Porque claramente en México el enemigo estratégico no son los cárteles con drones explosivos, sino el señor que madruga a sacar ostión, un elemento de la Secretaría de Marina decidió reinterpretar la doctrina de seguridad hemisférica versión Huatulco: si se mueve… dispárale. Aunque sea una lancha con hielera y redes legales.
El resultado: una denuncia ante la Fiscalía General de la República contra un marino que abrió fuego contra una embarcación de pescadores que, según los afectados, no representaban amenaza alguna más allá de su peligrosa actividad de bucear pulpo, recolectar ostión y levantar moluscos… esos que, por cierto, todavía no están en veda y que —detalle incómodo— cumplen con la norma.
Camilo Mendoza, representante de los pescadores, lo explicó sin rodeos: no hubo agresión, no hubo ataque, no hubo nada que justificara una escena digna de operativo antiterrorista. Lo que sí hubo, según su versión, fue una intercepción con balas incluida para detener a un trabajador que literalmente iba a ganarse el día en el mar.
Pero del otro lado del parte oficial, la Secretaría de Marina ofrece su propia narrativa, que ya conocemos bien: detección de “posibles irregularidades”, sospecha de artes de pesca prohibidas y, cómo no, el comodín institucional por excelencia —los tripulantes “adoptaron una actitud agresiva”. Traducción no oficial: aceleraron.
Y así, con la elasticidad interpretativa que caracteriza a los reportes oficiales, una revisión de rutina escaló a persecución marítima, que a su vez derivó en disparos dirigidos al motor de la lancha. Porque en México, al parecer, la proporcionalidad del uso de la fuerza también se pesca… pero con red de arrastre.
Mientras tanto, los pescadores hacen un recordatorio básico que parece extraviado en la cadena de mando: son un sector productivo, aportan a la economía, llevan alimento a las casas y —dato que debería ser obvio— no son delincuentes.
“Un pescadito se lo hacemos llegar a la casa, no se vale que nos anden pistoleando”, dijo Mendoza, resumiendo en una frase lo que cientos de páginas de doctrina de seguridad no han logrado: distinguir entre un civil trabajando y una amenaza real.
Porque si el estándar operativo ya es disparar primero y justificar después, la pregunta no es qué pasó en Huatulco, sino cuántas veces más se está aplicando esta versión tropicalizada del “shoot first, ask later”… pero sin misiles Hellfire, eso sí, porque aquí el presupuesto no da para tanto, aunque la lógica de guerra parezca importada.
Con informacion: ELNORTE/

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