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viernes, 24 de abril de 2026

«AMAR es POSEER y…PERDER es MATAR ?»: «GIRAN ORDEN de CAPTURAR SUEGRA que ASESINÓ a su NUERA a QUEMARROPA en POLANCO»…la pregunta no es si la buscan, sino con qué intensidad… y con qué urgencia.


En la Ciudad de México no hizo falta un operativo encubierto ni una reconstrucción forense sofisticada: el feminicidio quedó grabado. Literal. Cámara en mano, cocina de departamento en Polanco y una escena que desmonta, de un balazo, el mito de que la violencia extrema siempre viene de fuera.

La Fiscalía capitalina ya tiene en la mira a Érika María, suegra de la ex reina de belleza Carolina Flores. No es sospecha ligera: hay orden de aprehensión por feminicidio, sustentada en algo que en este país rara vez sobra—evidencia directa. Video del ataque y declaración del propio hijo de la presunta agresora. Sí, el mismo que, segundos después de los disparos, le preguntó a su madre por qué.

La respuesta no fue jurídica ni racional. Fue brutalmente reveladora: “Tú eres mío y ella te robó”. No es solo una frase; es una confesión cultural. Propiedad, celos y control en versión doméstica, elevada a homicidio.

El crimen que no empezó el 15 de abril

El asesinato ocurrió el 15 de abril, pero la historia venía incubándose desde mucho antes. Las tensiones entre Carolina y su suegra no eran un secreto, pero tampoco un foco rojo para quienes las conocían. Error clásico: normalizar el conflicto hasta que se vuelve letal.

La madre de la víctima lo dijo sin rodeos: los problemas se intensificaron con el embarazo. Carolina, de 27 años, tenía ya un bebé de ocho meses. La maternidad, lejos de apaciguar el entorno, detonó fricciones que nadie dimensionó… hasta que alguien sacó un arma.

Antes, la convivencia: Ensenada. Después, el intento de recomenzar: Polanco. El cambio de ciudad no desactivó nada; solo movió el escenario.

Escena del crimen: intimidad armada

El dato que incomoda: la agresora estaba de visita. No irrumpió, no forzó entrada, no hubo persecución en la calle. Estaba dentro. En confianza. En familia.

El video muestra lo que la narrativa oficial suele maquillar: una mujer siguiendo a otra dentro de la cocina y disparándole varias veces. No hay asalto, no hay “confusión”, no hay terceros. Hay intención.

Que dice la imagen:

  • La escena es doméstica y aparentemente cotidiana: ropa de casa, perro, mueble volteado, artículos de bebé y una interacción en un espacio que debería ser seguro.
  • La suegra está plantada, con el cuerpo relativamente firme, mirando hacia la nuera, mientras mantiene las manos en la bolsa; no parece una postura casual de alguien que está relajado, sino de quien está cerrada, a la defensiva o controlando algo que quiere ocultar.
  • La nuera está en movimiento, hablando de manera trivial, no parece haber tensión previa o al menos una discusión ,una fricción en curso.
  • Que la escena ocurra en medio de juguetes y mobiliario de bebé subraya el contraste brutal: ambiente infantil, pero clima emocional enrarecido entre dos adultas que comparten el mismo espacio.
  • Como imagen previa a un asesinato, refuerza la idea de una agresora que ya llegó en modo confrontación, no de un “arranque espontáneo”: cuerpo cerrado, manos escondidas y cero lenguaje corporal de conciliación, sino de alguien que está esperando el momento.

Después del disparo: el silencio, el bebé y la tardanza

El esposo—hijo de la presunta feminicida—denunció hasta el día siguiente. La explicación: el bebé. El mismo por el que, según versiones, grabó videos sobre su cuidado en caso de ser detenido.

Ese detalle abre otra grieta incómoda: la reacción posterior al crimen. No es lo mismo huir que administrar daños. No es lo mismo shock que cálculo. Y ahí es donde la investigación, si quiere ser seria, tendrá que escarbar sin concesiones.

La prófuga y la justicia que llega tarde (otra vez)

Hoy, la presunta responsable está prófuga. Orden de aprehensión hay. Ejecución, todavía no. En un país donde las órdenes judiciales a veces funcionan como buenos deseos institucionales, la pregunta no es si la buscan, sino con qué intensidad… y con qué urgencia.

Mientras tanto, la madre de Carolina pide lo básico en México:justicia. Ni venganza, ni espectáculo. Que la responsable se entregue y que el Estado haga su trabajo. Lo mínimo, convertido en aspiración.

Un feminicidio grabado, una frase que retrata la violencia de posesión y una prófuga que todavía no aparece. No es una historia excepcional; es una versión descarnada de algo mucho más frecuente: la violencia que crece dentro de casa hasta que alguien decide que amar es poseer… y perder es matar.

Aquí no faltan pruebas. Falta lo de siempre: que la justicia alcance. Y que no llegue cuando ya no sirva para nada.

Con informacion: ELNORTE/

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