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viernes, 9 de octubre de 2026

“REYNOSA NO CABE en una GRÁFICA: GAMUNDI BARRE RESPUESTAS CIUDADANAS BAJO la ALFOMBRA para FABRICARLE ENTUSIASMO en ENCUESTA a MAGALY”… con un margen de error como detergente.


La empresa Electoralia de Ricardo Gamundi Rosas, presentó ayer su encuesta de octubre sobre Reynosa con el vestuario completo de la autoridad estadística: 2,500 entrevistas, 95% de confianza y un margen de error de ±1.96%. Suena impecable. El problema aparece cuando uno deja de mirar los porcentajes y empieza a buscar las explicaciones: la ficha publicada dice que mezcla entrevistas telefónicas y redes sociales, pero no explica suficientemente cómo seleccionó a los participantes ni cómo convirtió esa mezcla en una muestra representativa del municipio. Mucha cifra con decimales; poca posibilidad de auditoría. 

Antes de que alguien convierta estas láminas en una coronación anticipada, conviene pedir lo elemental: ¿quién encargó el estudio?, ¿quién lo pagó?, ¿cuánto costó?, ¿a quiénes entrevistaron y mediante qué procedimiento? 

El PDF identifica a Electoralia y a sus directivos, pero no al patrocinador o contratante. No sabemos quién puso el dinero. Y cuando falta ese dato, lo responsable no es inventar al beneficiario: es exigir que lo transparenten. 

Los criterios electorales mexicanos contemplan información sobre patrocinadores, diseño, ejecución y financiamiento precisamente para que el lector pueda examinar el estudio, no únicamente admirar sus gráficas. 

“Probabilística” no es una palabra mágica

La ficha describe un “sistema de encuestas probabilísticas, sistemáticas y por conglomerados”. Pero no identifica el marco muestral —la base desde la cual se eligió a las personas—, los conglomerados utilizados, las etapas de selección ni las probabilidades de inclusión. 

Es decir: anuncia el método, pero no muestra las piezas necesarias para comprobarlo. Los criterios científicos publicados por el INE incluyen justamente el marco muestral, la población objetivo, la selección de unidades y el procedimiento de estimación. 

Y aquí está una de las preguntas incómodas: ¿cómo entraron las redes sociales?

No es lo mismo seleccionar aleatoriamente a ciudadanos y entrevistarlos por internet que publicar una invitación y dejar que conteste quien quiera. 

Ambas cosas pueden terminar en una pantalla, pero no producen el mismo tipo de muestra. La American Association for Public Opinion Research, que se traduce como Asociación Estadounidense para la Investigación de la Opinión Pública (AAPOR) distingue expresamente las encuestas en línea con reclutamiento probabilístico de las muestras voluntarias o reclutadas mediante redes sociales. 

Electoralia no aclara cuál fue su procedimiento y por ello no se puede afirmar que utilizó una muestra autoseleccionada; tampoco podemos aceptar, sin explicación, que evitó ese problema. 

Si la participación digital dependió de quién vio una invitación y decidió responder, existiría un riesgo de autoselección: los participantes no necesariamente representarían a quienes no la vieron o no quisieron contestar. Esa posibilidad debe investigarse, no disfrazarse de certeza ni esconderse detrás de la palabra “probabilística”, como cita AAPOR.

El margen de error no funciona como detergente

El ±1.96% necesita una explicación, no una reverencia. La ficha no muestra cómo calculó ese margen para un diseño que describe como mixto y por conglomerados, ni informa si sus estimaciones incorporaron ajustes por ponderación o efecto de diseño. Estos ajustes importan porque la precisión depende de cómo se obtuvo y procesó la muestra, no solamente de cuántas entrevistas se completaron en una ciudad con mas de 646 mil habitantes que advierte la pagina del ayuntamiento.

Además, si el componente de redes sociales fuera de participación voluntaria, presentar el margen de error convencional de una muestra probabilística sería metodológicamente cuestionable. 

AAPOR advierte que atribuir ese margen a muestras autoseleccionadas resulta engañoso y exige explicaciones suficientes para evaluar las afirmaciones de precisión y representatividad. El documento no proporciona esos detalles.

Dicho sin incienso estadístico: entrevistar a mucha gente no dispensa a nadie de explicar a quién entrevistó y por qué esas personas representan al resto.

¿Preferencias internas o respuestas de toda la muestra?

Las láminas preguntan a quién se prefiere como candidato de Morena, PAN, PRI y otros partidos. Pero el PDF no aclara si esas preguntas se hicieron a toda la muestra o únicamente a simpatizantes de cada fuerza, ni presenta el tamaño de la base utilizada en cada resultado.

La diferencia no es un detalle decorativo. Si respondió toda la muestra, sería impropio vender el resultado como una decisión de la militancia. Si respondieron solamente simpatizantes, habría que informar cuántos fueron y cuál es la incertidumbre correspondiente a ese grupo. Sin esa aclaración, la frase “el favorito del partido” puede decir bastante más de lo que el documento permite sostener. 

La indecisión también está en la foto

En las preguntas sobre candidaturas, “Aún no sabe” alcanza 73% en el PAN, 66% en el PRI, 73% en Movimiento Ciudadano, 77% en el Partido Verde, 69% en el PT y 61% en la opción independiente. Quien utilice esas láminas para anunciar candidaturas consolidadas tendrá que explicar por qué deja fuera del relato a la mayoría que no expresó una preferencia definida entre las opciones presentadas. 

No corresponde convertir automáticamente esas respuestas en rechazo, abstención o desconocimiento de los aspirantes: la encuesta publicada no permite distinguir esas razones. Pero tampoco corresponde barrerlas debajo de la alfombra para fabricar entusiasmo. 

Primero los documentos; después los aplausos

Electoralia debe explicar la proporción de entrevistas telefónicas y digitales, el reclutamiento en redes, la distribución territorial y demográfica, las ponderaciones, las tasas de rechazo, las bases de cada pregunta y el procedimiento con que garantizó “una entrevista por persona”. 

El PDF afirma esa garantía, pero no describe cómo la verificó entre ambos canales. Son elementos necesarios para evaluar la calidad del estudio, no caprichos de lectores desconfiados. 

La palabra clave es transparencia. Con lo publicado se demuestra mas la manipulación que no acredita suficientemente la representatividad y precisión anunciadas. 

Si quieren que Reynosa tome estos resultados en serio, que permitan revisar cómo se construyeron y quién los financió. La ciudadanía no tiene por qué confundir una presentación vistosa con una metodología verificable. 

Con información: ELECTORALIA/

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