En Guanajuato, todo indica que la vida cuesta menos que un litro de gasolina y vale lo mismo que un voto en campaña. Antonio Saldaña Reyes, empresario zapatero y promotor de Morena, fue acribillado a balazos en San Francisco del Rincón mientras cumplía la rutina más peligrosa del país: manejar de noche. Seis tiros bastaron para silenciar a un hombre que, irónicamente, se dedicaba a “darle voz al pueblo”.
La diputada Antares Vázquez exigió justicia, esa palabra que ya suena hueca en una tierra donde la impunidad es el himno estatal. Saldaña había defendido a productores del calzado frente al dumping chino y apoyado causas sociales. Todo eso quedó reducido a una nota más en la avalancha de asesinatos que el PAN-gobierno administra con la frialdad de un contador y la eficacia de Morena.
Guanajuato cerró 2025 en primer lugar nacional en homicidios, con más de dos mil quinientas muertes, y arrancó 2026 igual de triunfal: 125 asesinatos solo en enero. Hace una semana, once personas murieron en un partido de futbol en Salamanca —ese deporte nacional donde la pelota ya no rueda, sino rebota contra cuerpos.
Y mientras tanto, el discurso político sigue hablando de “reconciliación” y “Estado de derecho”. Pero aquí, como decía José Alfredo, la vida no vale nada: ni la de un empresario, ni la de un activista, ni la de nadie que se cruce entre la bala y el silencio en medio de una estrategia federal de seguridad que promete mucho y cumple muy poco.
Con informacion; ELNORTE

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