecho”

La Vocería de Seguridad Pública presume que entre enero y mayo de 2026 la Guardia Estatal retiró 293 dispositivos instalados “de manera irregular”, principalmente en Reynosa y Matamoros. 

Traducido al español real: durante meses, estructuras criminales operaron sistemas de inteligencia propios a plena vista, sin que nadie los molestara, hasta que decidieron quitarlos… sin tocar a quienes los pusieron.

El dato no es menor. Es la confirmación de un control territorial donde el crimen no solo cobra piso, sino que también vigila, rastrea y administra información en tiempo real. Y cuando la autoridad finalmente interviene, el resultado es un operativo quirúrgico contra fierros y cables, no contra las redes que los controlan.

El comunicado oficial habla de “recorridos de seguridad”, “reportes ciudadanos” y “acciones permanentes”. Pero evita la pregunta incómoda: ¿quién instaló 293 cámaras sin que hubiera consecuencias? Porque desmontar equipos es una cosa; desmantelar estructuras criminales es otra muy distinta. Y aquí claramente no pasó lo segundo.

Bajo el gobierno del doctor Américo Villarreal, la estrategia parece reducirse a administrar síntomas y presumirlos como logros. Se retiran cámaras, se emiten boletines, se pide a la ciudadanía que denuncie… mientras los operadores de esos sistemas siguen intactos, invisibles y, probablemente, reinstalando el mismo esquema en otra colonia.

Esto no es una victoria. Es un diagnóstico: la impunidad convertida en política pública. En Tamaulipas, el crimen organiza su vigilancia, el Estado la desmonta a medias y luego ambos siguen como si nada. La única constante es el ciudadano, atrapado entre boletines optimistas y una realidad que no necesita cámaras para verse.

Que dijo el doctor que iba curar Tamaulipas en noviembre de 2022

“En mi gobierno no habrá impunidad ni mucho menos tolerancia para aquellos que atenten contra la paz y la tranquilidad de nuestro estado», dijo amenazante el gobernador en noviembre de 2022,lo que realmente ha pasado,los ciudadanos ya lo conocen,EE.UU también.

La frase sonaba firme, sonaba épica, sonaba a Estado. Pero en Tamaulipas ya aprendimos que en la 4T las palabras viajan ligero: llegan con aplomo al micrófono y se desintegran al tocar la realidad.

“No habrá impunidad”: una frase preciosa para el póster, desastrosa para la estadística. Porque si en cinco meses te decomisan 293 cámaras vinculadas al crimen organizado y no aparece un solo detenido, lo que no hay no es impunidad: lo que no hay es consecuencia.

“Ni mucho menos tolerancia”: otra joya retórica. Porque tolerancia, lo que se dice tolerancia, sí ha habido: para que operen redes clandestinas, para que se instalen sistemas de vigilancia criminal y para que la autoridad llegue después, con el lenguaje inflado y las manos vacías.

“Atenten contra la paz y la tranquilidad”: esa parte merece un aplauso sarcástico. No hace falta atentar contra la paz cuando ya se vive administrando el desorden. La paz no se destruye con un comunicado; se erosiona cuando el Estado presume operativos contra cámaras pero evita tocar a los dueños del negocio,no solo solos abraza.

“Nuestro estado”: ahí está el remate involuntario. Porque el estado, en el sentido real, sigue secuestrado por la simulación: mucha vocería, mucha foto, mucha frase moralina… y una capacidad cada vez más discutible para convertir discurso en autoridad.

En resumen: no estamos ante una promesa incumplida, sino ante un lenguaje diseñado para convivir con el incumplimiento. En Tamaulipas, la impunidad no se combate con frases de gobernante investigado por EE.UU; se combate con detenidos, desmantelamiento real y castigo. Lo demás es viento de transformación.

Con informacion: ELNORTE/

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