Tras 48 horas de encierro, el exrector de la Universidad Autónoma de Campeche, José Alberto Abud Flores, salió caminando de los tribunales, libre pero no absuelto, con la etiqueta de “presunta posesión de drogas”. La juez de Control, Guadalupe Bautista, se encargó de decir que la detención fue “legal”, aunque cualquiera que haya olido este expediente huele más a montaje con siembra de evidencias que a cocaína.
La historia tiene todos los ingredientes de una escena mal grabada —literalmente— porque, según los genios de la Secretaría de Protección y Seguridad Ciudadana, las cámaras no grabaron, las baterías no estaban cargadas y los videos no existen. Qué casualidad: falla técnica justo cuando el poder necesita un milagro tecnológico para borrar sus excesos. Nadie sabe qué pasó, salvo los policías y las pilas agotadas.
El abogado del exrector, Edwin Trejo Gutiérrez, pidió las grabaciones, pero lo único que recibió fue silencio institucional y una explicación que ni en un taller de excusas infantiles sobreviviría. Mientras tanto, la defensa insiste en que todo fue una fabricación y que el operativo comenzó por un reporte de “personas armadas”, que mágicamente terminó en 10 dosis de cocaína. Una mutación jurídica que ni la ciencia explica.
Y mientras el académico enfrentaba 48 horas tras las rejas de San Francisco Kobén, la gobernadora Layda Sansores aprovechaba para hacer lo que mejor sabe, al estilo Tamaulipas: arrebatar. Desde su trinchera morenista, el Consejo Universitario —presuntamente autónomo, pero obediente hasta la médula— sesionó de urgencia y lo destituyó. “Golpe académico”, lo llamó su familia; “secuestro de la autonomía”, dijeron unos; “libreto de siempre”, dicen otros que ya vieron este capítulo en otras universidades incómodas.
Abud Flores, de 73 años, salió con el aplomo de quien sabe que la política campechana no necesita guionistas, porque el teatro del absurdo se escribe solo. La defensa buscará tumbar la imputación el 18 de enero. A ver si para entonces las baterías ya están cargadas, o si las cámaras vuelven a “olvidar” encenderse justo cuando la justicia se apaga.
Con informacion: ELNORTE/

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