Después de meses de mareo jurídico, ya no hay niebla legal que le cubra las espaldas al Contralmirante Fernando Farías Laguna, aquel marino de alto rango que, según la Fiscalía, convirtió las Aduanas en una terminal flotante de huachicol.
Un juez federal, Rubén Darío Noguera Gregoire, dejó las cosas claras: la ley ya no impide su captura. Su famosa “suspensión definitiva” —esa que antes equivalía a impunidad con membrete judicial— hoy solo sirve para regular el trámite una vez que le coloquen las esposas. En lenguaje llano: la Marina ,la FGR o cualquier autoridad,ya pueden ir por él, sin pretextos ni amparos milagrosos que lo mantengan invisible.
Farías Laguna, sobrino del ex-secretario de Marina Rafael Ojeda, lleva meses prófugo, mientras sus compañeros de uniforme le rinden honores cada año a la “honorabilidad naval”. Irónico, porque su expediente suena más a bitácora de contrabando que a trayectoria militar. La FGR lo acusa de encabezar una red de marinos que cobraban hasta un millón setecientos cincuenta mil pesos por barco para dejar pasar el combustible robado en Altamira y Tampico.
Aun con ese prontuario, el almirantazgo y el aparato judicial le habían tendido una red de amparos que lo mantenían intocable. Pero con la reforma a la Ley de Amparo que entró en vigor en octubre, el privilegio se acabó. Y ahora, el mensaje es nítido: si la autoridad no lo captura es por complicidad, no por falta de permiso judicial.
Así que, si alguien vuelve a verlo uniformado, desfilando o dictando órdenes como si nada, no será un “alto mando”, será simplemente un prófugo con charreteras, un criminal con galones que tenia respaldo institucional armado.
Con informacion: ELNORTE/

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