Julián LeBarón estuvo con Azucena Uresti en Grupo Formula ,usando la bala más incómoda que tiene México: la voz de las víctimas para desarmar el discurso hueco de “soberanía” con el que el gobierno tapa su propio fracaso frente al crimen y la masacre silenciosa de pueblos enteros.
Soberanía de papel vs pueblos fantasmas
Mientras en Palacio de las mañaneras se rasgan las vestiduras porque cuatro agentes de la CIA pisaron Chihuahua sin llenar todas las formas, en el noroeste del estado hay pueblos que ya ni siquiera existen: fueron vaciados por el narco, a punta de balas, amenazas y desapariciones.
Ahí sí nadie habló de “soberanía”; la gente tuvo que “violar” la soberanía de Estados Unidos y largarse al otro lado para no morir.
LeBarón lo dice brutalmente: él ya perdió su propia soberanía desde que vive bajo amenaza de muerte, igual que miles que dependen de escoltas prestadas cuando al crimen le da por avisar que va por ellos.
En Chihuahua, el 98% de impunidad en homicidio significa que el Estado no existe más que como logotipo y nómina, y que la “soberanía” funciona sólo como excusa para regañar a quien sí se atreve a enfrentar a los asesinos.
Los agentes que sí hicieron su trabajo
En el escándalo por los agentes de la CIA, la prioridad del gobierno no fue explicar cómo carajos operan las mafias que tienen de rodillas a medio estado, sino quién firmó, quién no supo y quién tiene vela en el entierro burocrático.
Los únicos que hicieron lo que les tocaba fueron los que murieron: dieron la vida en operaciones sobre el terreno, mientras desde la capital se discute si el problema fue el chaleco, el protocolo o la ventanilla equivocada.
LeBarón lo pone en términos que queman: si esos agentes “violaron” la soberanía, la pagaron con lo único que vale algo en este país descompuesto, la vida, y la pagaron defendiéndonos.
En vez de reconocer ese costo, el gobierno de Sheinbaum decidió regañar gobernadores y mandar cartitas para recordar que primero va el papelito, luego la vida del ciudadano.
Cómo se ve la ayuda extranjera desde el lado de las víctimas
Desde la cómoda silla federal, la ayuda extranjera se pinta como amenaza al honor nacional; desde una carretera donde a la familia LeBarón le dispararon 3,500 veces, la ayuda extranjera se ve como la diferencia entre seguir huyendo o por fin poder vivir en paz.

Cuando uno de cada cuatro mexicanos ya vive en Estados Unidos, la “colaboración” ya no es teoría: es la consecuencia del fracaso total del Estado mexicano para garantizar vida, propiedad y libertad.
LeBarón no romantiza nada: dice que se debe cumplir la ley, coordinarse, hacer las cosas bien, pero cerrar la puerta a capacitación, tecnología e incluso presencia directa de quienes sí pueden enfrentar a los criminales es un “error fatal”.
Porque mientras los soldados de la “soberanía” se indignan en conferencias, el chihuahuense vive atrapado en una impunidad que roza el 100% y en una legislación que le prohíbe defenderse, pero no puede impedir que cinco mil cabrones se adueñen del destino de cuatro millones.
De activista a candidato: usar la política contra la política
LeBarón admite que detesta la política, los partidos y el circo electoral, pero que llegó al punto en que seguir odiando la política es un lujo que se pagan sólo los que todavía no entienden que ya viven sometidos
Por eso quiere la gubernatura no como trono, sino como plataforma para llamar a cuentas a legisladores, fiscales y federales, y para convocar a los cuatro millones de chihuahuenses a meterse a la pelea que el gobierno abandonó.
No se casa con nadie: habla con PAN, MC, partidos nuevos, y hasta dice que no descarta Morena, aunque su crítica va directo al corazón del discurso oficial que ha convertido la “austeridad” y la “soberanía” en pretexto para mantener al ciudadano en “indefensión absoluta”.
Su primera carta no es ser comparsa de nadie, sino candidato que ponga en el centro una obviedad que el sistema convirtió en sacrilegio: el derecho a la vida está por encima de cualquier autoridad y de cualquier papel sellado.
El punto incómodo: víctimas, no público cautivo
La fuerza de LeBarón no viene de un spot, viene del entierro acumulado: familiares asesinados, secuestros, pueblos vaciados, niñas y mujeres ejecutadas, como Alina, la líder ganadera recientemente asesinada, cuyo caso usa para recordar que cada muerte es una prueba de que todos nos hemos dejado arrinconar.
Él dice que el miedo es una mentira, porque siempre se trata de algo que aún no pasa, pero que si seguimos cediendo, terminamos “muertos en vida” sin haber defendido nada.
Por eso su candidatura es, en los hechos, un pleito abierto contra la comodidad de un país que prefiere indignarse por el pasaporte de quién ayuda, antes que por las fosas clandestinas donde terminan los que nadie defendió.
Desde el lado de las víctimas, la ayuda extranjera no es una ofensa a la patria: la ofensa es tener que mendigarla porque el Estado prefiere verse bien que hacer bien su trabajo.
Con informacion: AZUCENA URESTI/GRUPO FORMULA/

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