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martes, 27 de enero de 2026

«CRIMEN y POLITICOS es PLEONASMO ?»: «CAPTURA de CAPO EXHIBE OTRA VEZ ex-ALCALDESA en IMAGENES con CRIMINAL ORGANIZADO»…abren la carpeta contra el presunto delincuente y se abre álbum familiar de fotos con la clase política.


En la CDMX la foto oficial del “combate al crimen” ya trae logo compartido: Gobierno de la Ciudad y patrocinio del bajo mundo, y Sandra Cuevas vuelve a salir en primer plano del cartel.

La escena más reciente: detienen a Benoni “N”, señalado por la SSC como presunto generador de violencia en el norte de la capital, con cocaína, mariguana a granel, arma corta, cartuchos y efectivo en una camioneta color vino en Gustavo A. Madero. No es un consumidor extraviado: la propia autoridad lo ubica en una célula dedicada a extorsión, venta de droga y ligada a un homicidio en la zona. Y, como ya es tradición, cuando abren la carpeta contra el presunto delincuente, se abre de paso el álbum de fotos con la clase política.

Porque al difundirse la detención empezaron a circular imágenes de Benoni abrazando el glamour de la exalcaldesa de Cuauhtémoc, en una rodada de motociclistas del 31 de agosto de 2025, en pleno Centro, evento donde además una persona murió atropellada por un biker. A la hora de explicar el vínculo, Cuevas no se puso seria ni institucional: le respondió a una nota de El Financiero con tres palabras que retratan perfecto la calidad del debate público: “Amé mis axilas”. El mensaje es claro: que la relación con presuntos generadores de violencia se la discutan los mortales; ella está ocupada en su culto a sí misma.

Y Benoni no es un caso aislado: es otro eslabón de una cadena que huele más a estructura que a “coincidencias”. Ahí está Alejandro “N”, “El Choko”, presunto líder de “La Chokiza”, detenido en Ecatepec por delincuencia organizada, extorsión, armas, homicidio y despojo, pero antes presentado muy orondo en el templete de la plataforma política “México Nuevo, Paz y Futuro” de la propia Cuevas. Cuando le preguntaron por qué lo arropaba, ella lo vendió como “liderazgo” y se lavó las manos: si traen asuntos pendientes, “que la autoridad lo resuelva, no yo”, como si invitar a presuntos mafiosos al acto político fuera un casting inocente.

Luego vino su transmisión en redes donde aceptó haber tenido una relación con el sujeto y soltó la frase de manual del político que se hace el sorprendido: “yo no les pregunto sus antecedentes penales” y además dijo que el vínculo fue “efímero”. Traducido: puedo rodearme de personajes ligados a delitos graves, usarlos de músculo territorial o capital político, y luego fingir que era sólo “gente que trabaja” y que si eran criminales, ay, nadie me avisó. El mensaje hacia abajo es brutalmente pedagógico: si tienes control de calle, eres “liderazgo”; si te agarran, te vuelves “relación efímera”.

Otro botón de muestra: Óscar Giovanni Mata, “El Topo”, exfuncionario de la alcaldía Cuauhtémoc en tiempos de Cuevas, detenido después por posesión de narcóticos con fines de distribución y señalado como integrante de La Unión Tepito, mientras que en la administración de la ahora empresaria era coordinador territorial en varias colonias. Es decir, el puente entre estructura criminal y estructura política no se construyó solo: tenía nómina, cargo y territorio asignado.

Y aun así, la SSC aclara que no tiene, hasta ahora, carpetas contra la exalcaldesa ni la incluye formalmente en las investigaciones derivadas de estas detenciones. En el México de la simulación, el problema nunca es que la política baile de la mano con presuntos delincuentes, sino que alguien se atreva a señalar que el salón de fiestas ya parece mesa de negociación del crimen. Mientras tanto, los cadáveres los pone la calle, la coca la cuenta la policía y las fotos las presume la clase política, que luego se ofende si alguien insinúa que entre crimen y poder ya no hay línea, sólo selfie.

Crimen y politicos es pleonasmo ?

“Crimen y políticos es pleonasmo” no es una descripción estrictamente correcta de la realidad, pero condensa bien una intuición histórica: que el poder político, tal como opera en muchos contextos, está estructuralmente atravesado por prácticas criminales.

Qué dice literalmente

En términos lingüísticos, un pleonasmo es repetir una idea que ya está contenida en otra (“subir para arriba”). Aplicado aquí, la frase sugiere que “políticos” ya implica “crimen”, como si toda actividad política fuera, por definición, criminal.

Aunque pocos, aun hay políticos que no están coludidos con el crimen organizado ni participan directamente en delitos. Pero el caso de la ex-alacaldesa apunta a una regularidad: la colusión entre élites políticas y actores criminales no es excepcional sino recurrente.

Lo que revela de fondo

En varios países, México incluido, investigaciones académicas y periodísticas muestran que la relación entre crimen organizado y clase política es estructural, duradera y funcional para ambos lados, no un desliz aislado. 

El Estado ha recurrido históricamente a arreglos informales y clientelares con actores armados y criminales para controlar territorios, gestionar conflictos y obtener recursos, mientras a cambio ofrece protección, impunidad y acceso a mercados ilícitos. Esa “cara ilícita” del Estado convive con la legal, y la corrupción y la impunidad son prácticas que permiten que la política formal y el mundo criminal se alimenten mutuamente.

Por qué pega como diagnóstico político

El problema no son “manzanas podridas”, sino un régimen que usa al crimen como herramienta de gobierno (para financiar campañas, operar elecciones, disciplinar opositores, controlar territorios). También denuncia la hipocresía: el mismo aparato que proclama “guerra” contra el crimen negocia, protege y se beneficia de él, produciendo una historia de “fracaso político” donde la expansión del crimen organizado es inseparable de decisiones y omisiones de gobierno.

Con informacion: PROCESO/

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