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miércoles, 24 de junio de 2026

«FRAUDE FINANCIERO CRECE: JOVENES YA son BLANCO de la ESTAFA DIGITAL que NO TOCA la PUERTA»…se mete por el celular.


En México, el fraude financiero ya no toca la puerta: se mete por el celular con modales de burócrata. Una oleada de mensajes de texto y llamadas —oportunamente sincronizada con la temporada de devoluciones del SAT— advierte sobre supuestos adeudos fiscales que pueden inflarse hasta los 99.000 pesos. El truco es simple y eficaz: fabricar urgencia, simular autoridad y empujar al usuario a “resolver” de inmediato. A cambio de esa falsa regularización, piden lo de siempre: datos bancarios o clics en enlaces diseñados para despojarte con eficiencia quirúrgica. Es uno de los más recientes modus operandi de un ecosistema criminal que no deja de sofisticarse.

Los números confirman que no se trata de anécdotas aisladas. Entre enero y mayo de 2026, los reclamos por posible fraude crecieron 18% en la banca múltiple frente al mismo periodo de 2025, según la Condusef. Donde el salto es más agresivo es en los márgenes del sistema: clientes de Sofipos y Sofomes —vehículos frecuentes de fintech— reportaron un incremento cercano al 49%. Traducción institucional: el fenómeno se está expandiendo a nuevos segmentos y servicios. Traducción realista: los estafadores ya diversificaron su cartera.

La digitalización, vendida durante años como panacea de inclusión y eficiencia, también multiplicó los puntos de ataque. Hoy el fraude no depende de una llamada torpe: circula por SMS, redes sociales, enlaces apócrifos y sitios clonados que replican con precisión estética a los originales. La ingeniería social ya no es artesanal; es multicanal y escalable.

Y como si hiciera falta otro pretexto, el Mundial 2026 ya se convirtió en mina de oro para el engaño. Las estafas vinculadas a boletos, paquetes de viaje y mercancía “oficial” crecen al ritmo del hype. Check Point Research detectó al menos 9.741 dominios fraudulentos relacionados con la Copa solo en abril: casi cuatro veces más que en Catar 2022. El fútbol mueve pasiones; el fraude, conversiones.

En respuesta, la Condusef y el Seproban activaron una alianza para identificar y reportar números sospechosos. El balance inicial retrata la escala del problema: en apenas una semana, cerca de 5.000 números fueron clasificados entre fraude, acoso telefónico y spam. Pero la propia autoridad admite lo evidente: los viejos esquemas de llamada engañosa ahora conviven con versiones digitales más veloces, más creíbles y más difíciles de rastrear.

El catálogo del engaño es amplio y cada vez más pulido. Desde el clásico phishing y vishing —suplantación de familiares o instituciones para arrancar claves o transferencias— hasta las inversiones milagro en criptomonedas o fondos “de alto rendimiento” que prometen riqueza exprés. Más arriba en la cadena alimenticia aparecen técnicas como el spoofing (alterar el origen de una llamada o mensaje para que parezca legítimo), páginas clonadas y apps apócrifas. En mayo, la Condusef advirtió que nueve instituciones financieras formales ya habían denunciado el uso indebido de su identidad. El disfraz corporativo también cotiza.

El perfil de la víctima también se está moviendo. Aunque el grueso de los reclamos sigue concentrado entre adultos de 50 a 69 años, el crecimiento más inquietante ocurre entre jóvenes. Las denuncias aumentaron 25% en el grupo de 50 a 59 años, 22% entre 40 y 49, y cerca de 20% entre personas de 18 a 29. Más conectados, más expuestos.

No es casualidad. México duplicó en una década el acceso a internet en los hogares hasta alcanzar 78,3%, y hoy el 86,1% de la población —unos 105 millones— se conecta diariamente, según el Inegi. Cada punto de acceso es también una superficie de ataque. La comodidad digital vino con una factura: solo el año pasado, la Global Anti-Scam Alliance estima pérdidas por 139.000 millones de pesos (alrededor de 7.000 millones de dólares) por fraudes.

El siguiente salto no será menor. La inteligencia artificial generativa —y, sobre todo, la IA agéntica— promete llevar estas prácticas a otra escala. Como advierte Sissi De la Peña, de GASA México, no se trata solo de amplificar ataques, sino de automatizarlos con capacidad de decisión, planificación y adaptación. Mensajes indistinguibles de los reales, sitios falsos casi perfectos y deepfakes de voz y video que ya no solo engañan: convencen. Todo esto, además, sobre infraestructuras envejecidas en buena parte de la región, vulnerables por diseño.

En otras palabras: el fraude dejó de ser un oficio oportunista para convertirse en una industria con tecnología de punta, distribución omnicanal y una materia prima inagotable: la confianza.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/EYANIR CHINEA/PATRICIA SAN JUAN FLORES

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