En Sinaloa, la “nutrida presencia militar” sigue siendo un decorado caro: los balazos mandan, los uniformes recogen casquillos y leen partes informativos sobre muertos, levantados y explosivos como si narraran el clima.
Levantón en carretera: seis suben, cinco desaparecen
Sobre la carretera Los Mochis–Ahome, a la altura de El Macapul, un grupo armado intercepta un auto compacto; seis personas viajan juntas, solo una mujer vuelve con vida y con el cuerpo firmado a golpes. La Comisión Estatal de Búsqueda activa fichas por cinco hombres, detalla nombres, edades, domicilios, mientras el eufemismo oficial habla de “privación ilegal de la libertad” para no decir lo obvio: un levantón en plena ruta vigilada. El mensaje de fondo es brutal: cualquiera puede desaparecer en un tramo carretero donde, en teoría, el Estado patrulla y controla.
Culiacán: cartelón, cadáver y el ritual de siempre
En Culiacán, frente a un colegio de la colonia Chapultepec, aparece un hombre ejecutado a balazos, tirado sobre la avenida Vicente Suárez, con cartulina firmada por un grupo delictivo, como si fuera un comunicado de prensa paralelo al del gobierno. Ejército, Policía Estatal y Guardia Nacional llegan puntuales… al final del crimen, para acordonar, llenar actas y dejar claro quién tiene la iniciativa y quién solo llega a levantar el cuerpo. La víctima ni siquiera tiene nombre público aún, pero el narco ya le dio contexto a la escena con su mensaje; el Estado apenas toma nota.
Escuinapa: explosivos en Seguridad Pública
En Escuinapa, alguien decide dejar de disparar a la calle y llevar el mensaje directamente a la casa del uniforme: colocan un artefacto explosivo en instalaciones de Seguridad Pública municipal, dejan dos heridos y un reguero de pánico que obliga a desalojar oficinas y gimnasio. Es el tercer hecho similar en el mismo complejo en lo que va del mes; dos ya habían ocurrido el 2 de octubre, y aun así las autoridades repiten el libreto: “operativo para localizar a los responsables”, “lesionados fuera de peligro”, “grupo interinstitucional en coordinación permanente”. Si este no es el retrato de una autoridad rebasada, es el de una autoridad acostumbrada a convivir con la agresión como parte de la agenda cotidiana.
La presencia militar como puesta en escena
La narrativa oficial presume despliegues, módulos, convoyes y grupos interinstitucionales, pero la bitácora real se escribe con levantones en carretera, cuerpos con mensajes frente a escuelas y explosivos en edificios públicos. Si con soldados en cada esquina siguen circulando comandos que desaparecen familias enteras, la presencia militar deja de ser política de seguridad y se convierte en escenografía para tapar la ineficacia… o algo peor que la ineficacia. Porque cuando el crimen marca la agenda —día 7 levantón, día 9 ejecutado con cartulina, mismo mes tercer explosivo contra Seguridad Pública— y el Estado solo reacciona, el fracaso ya no es un riesgo: es el modelo operativo.
Con informacion: NOROESTE/

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