El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación montó un buffet de privilegios con dinero público: 22 millones de pesos para darle de tragar como virreyes a magistrados y burócratas, mientras predican su hipócrita austeridad republicana desde el estrado.
El tribunal del “pueblo” y su comedero de la realeza
El mismo órgano que decide sobre la “voluntad popular” acaba de firmar un cheque por hasta 22 millones 229 mil pesos para llenar su comedor de boeuf bourguignon, crème brûlée, chorba marroquí, salmón glaseado con miel, ramen y demás delicatessen que no aparecen en ninguna canasta básica.
El contrato va del 1 de mayo al 31 de diciembre de 2026 y se lo dieron a la empresa Representaciones Profesionales Difra S.A. de C.V., con un mínimo de 8.89 millones y un máximo de 22.22 millones, porque la gula institucional siempre necesita un “margen de maniobra”.
Democracia de cuatro tiempos
Mientras media población rasca para completar el kilo de tortilla, en el Tribunal Electoral la democracia se sirve en menú de cuatro tiempos, con rotación que no se repite en 10 semanas, no vaya a ser que sus señorías se aburran de comer lo mismo.
Las bases ordenan: primer tiempo consomé o sopa aguada, segundo sopa seca o pasta, tercero dos guisados con tres guarniciones a elegir, cuarto tiempo dos postres, con café y dos tipos de agua de fruta “con suficiente pulpa” porque la pulpa sí es prioridad de Estado.
Gourmet con cargo al erario
El recetario oficial se llama, sin rubor alguno, “TE-Cocinando, recetas del Tribunal Electoral”, un manual interno de alta cocina financiado por el contribuyente, que ahora ya incluye platillos internacionales porque la glotonería también se globaliza.
Ahí detallan cómo debe quedar el salmón glaseado con miel, la chorba marroquí con cordero suave y aceite de oliva, el pollo rostizado con tequila y mango, el ramen y el nicuatole en cazuela de barro, con instrucciones más precisas que muchas sentencias.
Magistrados: árbitros del voto, emperadores del paladar
El servicio no es solo para la Sala Superior, sino también para las cinco salas regionales en Guadalajara, Nuevo León, Veracruz, Ciudad de México y Estado de México, porque el abuso presupuestal también tiene cobertura nacional.
En la CDMX el proveedor debe operar en cuatro sedes distintas, incluyendo donde se reúnen los magistrados, asegurando que el boeuf bourguignon nunca llegue frío a quienes “protegen” la legalidad electoral.
Nutrición de lujo, justicia raquítica
Las bases exigen que los menús cumplan “lineamientos nutricionales, de calidad, higiene y balance alimenticio”, estándar que la propia justicia electoral no alcanza ni en independencia ni en legitimidad.
Además de pan blanco, integral y de centeno a libre consumo, se ofrece arroz o pasta con huevo estrellado, plátano macho o aguacate “a gusto”, mientras afuera millones ajustan entre arroz sin huevo o huevo sin arroz.
El cinismo del “para llevar”
Cuando las “servidoras y servidores públicos” no puedan comer en el comedor, pueden pedir una torta en baguette (no bolillo, por favor) de al menos 250 gramos de carne, con frijoles, lechuga y dos rebanadas de queso que cubran toda la pieza, o bien dos sándwiches.
Todo debe ir en empaque “sustentable” y lo que sobre se tira al final del día, incluyendo restos de comida y aceite, porque en el Tribunal Electoral la única miseria que no toleran es la miseria en la mesa.
Austeridad selectiva y glotonería institucional
Mientras se regaña a la población con sermones de honestidad y se predican recortes y sacrificios, el Tribunal Electoral se asegura desayunos y comidas gourmet para miles de servicios al mes, con cargo al mismo presupuesto que dicen defender del “despilfarro”.
La narrativa oficial habla de “lineamientos de calidad” y “planificación cíclica”; en la práctica es la formalización de un privilegio histórico: que la alta burocracia coma como millonaria sin tener que pagar la cuenta.
El verdadero menú: privilegio, impunidad y desprecio
Cada plato descrito en el recetario institucional es un recordatorio de la distancia entre quienes deciden sobre elecciones y quienes hacen cola para conseguir cita en el IMSS o completar el transporte al trabajo.
El menú real del Tribunal Electoral no es francés, griego ni asiático: sus ingredientes son privilegio, impunidad y desprecio por el dinero público; la “democracia” es solo el postre que sirven en conferencias de prensa.
Con informacion: ELUNIVERSAL/





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