Mientras Claudia Sheinbaum juega a la presidenta soberanista ofendida, Trump suelta la frase que ningún jefe de Estado mexicano se atreve a pronunciar en público: “los cárteles son quienes gobiernan México”. Y el problema no es que mienta, sino que se queda corto: no son solo “los que gobiernan”, son los que seleccionan candidatos, financian campañas, diseñan la geografía electoral a punta de balazos y deciden, zona por zona, quién vive, quién paga y quién desaparece.
La escena es casi de rutina imperial: base aérea Andrews, el Air Force One encendido de fondo, reportero pregunta por México y Trump responde que ofreció mandar tropas para “acabar con los cárteles” y que Sheinbaum dijo que no. Ella, muy institucional, corre a refugiarse en la Constitución y la “no intervención”, como si los artículos fueran chaleco antibalas en Celaya o Culiacán. Insiste en que todo va “muy bien” y que no hace falta ayuda, mientras el país acumula masacres, desplazados y territorios enteros donde el Estado solo existe en el papel, aunque haya éxitos intermitentes que abonan, pero mantienen la enorme deuda en seguridad.
Trump, fiel a su estilo de bulldozer, remata que los cárteles “están gobernando México” y que es “muy triste verlo”, y en otro evento se luce llamando al país “epicentro” de la violencia del narco, prometiendo que Estados Unidos hará “lo que sea necesario” para defender su seguridad.
Sheinbaum le contesta que probablemente “no está bien informado” y que el problema es reducir el consumo de drogas en Estados Unidos, como si la erosión del Estado mexicano, la captura de policías,militares fiscales, alcaldes y gobernadores fuera un simple daño colateral del estilo de vida gringo.
En medio del intercambio, Trump incluso amplifica en su red Truth Social un mensaje que califica al gobierno mexicano como “narcogobierno”, y Sheinbaum responde ofendida, como si la palabra fuera la injuria y no la radiografía.
Lo incómodo de todo esto no es Trump: es la realidad que lo respalda. Ahí están los alcaldes asesinados por pedir ayuda contra los cárteles, los candidatos ejecutados en campaña, las masacres que se anuncian en redes horas antes de que aparezcan los cadáveres, los territorios donde el narco cobra impuesto sobre cada cerveza, cada tráiler y cada vida.
Es fácil reducirlo a geopolítica y nacionalismo de cartón: “no queremos tropas extranjeras en suelo mexicano”. Perfecto, nadie en su sano juicio debería querer marines patrullando Zacatecas. Pero entonces habría que explicar por qué el Ejército mexicano entra de puntitas a zonas controladas por el narco y en otras ni siquiera entra, por qué cada operativo grande termina en negociación, por qué la cifra real de territorios bajo control criminal es el gran secreto a voces que nadie en Palacio Nacional quiere poner por escrito.
Trump juega su papel de sheriff bravucón, sí. Pero cuando dice que los cárteles están gobernando México, la realidad en tierra —esa que se mide en fosas, levantones, pueblos vaciados y candidatos asesinados— no lo desmiente: lo exhibe como un moderado involuntario.
Que dijo Trump:
Sir, you made a post about Claudia Scheinbaum refusing your help in Mexico. What’s your plan
with Mexico? Well, she should not have refused my help. I offered to get rid of the cartels in
Mexico and for some reason she doesn’t want to do that.
I like her very much, but she should get rid of the cartels because the cartels are, whether we
like it or not, the cartels are running Mexico. We can’t have that. Thank you.
Thank you, sir.
Con informacion: ELNORTE/ REDES

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