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sábado, 25 de abril de 2026

«ENMASCARAN ESCANDALO CHIHUAHUA»: «BATMAN y GATUBELA se SIENTAN,DIALOGAN,COORDINAN y ACUERDAN qué DECIR y qué CALLAR»…ya no buscan salvar Gotham, sino contener el arguende.


Tras una reunión con el Secretario de Seguridad Pública Federal, Omar García Harfuch (MORENA), la Gobernadora de Chihuahua ,Maria Eugenia Campos (PAN) ordenó la creación de una unidad especializada para indagar los hechos vinculados a la operación de la CIA en Mexico.

«Por la relevancia del caso y para garantizar la mayor transparencia, estoy instruyendo la creación inmediata de una unidad especializada para la investigación de los hechos ocurridos entre el 17 y el 19 de abril»…Gobernadora Maru Campos.

La escena parece sacada de un cómic tropicalizado: Harfuch en modo Batman institucional, la gobernadora de Chihuahua enfundada en traje con su mascara de Gatúbela política, y en medio una reunión de alto nivel que no busca salvar Gotham, sino enmascarar el escándalo para contenerlo

Se sientan, dialogan, coordinan… y, sobre todo, acuerdan qué decir y qué callar. Porque aquí no se trata de combatir villanos —para eso ya está el narco administrando territorio—, sino de cuidar la narrativa. Que la cooperación no parezca cooperación. Que la tragedia no escale a crisis diplomática. Que la ley incómoda no estorbe demasiado… pero tampoco se cuestionen se viole abiertamente porque se enoja AMLO.

Y es que,en México el problema mas que ponerle trabas a la colaboración con Estados Unidos. El problema es fingir que no debe existir y se legisla para estorbarla, pero cuando esta esta se evidencia hay prisa para diluirla en una “unidad especializada” y que por cierto se olvida que en el operativo en El Pinal terminó con dos mandos de policia y dos agentes estadounidenses que participaron en la destrucción de un laboratorio contra el narco donde se niega la participación militar. 

Traducción: cuando el cochinero escala a nivel internacional, la institucionalidad exprés aparece para contener daños y demorarlos, no necesariamente para esclarecerlos.

La escena es conocida: laboratorio del narco desmantelado, golpe “contundente” al crimen organizado, discursos de manual y promesas de transparencia… seguidas de un elegante “no diremos nada más por ahora”. Porque si algo caracteriza a la transparencia mexicana es su discreción casi monástica.

Pero lo verdaderamente jugoso no está en el operativo, sino en la hipocresía estructural que lo rodea.

Por un lado, el oficialismo federal —heredero directo de la reforma publicada en el DOF el 18 de diciembre de 2020— se llenó la boca hablando de soberanía mientras le amarraba las manos a la cooperación internacional en materia de seguridad. Esa reforma, impulsada desde el púlpito presidencial por Andres Manuel López «hablador», no fue un acto de dignidad nacional: fue un torniquete político que convirtió la colaboración con agencias extranjeras en un campo minado burocrático.

En nombre de la patria, se obstaculizó el intercambio de inteligencia. En nombre del nacionalismo, se debilitó la coordinación operativa. Y en nombre de una soberanía de discurso, se dejó más margen de maniobra a quienes sí operan sin fronteras: los cárteles.

Porque el narco no llena formularios ni pide autorización diplomática.

Mientras tanto, en la vida real —esa que no cabe en las mañaneras—, los gobiernos locales y federales siguen colaborando con Estados Unidos,pero discuten cuando se descubre. Aqui lo verdaderamente importante debiera ser combatir estas estructuras criminales que ya son transnacionales y apremian la cooperación internacional.

Y ahí es donde aparece la tragicomedia bipartidista.

Morena y PAN, supuestos antagonistas irreconciliables, coinciden en lo esencial: administrar el escándalo. Unos impulsan leyes que dificultan la cooperación y luego la toleran en silencio; los otros la utilizan cuando les conviene y la justifican con discursos de “alto impacto” contra el crimen.

Colores distintos, reflejos idénticos.

El resultado es un país donde:

  • Se castiga en el papel lo que se necesita en la práctica.
  • Se presume soberanía mientras el territorio está en gran parte de la geografía capturado por el narco con ayuda política y criminalmente organizada.
  • Y se arma ruido político no por la colaboración en sí, sino por haber sido evidenciada.

Porque ese es el verdadero pecado: que se note.

Al final, la creación de unidades “especializadas”, las reuniones de alto nivel y los comunicados cuidadosamente redactados no buscan tanto la verdad como el control narrativo. Que el caso no escale. Que no incomode. Que no exhiba la contradicción de fondo.

Esa donde México necesita ayuda… pero su clase política prefiere atajar el paso en vez de allanarlo y presencien en primera persona el cochinero.

Mientras tanto, en la Sierra Tarahumara —y en buena parte del país— la soberanía real la siguen disputando otros a plomazos,decidiendo cuando no incidiendo ,quien vive, quien muere, quien desaparece y si no desaparece,que pague piso.

Con informacion: ELNORTE/

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