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jueves, 11 de junio de 2026

«DATOS vs RELATOS,SIN VERIFICAR DATOS ?: FISCAL de la REPUBLICA se AVIENTA OTRO CHORO MAREADOR y se ECHA PORRAS SOLA»…hay quienes informan para ser verificados y quienes comunican para ser creídos.


La Fiscal de la Republica (FGR),Ernestina Godoy, clarifica en su mas reciente articulo para El Universal, la diferencia entre los datos y los relatos,dandonos datos,sin que se pueda verificar su relato.

Y es que,los relatos oficiales también pueden construirse con cifras infladas, categorías ambiguas, métricas a modo y omisiones deliberadas; basta repetir números sin contexto las suficientes veces para intentar fabricar certidumbre, diluir responsabilidades o simular eficacia. Por el contrario, los datos reales —los que incomodan— tienen otra característica fundamental: resisten el escrutinio independiente.

Los datos no parten de boletines ni de conferencias, parten de expedientes accesibles, metodologías transparentes, auditorías externas, trazabilidad de casos y verificación autónoma. Cuando hablamos de seguridad pública y soberanía, la distinción relevante no es entre “relatos” y “datos”, sino entre propaganda institucional y evidencia contrastable.

Que dice la Fiscal de FGR: 

Los relatos pueden construirse con mentiras, campañas de desprestigio, información manipulada o verdades a medias, basta repetir una versión suficientes veces para intentar sembrar dudas, distorsionar la realidad o desacreditar el trabajo de las instituciones. Por el contrario, los datos, tienen una característica fundamental: pueden demostrarse.

Los datos parten de evidencias, investigaciones, expedientes, órdenes de aprehensión cumplimentadas, sentencias, aseguramientos y por ello, conducen a resultados verificables. Así que cuando hablamos de seguridad pública y de soberanía nacional, es indispensable distinguir entre quienes construyen relatos tendenciosos y quienes presentan hechos, basados en datos.

Hoy, mientras algunas voces insisten en repetir que en México no se combate al crimen organizado, la realidad documentada muestra exactamente lo contrario. Los resultados presentados recientemente por el Gabinete de Seguridad reflejan una estrategia basada en inteligencia, investigación, coordinación institucional y presencia territorial. Los números son contundentes: más de 54 mil personas generadoras de violencia han sido detenidas desde octubre de 2024; 92 objetivos criminales de alto impacto —de todas las facciones criminales— han sido trasladados a los Estados Unidos; 85 funcionarios y exfuncionarios públicos, de todos los partidos políticos, han sido detenidos por diversos delitos; se han desmantelado más de 2 mil 382 laboratorios clandestinos para la producción de drogas sintéticas; se han asegurado más de 402 toneladas de droga y más de 28 mil armas de fuego.

Desde agosto de 2025 se han bloqueado operaciones y recursos vinculados a actividades ilícitas por más de 4 mil 593 millones de pesos, afectando directamente la capacidad operativa de organizaciones delictivas. Los datos, también muestran que el promedio diario de homicidios dolosos a nivel nacional registra una disminución cercana al 49 por ciento, entre septiembre de 2024 y mayo de 2026.

Por supuesto, ningún resultado significa que el problema esté resuelto. La delincuencia organizada, gestada por largos años de connivencia o desatención, sigue representando uno de los mayores desafíos para el Estado mexicano; pero afirmar que las instituciones permanecen inmóviles frente al crimen, simplemente no resiste la confrontación con la evidencia.

Existe una determinación institucional de perseguir los delitos donde quiera que se cometan y vengan de quien vengan. Por el contrario, las campañas promovidas por la oposición, buscan invisibilizar el trabajo cotidiano de miles de mujeres y hombres que arriesgan su integridad desde las Fuerzas Armadas, la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Fiscalía General de la República, las policías estatales, municipales y las áreas de inteligencia financiera.

La desinformación busca erosionar la confianza pública ignorando a propósito los hechos. Frente a estos intentos por distorsionar la realidad, las instituciones nacionales junto con sus miles de mujeres y hombres, trabajan todos los días produciendo datos a partir de evidencias, informando con transparencia y ofreciendo resultados para hacer de nuestro México, el lugar que nuestras familias y todas y todos merecemos.

Hoy, mientras el discurso oficial presume resultados, la realidad verificable muestra otra cosa: detenciones sin sentencia, objetivos “de alto impacto” definidos sin criterios públicos, traslados opacos, y aseguramientos que rara vez se traducen en desarticulación sostenida de redes criminales. 

Los números, sin contexto, no son contundentes: son maleables. ¿54 mil detenidos? ¿Cuántos con procesos sólidos? ¿Cuántos liberados por fallas? ¿92 trasladados a EE.UU ,pero 10 del gobierno NO ? ¿Bajo qué condiciones jurídicas? ¿85 funcionarios? ¿Cuántos sentenciados? Sin esa información, el dato es incompleto y, por tanto, políticamente útil.

Un solo caso lo ilustra,de 4 detenidos reciéntes,3 fueron puestos en libertad y el cuarto, ya NO esta en el PENAL,esta en el HOSPITAL.

Desmantelar miles de laboratorios suena espectacular, hasta que se observa la rápida reconfiguración territorial del narcotráfico y el incremento en la producción sintética. 

Asegurar toneladas de droga no equivale a reducir mercados; asegurar armas no equivale a desarmar organizaciones. La estadística luce bien en el informe, pero no necesariamente en el terreno.

El bloqueo de recursos por miles de millones tampoco prueba debilitamiento estructural si no se demuestra impacto sostenido en las finanzas criminales. Y la reducción del homicidio, sin explicar cambios metodológicos, subregistro, desplazamientos geográficos de la violencia o variaciones en delitos correlacionados, es un dato que exige más preguntas que aplausos.

Por supuesto, nadie serio sostiene que el problema esté resuelto. Pero tampoco resiste la evidencia afirmar que la estrategia es efectiva solo porque produce cifras. La delincuencia organizada no se mide en conferencias, se mide en control territorial, en captura institucional y en la capacidad de operar pese a los anuncios oficiales.

Hablar de “determinación institucional” mientras persisten niveles de impunidad, filtraciones, corrupción local y pactos de facto, es sustituir diagnóstico por consigna. Y atribuir toda crítica a “la oposición” es un recurso político, no un argumento. La seguridad no es un tema de lealtades partidistas, es un problema de resultados verificables.

«La desinformación no solo erosiona la confianza cuando viene de fuera; también lo hace cuando se origina desde el poder, maquillando datos o presentándolos sin contexto». 

Frente a eso, lo que se necesita no es más narrativa, sino más transparencia real: bases de datos abiertas, evaluaciones independientes y rendición de cuentas efectiva.

Porque al final, la diferencia no es entre quienes hablan y quienes actúan, sino entre quienes informan para ser verificados y quienes comunican para ser creídos.

Con informacion: ELUNIVERSAL+/

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