Mientras en México se presume con bombo y platillo el desmantelamiento de “cientos de narcolaboratorios”, del otro lado de la frontera la realidad entra en tráiler refrigerado… y con factura de exportación agrícola.
El más reciente recordatorio llegó por el puente Pharr-Reynosa, donde la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) aseguró 749 kilos de metanfetamina escondidos entre cajas de lechuga. Sí, lechuga: ese producto que en los discursos oficiales sirve para hablar de comercio bilateral, pero en la práctica también funciona como camuflaje perfecto para drogas sintéticas. Valor estimado: 14 millones de dólares. Una operación que, por su tamaño, no suena precisamente a improvisación de narcomenudistas.
El decomiso —307 paquetes detectados con rayos X tras “irregularidades” en el tractocamión— confirma lo que las cifras oficiales suelen maquillar: el tráfico no sólo sigue, sino que se adapta con una eficiencia logística que ya quisieran muchas cadenas legales.
Tecnología contra tecnología, pero con una diferencia clave: el narco no necesita ruedas de prensa para validar su éxito de este lado del Río.
Y aquí viene el dato incómodo. Este no es un caso aislado ni excepcional. En el mismo cruce, durante 2025, CBP ha decomisado cargamentos de 900, 412 y 135 kilos de metanfetamina. Unos iban entre zarzamoras, otros entre zanahorias, otros más mezclados con azulejos. Cambia el empaque, no el negocio. La constante es la misma: toneladas de droga siguen cruzando pese a la supuesta “guerra” contra su producción.
Porque mientras en territorio mexicano se presume la destrucción de laboratorios como si se tratara de una victoria estratégica, estos decomisos sugieren otra cosa: la capacidad de producción y exportación del narco permanece intacta. O peor aún, diversificada. Si cientos de cocinas clandestinas han sido desmanteladas, alguien olvidó avisarle a la cadena de suministro.
El detalle fino está en la escala. Un solo envío de casi 750 kilos implica financiamiento, rutas consolidadas, protección logística y mercado asegurado. No es un experimento fallido: es una operación industrial. Y si este cargamento fue interceptado, la pregunta relevante no es cuánto se decomisó, sino cuánto logró pasar sin ser detectado.
La narrativa oficial insiste en medir el éxito en laboratorios destruidos. Pero la frontera, con sus tráileres cargados de “hortalizas”, mide otra cosa: flujo, volumen y continuidad. Y en ese terreno, el negocio del narcotráfico parece gozar de muy buena salud.
Al final, la lechuga era lo de menos. El verdadero producto sigue siendo la metanfetamina… y esa, por lo visto, no ha dejado de cosecharse.
Con informacion: ELNORTE/

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