El PRI Nacional,ese que aun encabeza M_alito Alejandro Moreno, acaba de coronar al actual alcalde de Monterrey,el priista Adrian de la Garza, como “Defensor de México” en Nuevo León, pero el currículum público se parece más al de apoderado del Estado capturado que al de héroe institucional.
El “Defensor de México”… con narconómina en el expediente
Según la plataforma narcopoliticos, De la Garza no solo escaló en la política; también aparece en libretas decomisadas a Los Zetas como presunto beneficiario de narconómina, esos listados donde se anotan, sin tanta poesía, los nombres de funcionarios “en nómina”.
El expediente que lo menciona tuvo la mala suerte de caer justamente en la Procuraduría donde él hacía carrera, y como dicta el manual priista de siempre: todo se documenta, nada se persigue, todos ascienden.
NarcoPolíticos lo describe como el “fichaje narcopolítico” perfecto de un estado capturado, un político que aprendió a vivir entre tortura institucional, empresas fantasma y contratos que huelen más a lavandería que a administración pública.
No hay sentencia, aclaran, pero sí una ruta de papel:documentos oficiales, reportes internacionales y observaciones administrativas que pintan un patrón de impunidad sistemática, no un malentendido burocrático.
Del estado capturado al “Defensor” reciclado
Mientras medios de investigación lo colocan como ejemplo de captura institucional, el PRI lo presenta en 2026 como su carta fuerte: primero lo proyecta rumbo a la gubernatura de Nuevo León para 2027 y luego lo unge como “Defensor de México” en el estado, como si la crisis fuera de falta de slogans y no de colusión.
El dirigente nacional tricolor, Alejandro Moreno, lo vende como parte de una estrategia para frenar a Morena y sacar a Movimiento Ciudadano, sin detenerse un segundo a explicar por qué el “defensor” viene con advertencias de narcopolítica en la etiqueta.
En la narrativa oficial, Adrián es el alcalde eficiente, el militante distinguido, el cuadro serio; en la hemeroteca y los reportes, es el político que encarna el manual de la impunidad moderna: todo señalado, nada sancionado, mucha queja de “persecución política” y cero rendición de cuentas.
El resultado es grotesco pero consecuente: el partido que ayudó a capturar al Estado ahora se arroga el derecho de nombrar “defensores” surgidos precisamente de esas mismas estructuras cuestionadas.
Nuevo León como laboratorio de cinismo
En los lamentables hechos, De la Garza no busca solo gobernar Nuevo León, sino normalizar que el estado sea administrado por alguien que, según expedientes y reportes, hizo carrera política en un contexto donde narconóminas, tortura y contratos turbios eran parte del paisaje institucional.
El mensaje hacia la ciudadanía es brutal en su sinceridad: si estás dispuesto a tolerar a un “defensor” con historial de narcopolítica, entonces ya no estás eligiendo un gobierno, estás firmando la continuidad del estado capturado.
Mientras tanto, en el discurso público se le presenta como muro de contención frente al “narcogobierno de Morena”, aunque el propio dirigente priista reconoce que su candidatura busca “poner orden” frente a otros partidos, como si la casa priista no estuviera ardiendo desde hace décadas.
La ironía se escribe sola: el partido que abrió la puerta a los cárteles en la estructura del Estado vende ahora como salvador a un político cuyo nombre aparece precisamente en las radiografías de esa captura.
Con informacion: NARCOPOLITICOS/ HORA CERO/

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