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sábado, 3 de octubre de 2026

“NO FUERON CASTIGADOS y se TORNARON MÁS OSADOS: CADRONES en SINALOA y TAMAULIPAS DESARROLLARON su FUERZA AÉREA”… ojos voladores, vigías remotos y hasta repartidores de explosivos.


Los “cadrones” ya no sólo vigilan desde los cerros: ahora zumban, espían y —cuando los adaptan— convierten el cielo en otra línea de fuego. La guerra entre Los Chapitos y Los Mayos elevó a los droneros de simples operadores de juguetitos con cámara a piezas del engranaje criminal.

En la narcoguerra ya no basta con punteros apostados en una esquina, radios tronando y convoyes de lujo blindado: los grupos criminales también levantaron su propia fuerza aérea de bajo presupuesto. Son «vulgares cadrones«: operadores de drones comerciales convertidos en ojos voladores, vigías remotos y, en los peores casos, repartidores de explosivos.

La disputa entre Los Chapitos y Los Mayos en Sinaloa disparó los aseguramientos de estas aeronaves no tripuladas. Sedena decomisó o inhabilitó 66 drones en el estado durante 2025 y hasta septiembre de ese año, la cifra más alta del país; le siguieron Tamaulipas, con 34, y Michoacán, con 28. A escala nacional, los decomisos alcanzaron 139 aparatos en 2025 y otros 69 hasta septiembre del año siguiente. 

El negocio es redondo para el crimen: un dron comercial cuesta mucho menos que una camioneta monstruo, no necesita piloto, puede asomarse sin exponerse y sirve para monitorear movimientos de rivales o autoridades. Cuando lo “tunean” para cargar explosivos, deja de ser un gadget y se vuelve una amenaza aérea de bajo costo. Especialistas advierten que estos aparatos ya forman parte del arsenal regular de las organizaciones criminales. 

En Badiraguato, por ejemplo, el Ejército aseguró en octubre de 2025 siete drones junto con cargadores y cartuchos. En Michoacán, la Secretaría de Seguridad Pública reportó el decomiso de 60 artefactos explosivos presuntamente destinados a ser lanzados desde drones en Apatzingán. Es decir: la delincuencia organizada no sólo pelea territorio en brechas, carreteras y pueblos; también intenta adueñarse del aire. 

La cosa se pone todavía más delicada con los drones agrícolas. Diseñados para fumigar, dispersar semillas o fertilizante, algunos pueden cargar hasta 40 kilos de líquido o 50 de material sólido. En manos legítimas, son herramienta de campo; en manos criminales, pueden convertirse en una plataforma de carga con motores potentes, navegación precisa y una capacidad que rebasa por mucho al droncito recreativo.

El problema de fondo no es que existan drones, sino que el Estado corre detrás de una tecnología barata, fácil de conseguir y sencilla de modificar. Regular ventas y adaptaciones puede ayudar, pero vigilar el cumplimiento será la parte menos glamorosa y más complicada: los cadrones ya despegaron, y la autoridad sigue buscando cómo bajarlos. 

Del halconeo de banqueta al espionaje por control remoto: el narco se compró alas en Mercado Libre, les puso explosivos y convirtió el cielo en otro territorio en disputa.

Con información: ELUNIVERSAL/

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