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viernes, 16 de enero de 2026

«SI FUNCIONAN los ACORDEONES»: «JUEZ RECOMENDADO por GOBERNADOR de N.L habia dejado en LIBERTAD a GENERADOR de VIOLENCIA con TODO y TATUAJES en DICIEMBRE de 2025″…el maleante es el de la izquierda, el de la derecha también.


El Juez Segundo de Distrito en Materia Penal de Nuevo León, Luis Gerardo Esparza Rodríguez, no salió de una carrera judicial impoluta ni de una vocación de justicia social, sino del acordeón electoral que afinó el gobernador Samuel García cuando se metió a promover a sus propios prospectos durante la pasada elección judicial. De ese listado salieron nombres tan alineados a Movimiento Ciudadano que cualquiera juraría que más que jueces, eran militantes con toga.

Y de ese acordeón, Esparza tocó su mejor solo en diciembre pasado: otorgar un amparo definitivo a Joel Rodolfo Ramones Barba, alias “El Rodo”, señalado como líder de «Los Rodos», con un largo prontuario de violencia y delitos en el estado. La resolución —amparada en una épica interpretación de “reconocimiento de inocencia”— abrió la puerta del penal y, con ello, el compás de la impunidad que tanto ritmo trae en Nuevo León.

Porque “El Rodo” no es precisamente un santo mal juzgado: la Fiscalía lo tiene como autor intelectual y material de un ataque armado en 2016 que dejó dos muertos; estuvo preso en el Topo Chico y el Cereso de Apodaca; y tiene más reincidencias que un político con fuero moral. Aun así, con el papel mágico de Esparza, el presunto homicida salió libre justo en diciembre. Todo legal, todo “fundado y motivado”, como diría el propio Consejo de la Judicatura.

Pero el milagro le duró poco: el 2 de enero, el flamante exreo volvió a las andadas con un ataque en Apodaca, acabó herido, detenido otra vez, y alegando que no podía cumplir con la firma mensual porque estaba “hospitalizado”. Ahora busca un nuevo amparo, cortesía de los jueces que creen que la realidad se corrige con sellos y membretes.

Lo curioso —o más bien preocupante— es que, como se advierte, el juez del acordeón naranja fue, hasta antes de su salto al poder judicial, coordinador jurídico de Movimiento Ciudadano en el Congreso local. Es decir, hombre del gobernador, juez por recomendación del mismo grupo político al que ahora se acusa de reventar las reglas del juego judicial desde dentro.

Así que la historia se cuenta sola: Samuel tocó la música, Esparza movió los dedos, y el capo bailó hasta la puerta. Nuevo León, mientras tanto, mantiene la tradición: las rejas se abren al compás de la política, no de la justicia.

Con información: EL NORTE/

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