La famosa “reducción de homicidios” es, en buena medida, una ilusión estadística. No es que haya menos asesinatos, es que hay menos cadáveres visibles el mismo día. El truco es viejo: si no aparece el cuerpo, no cuenta como homicidio.
Ahí están dos casos que involucran desaparecidos que dias,meses o años después aparecen en fosas clandestinas.

En ese momento dejan de ser “desaparecidos”… pero tampoco entran al conteo de homicidios del día. Se convierten en una categoría burocrática cómoda: restos localizados, fuera del radar mediático inmediato.
Mientras tanto, las desapariciones rondan cifras escandalosas —decenas cada día— y crecen sin freno. Pero eso no estorba el discurso oficial, porque en la narrativa institucional desaparición no es sinónimo de asesinato, aunque en la realidad mexicana muchas veces lo sea.
Así funciona la magia: bajas los homicidios en el papel mientras subes las desapariciones en la vida real. Cambias la forma de contar, no la violencia. Administras cifras, no el problema.
Presumir “menos homicidios” en un país donde desaparecer equivale, demasiadas veces, a morir, no es un logro. Es maquillaje estadístico con olor a fosa clandestina.
Con informacion: LA OPINIÓN/ EXCELSIOR/

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