En San Luis Potosí, donde gobierna un expresidiario,aunque se oiga feo, la política suele oler a rancho caro y perfume de poder, Ricardo Gallardo decidió bajarle el volumen al escándalo y vetar la famosa “Ley Esposa”. Sí, esa misma joya legislativa que, con toda delicadeza institucional, había pavimentado la candidatura de su cónyuge y senadora, Ruth González Silva.
La historia da para telenovela veracruzana: entre negociaciones por la reforma electoral de Claudia Sheinbaum y los amores interesados del Partido Verde, el gobernador potosino cambió de libreto a mitad del capítulo. De día, Gallardo consentía la ley; de noche, grabó un video para anunciar su arrepentimiento y prometer que echaría atrás el desaguisado.
La ley en cuestión, aprobada en diciembre, mandaba que en 2027 solo podían ser candidatas mujeres a la gubernatura. Qué casualidad: la elegida del Verde en San Luis era, precisamente, la esposa del gobernador.
Gallardo, rápido de reflejos cuando las encuestas tiemblan y el financiamiento del Verde peligra, optó por el veto con un discurso lleno de eufemismos patrióticos: que si “no queremos leyes a modo”, que si “el PVEM ganará de todas formas”. Traducido del politiqués: “ya me cayeron encima y mejor guardo el anillo”.
Detrás de la maniobra, hay más cálculo que arrepentimiento: el Verde quiere seguir en la mesa grande donde Sheinbaum reparte silla y presupuesto. Y la presidenta, que empuja su reforma electoral mientras los aliados fruncen el ceño por menos dinero y menos plurinominales, no está de humor para tolerar teatro conyugal.
Así que Gallardo recula, Sheinbaum sonríe y la “Ley Esposa” pasa al panteón de las ocurrencias potosinas. La historia, sin embargo, queda con moraleja: en San Luis, el amor también se veta.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERNESTO NUÑEZ/

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