Visitanos tambien en:

miércoles, 4 de febrero de 2026

«QUIEN QUIERE una CHAMBITA ASI ?»: «CATERVA de TALEGONES en la CAMARA de DIPUTADOS REGRESO de PUENTE para APROBARSE OTRO por 8 DIAS MAS»…regresan a «trabajar» el 10 de febrero.


La Cámara de Diputados acaba de regalarse otro «megapuente» de siete días tras apenas dos jornadas de trabajo el 1 y 2 de febrero de 2026. Y por si fuera poco, el Senado de la República les dio su bendición oficial el 3 de febrero, en una votación donde algunos senadores estaban más entretenidos con sus celulares que prestando atención al plenario

La justificación oficial es de antología burocrática: los grupos parlamentarios acordaron que tras la sesión del 2 de febrero, el pleno no volvería a sesionar hasta el 10 de febrero de 2026. Es decir, ocho días naturales de pausa legislativa para unos representantes populares que ya habían disfrutado de 50 días de receso invernal —del 10 de diciembre de 2025 al 1 de febrero de 2026— según marca la Constitución.

Hagamos cuentas de la «chamba» de nuestros legisladores: regresaron apenas el 1 de febrero tras casi dos meses de vacaciones, sesionaron dos días con agenda de puro trámite protocolario, y ya se volvieron a ir hasta el 10 de febrero. ¿El motivo? Aprovechar el feriado del 2 de febrero (Día de la Constitución recorrido al lunes), más los días 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 de febrero, configurando una semana completa sin actividades legislativas

El teatrito del Senado

La aprobación en el Senado fue digna de un sketch cómico. La senadora priista Claudia Anaya tuvo que consultar en «votación económica» —es decir, levantando la mano o poniéndose de pie— para aprobar el acuerdo legislativo que autoriza este nuevo paréntesis. El problema es que varios escaños estaban vacíos, otros senadores platicaban animadamente y algunos más estaban pegados a sus teléfonos. Pero como en este país la simulación es un arte, la secretaria de la Mesa Directiva «asumió la aprobación» de lo planteado.

No es que haya habido debate, argumentos o alguna consideración seria sobre la necesidad de estar presentes para legislar. Simplemente se asumió que todos estaban de acuerdo en irse de puente. Total, ¿para qué trabajar?

La agenda del 10 de febrero: sesión solemne

¿Y qué harán cuando regresen el 10 de febrero? Pues nada menos que una sesión solemne para conmemorar el 111 aniversario de la Constitución de 1917. El evento está programado para las 11:00 horas e incluirá intervenciones de hasta cinco minutos de representantes de los grupos parlamentarios, un discurso de la presidencia de la Cámara, y por supuesto, la entonación del Himno Nacional Mexicano.

Es decir, volverán para otro acto protocolario más, lleno de pompa, circunstancia y fotografías para las redes sociales. Porque sí, conmemorar la Constitución es importante, pero uno se pregunta si no sería igual de importante quedarse a trabajar en las leyes que esa misma Constitución les manda aprobar.

El contexto: un Congreso que descansa más que trabaja

Este megapuente no es un caso aislado. Es parte de un patrón preocupante donde el Congreso mexicano parece diseñado más para el descanso que para la productividad legislativa. Durante el primer periodo ordinario de sesiones que cerró en diciembre de 2025, la Cámara de Diputados realizó 44 sesiones plenarias, tramitó 1,071 iniciativas turnadas a comisiones, aprobó 358 proposiciones con punto de acuerdo y 55 decretos. Suena impresionante hasta que te das cuenta de que tuvieron casi tres meses para hacer todo eso.

Y mientras tanto, durante su receso invernal, el trabajo legislativo recayó en la Comisión Permanente, un órgano conformado por 18 senadores y 17 diputados que sesionan apenas una vez por semana. Esta Comisión sí trabajó: del 17 de diciembre al 1 de febrero, con un breve descanso de fin de año, se reunió para dar seguimiento a asuntos urgentes y recibir comunicaciones del Ejecutivo.

Pero claro, que trabajen 35 legisladores mientras los otros 628 (500 diputados y 128 senadores) descansan no parece ser un problema para nadie.

