A medio año del arranque formal del proceso electoral de 2027, el Partido Verde se puso gallito. Desde el Senado, Manuel Velasco —sí, el del eterno camuflaje entre lo ecológico y lo pragmático— soltó la lista de sus “corcholatas” verdes para nueve gubernaturas. Pero el mensaje no estaba en los nombres, sino en el tono: o nos incluyen, o rompemos la piñata sin ustedes.
Velasco, quien domina el arte de amenazar con voz de terciopelo, pidió que Morena deje entrar a sus aspirantes en las encuestas internas. Lo disfrazó de llamado democrático, pero sonó más a aviso preventivo: respeten los resultados, o jugamos a solas.
Entre las cartas verdes aparecen Jasmine Bugarín en Nayarit, Waldo Fernández en Nuevo León, Ricardo Astudillo en Querétaro y Karen Castrejón —la presidenta del partido— en Guerrero. También se reparten fichas en Zacatecas, Michoacán, Sinaloa, Colima, Baja California y Baja Sur, demostrando que la fauna verde no sólo sobrevive, sino que se extiende.
El punto fino está en San Luis Potosí. Ahí el Verde ya gobierna y cuida su corral con celo. Velasco deslizó que, si Morena no les devuelve el favor, podrían competir solos. Dijo que ya lo han hecho, que ya han ganado, y que por puro cariño preferirían seguir aliados. Traducido: no se hagan los santos, también tenemos dientes.
Sin decirlo del todo, la carta principal sería Ruth González, esposa del gobernador Gallardo, quien ya demostró su fidelidad electoral a la llamada “Cuarta Transformación”. Velasco incluso le echó flores técnicas: “no está impedida legalmente”. Lo que parece la antesala de un nuevo episodio de nepotismo ecológico, versión 2.0.
El mensaje final del Verde es más claro que el esmog: apoyamos a Morena en todo el país, pero si en nuestro único feudo no nos hacen caso, soltamos el apapacho y sacamos las garras.
La alianza del “ave verde” con la 4T se mantiene firme… hasta que toque repartir las ramas del árbol.
Con informacion: ELNORTE/

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