La ironía de las iniciativas sobre días de descanso

Lo más irónico de todo este asunto es que mientras los diputados se dan sus megapuentes, en la propia Cámara se están discutiendo iniciativas para aumentar los días de descanso obligatorio de los trabajadores mexicanos. Una propuesta del diputado Emilio Suárez Licona (PRI) busca pasar de 9 a 15 los días de descanso obligatorio en la Ley Federal del Trabajo, argumentando que «México carece aún de políticas que contribuyan al balance vida-trabajo».

También hay otra iniciativa bizarra que propone que el cumpleaños de cada trabajador sea día de descanso obligatorio, añadiendo un artículo 74 Bis a la Ley Federal del Trabajo. Porque al parecer, para nuestros legisladores, el problema en México no es la falta de productividad ni los salarios bajos, sino que no descansamos lo suficiente.

¿La propuesta aplica para ellos mismos? Porque técnicamente ya tienen más días de descanso que cualquier trabajador promedio del país.

¿Quién supervisa a los supervisores?

Aquí viene la pregunta incómoda: ¿quién fiscaliza el trabajo de los diputados y senadores? La respuesta es nadie. No tienen que justificar sus ausencias, no hay un sistema de evaluación de desempeño, no existe un mecanismo de rendición de cuentas real más allá de las elecciones cada tres o seis años. Y para ese entonces, la mayoría de los votantes ya se olvidó de quién faltó, quién trabajó y quién simplemente cobró su salario de más de 60,000 pesos mensuales sin hacer nada.

Durante su receso invernal de 50 días, los 628 legisladores se repartieron más de 208 millones de pesos en pagos, incluyendo salarios, bonos y prestaciones. Y ahora, tras apenas dos días de trabajo, se van otros siete días más. ¿Alguien descuenta algo? Por supuesto que no.

La «chamba» que nunca acaba de empezar

Este megapuente de febrero es emblemático de un problema estructural más profundo en el sistema político mexicano: la desconexión entre los representantes y los representados. Mientras millones de mexicanos trabajan jornadas extenuantes, muchas veces sin prestaciones ni seguridad social, sus legisladores se toman descansos interminables con el argumento de que es lo que «acordaron los grupos parlamentarios».

No hubo debate público, no hubo consulta ciudadana, no hubo justificación técnica. Simplemente decidieron irse y punto. Y el Senado, que supuestamente es la «cámara de reflexión», aprobó el acuerdo en medio de conversaciones, celulares y escaños vacíos.

¿Y la agenda legislativa?

Uno se pregunta qué temas urgentes quedaron pendientes durante este megapuente. ¿No hay reformas que discutir? ¿No hay presupuestos que revisar? ¿No hay comparecencias que realizar? Al parecer, nada de eso es lo suficientemente importante como para interrumpir el descanso de nuestros diputados.

La realidad es que el calendario legislativo mexicano está diseñado con una generosidad obscena hacia sus propios beneficiarios. Dos periodos ordinarios de sesiones al año (febrero-abril y septiembre-diciembre) con varios recesos intercalados, más las «sesiones extraordinarias» que solo se convocan cuando realmente no queda de otra. Y si sumamos los puentes oficiales, los acuerdos parlamentarios y las ausencias justificadas e injustificadas, resulta que el Congreso mexicano trabaja menos de la mitad del año.

El mensaje a la ciudadanía

Lo más grave de todo esto no es el megapuente en sí, sino el mensaje que envía: que el trabajo legislativo no es prioritario, que las necesidades urgentes del país pueden esperar, y que los diputados y senadores están ahí más por el salario y las prestaciones que por una genuina vocación de servicio público.

Porque seamos claros: si cualquier trabajador mexicano en el sector privado pidiera un megapuente tras haber regresado apenas dos días de casi dos meses de vacaciones, probablemente terminaría desempleado. Pero en el Congreso, esa es la normalidad.

Conclusión: la «chambita» de nuestros sueños

Así que sí, definitivamente es «una chambita de esas»: llegar el 1 de febrero tras 50 días de descanso, sesionar dos días con agenda ligera, y volverse a ir hasta el 10 de febrero para una sesión solemne. Todo con sueldo, prestaciones, viáticos y la tranquilidad de que nadie va a reclamar absolutamente nada.

Mientras tanto, el país sigue esperando reformas estructurales, políticas públicas efectivas y un Congreso que realmente trabaje para la ciudadanía. Pero para eso, primero tendrían que regresar de su eterno puente.

Con informacion: ELFINANCIERO/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: